Japón impulsa la compra de activos nacionales y hunde la rentabilidad de sus bonos
- Los rendimientos de los bonos japoneses cayeron con fuerza tras conocerse posibles medidas para impulsar la inversión doméstica.
- El Gobierno estudia modificar la asignación de los fondos de pensiones e incluir deuda pública en cuentas de inversión con ventajas fiscales.
- Una mayor repatriación de capital podría frenar la debilidad del yen, aunque la credibilidad del Banco de Japón sigue siendo decisiva.
Los inversores se lanzaron este martes a comprar bonos soberanos japoneses después de que varios responsables del Gobierno plantearan cambios destinados a dirigir una mayor parte del ahorro nacional hacia activos domésticos.
El movimiento provocó una fuerte caída de las rentabilidades, que se mueven de forma inversa al precio de los bonos. El rendimiento de la deuda japonesa a diez años retrocedió más de siete puntos básicos, hasta situarse en torno al 2,71%, mientras que el bono a veinte años cayó cerca de 17 puntos básicos, hasta el 3,58%.
Según explica Jamie Chisholm, la bajada del tramo largo fue la mayor registrada en casi seis meses y coincidió además con una sólida subasta de bonos a veinte años.
El Gobierno quiere que el ahorro japonés regrese a casa
La ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, señaló que el Ejecutivo podría revisar la asignación de activos de los fondos de pensiones japoneses.
También planteó la posibilidad de permitir que los bonos públicos japoneses formen parte de las cuentas de inversión individuales con ventajas fiscales, una medida que ampliaría la base de compradores domésticos.
Por su parte, el ministro de Sanidad, Kenichiro Ueno, indicó que su departamento podría revisar la política de inversión del Fondo de Inversión de Pensiones del Gobierno, conocido como GPIF.
Este fondo es uno de los mayores inversores institucionales del mundo y cualquier modificación en su cartera tendría un impacto relevante sobre los mercados de bonos, acciones y divisas.
La fuga de capital ha contribuido a debilitar al yen
Durante años, los inversores japoneses han destinado grandes cantidades de capital a activos extranjeros, especialmente a acciones y bonos estadounidenses.
La búsqueda de rentabilidades superiores fuera de Japón ha aumentado la oferta de yenes en el mercado de divisas y ha contribuido a empujar la moneda hacia mínimos no vistos en cuatro décadas.
El yen cotizaba prácticamente estable tras conocerse las declaraciones, alrededor de 162,3 unidades por dólar. La ausencia de una reacción inmediata refleja que los inversores todavía dudan de la velocidad y profundidad de los posibles cambios.
Sin embargo, una reasignación sostenida de las carteras institucionales podría empezar a modificar ese equilibrio.
La repatriación de capital puede apoyar al yen
Udith Sikand, analista de Gavekal Research, considera que un cambio de cartera necesitará tiempo, aunque existen razones para pensar que el Gobierno puede acabar convenciendo a las instituciones para aumentar su exposición a activos japoneses.
El proceso obligaría a vender parte de las inversiones en el extranjero y convertir esos fondos a yenes para comprar bonos, acciones u otros activos nacionales.
Este aumento de la demanda de la moneda podría limitar nuevas caídas y reducir gradualmente uno de los factores que han alimentado su debilidad.
El Banco de Japón sigue teniendo la última palabra
Sikand advierte de que una apreciación sostenida del yen requerirá que el Banco de Japón recupere su credibilidad en la lucha contra la inflación.
La gran diferencia de tipos entre Japón y otras economías ha sido uno de los principales factores detrás de la debilidad de la moneda. Mientras los rendimientos internacionales permanecen elevados, los inversores mantienen incentivos para financiarse en yenes y comprar activos con mayores retornos.
Por tanto, las medidas del Gobierno pueden ayudar a estabilizar la divisa, pero el impacto será limitado si el banco central no ofrece señales claras de normalización monetaria.
El reto consiste en elevar la rentabilidad de los activos japoneses sin provocar un aumento desordenado del coste de financiación del Estado.
Más demanda y menor rentabilidad para los bonos
La reacción del mercado muestra que los inversores descuentan una posible ampliación de la demanda doméstica de deuda pública.
Si los fondos de pensiones, los hogares y otras instituciones aumentan sus compras, los precios de los bonos subirían y sus rentabilidades tenderían a bajar.
Este proceso aliviaría parcialmente la presión sobre las finanzas públicas japonesas, pero también podría dificultar la normalización monetaria si mantiene artificialmente reducidos los costes de financiación a largo plazo.
La fuerte caída de los rendimientos refleja, por tanto, una combinación de expectativas sobre flujos de inversión, una buena acogida de la subasta a veinte años y la posibilidad de que el Gobierno utilice el ahorro nacional para estabilizar tanto el mercado de bonos como la moneda.
El escenario dependerá ahora de si las declaraciones se convierten en medidas concretas. Una reforma limitada tendría un impacto transitorio, mientras que un cambio estructural en la asignación de los grandes fondos japoneses podría alterar de forma duradera los flujos de capital del país.