Los grandes bancos afrontan un “supermartes” decisivo para demostrar si siguen baratos

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Capitalbolsa | 14 jul, 2026 11:17
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Puntos clave
  • La emisión de deuda vinculada a la inteligencia artificial ha aumentado un 99% en un año, hasta 270.000 millones de dólares.
  • Amazon lidera el endeudamiento entre los grandes hiperescaladores, seguida por Alphabet, Meta y Oracle.
  • El exceso de oferta podría elevar los costes de financiación y provocar una ampliación de los diferenciales de crédito.

La carrera por financiar la infraestructura necesaria para el desarrollo de la inteligencia artificial está transformando rápidamente el mercado de deuda corporativa estadounidense. La emisión relacionada con la IA se ha disparado más de un 99% en el último año, hasta alcanzar aproximadamente 270.000 millones de dólares.

Según explica Joy Wiltermuth en MarketWatch, los inversores empiezan a tener dificultades para absorber el enorme volumen de bonos emitidos por las grandes compañías tecnológicas. El movimiento representa un cambio relevante para un sector que, hasta hace poco, financiaba gran parte de sus inversiones mediante la caja generada por sus propios negocios.

Los hiperescaladores lideran la avalancha de emisiones

Las grandes plataformas tecnológicas conocidas como hiperescaladores se han convertido en los principales responsables del aumento de la oferta de deuda corporativa con grado de inversión en Estados Unidos.

Hasta el 10 de julio, la emisión total de bonos corporativos investment grade había aumentado un 32% en lo que va de 2026. Buena parte de este incremento procede de compañías que están financiando centros de datos, chips, redes eléctricas, servicios en la nube y otras infraestructuras necesarias para expandir sus capacidades de inteligencia artificial.

Amazon encabeza claramente este proceso. La compañía ha emitido ya alrededor de 92.000 millones de dólares en bonos denominados en distintas divisas durante este año. Por detrás aparecen Alphabet, Meta Platforms y Oracle.

El problema no es únicamente la deuda de una empresa concreta, sino la concentración de emisiones en un mismo sector y dentro de una única narrativa de inversión.

Tom Murphy, responsable global de crédito investment grade de Columbia Threadneedle Investments, considera que la magnitud de la financiación pública y privada destinada a la IA supone un auténtico impacto para el sistema financiero.

En su opinión, la transformación tecnológica tiene implicaciones tanto para la renta variable como para la deuda. Las empresas mantienen en general balances sólidos, elevadas calificaciones crediticias y bajos niveles de apalancamiento, pero el volumen de nuevas emisiones está alterando el equilibrio entre oferta y demanda.

El riesgo de alcanzar los límites de concentración

Joy Wiltermuth señala que uno de los principales riesgos es que los inversores institucionales alcancen sus límites internos de exposición a una sola compañía o a una misma industria.

Cuando esto ocurre, los gestores deben reducir posiciones existentes para poder participar en nuevas emisiones. También pueden verse obligados a rechazar parte de una operación, aunque consideren atractivo el emisor.

Esta limitación puede generar presión vendedora sobre los bonos ya colocados y obligar a las compañías a ofrecer mayores rentabilidades para captar demanda. En términos prácticos, el coste de financiación de las grandes tecnológicas podría empezar a aumentar.

La emisión de Amazon por 25.000 millones de dólares realizada la semana pasada puede haber marcado un punto de inflexión. La operación sorprendió al mercado porque se produjo antes de la presentación de resultados del segundo trimestre, momento en el que normalmente se actualizan los planes de inversión, endeudamiento y monetización de la IA.

Las últimas emisiones ya encuentran mayor resistencia

A diferencia de operaciones anteriores, la nueva deuda de Amazon no fue absorbida sin fricciones. El mercado mostró una respuesta más débil, siguiendo la estela de la emisión de bonos de SpaceX por 25.000 millones de dólares posterior a su salida a bolsa, que también sufrió ventas después de fijarse el precio.

Tom Murphy advierte de que, si esta debilidad persiste, podría extenderse al conjunto del mercado de bonos corporativos estadounidense. Durante los últimos años, las compañías se han beneficiado de diferenciales de crédito próximos a mínimos históricos, pero esta situación podría estar llegando a su fin.

Si los bonos de las grandes tecnológicas siguen debilitándose, el resto del mercado podría verse obligado a ofrecer mayores primas de riesgo.

Una ampliación de los diferenciales implica que los inversores exigen una compensación superior respecto a los bonos del Tesoro. Este movimiento puede proteger parcialmente al comprador frente a un aumento del riesgo, pero también encarece el coste de endeudamiento para las empresas.

El bono estadounidense a diez años cotiza en torno al 4,63%, cerca de máximos anuales. La combinación de tipos elevados y diferenciales más amplios podría convertir el coste total de financiación en un factor mucho más relevante para las compañías tecnológicas.

El mercado corporativo deberá financiar buena parte del auge de la IA

Bank of America y Goldman Sachs esperan que la emisión total de deuda corporativa estadounidense con grado de inversión alcance unos 2,1 billones de dólares durante este año. Esa cifra se aproximaría a los niveles máximos registrados durante la pandemia de 2020.

El índice Bloomberg de bonos corporativos estadounidenses tiene un tamaño cercano a los ocho billones de dólares. Por tanto, el mercado público de deuda continuará soportando la mayor parte de las necesidades de financiación ligadas a la inteligencia artificial.

También participan los préstamos apalancados, el crédito privado y los mercados de titulización, aunque su contribución sigue siendo menor.

Neil Sun, gestor de RBC Global Asset Management, explica que su equipo está buscando oportunidades entre los bonos corporativos de alta calidad ante la posibilidad de que el exceso de oferta amplíe los diferenciales y mejore las rentabilidades potenciales para los compradores.

La exposición real a la IA va más allá de las acciones

La principal conclusión del análisis de Joy Wiltermuth es que los inversores deben medir su exposición total a la inteligencia artificial, no solo dentro de las carteras de renta variable.

Un fondo puede tener acciones de Amazon, Alphabet, Meta u Oracle y, al mismo tiempo, bonos de esas mismas compañías, deuda bancaria vinculada a su financiación y exposición indirecta a empresas que construyen centros de datos o suministran energía.

Esta concentración puede ser mayor de lo que aparenta y aumentar la sensibilidad de la cartera a una misma narrativa. Si el gasto en IA continúa generando beneficios, el endeudamiento puede resultar plenamente asumible. Sin embargo, si la monetización tarda más de lo esperado, las elevadas necesidades de capital podrían empezar a pesar sobre la valoración de las acciones y sobre el precio de los bonos.

La expansión de la deuda vinculada a la inteligencia artificial no implica necesariamente una crisis de crédito. Las compañías emisoras siguen contando con negocios rentables, elevada generación de caja y acceso privilegiado a los mercados. El riesgo reside en la velocidad y concentración del movimiento.

El mercado deberá comprobar si existe suficiente demanda para absorber nuevas emisiones sin exigir mayores primas. La respuesta determinará hasta qué punto la carrera por construir la infraestructura de la IA termina encareciendo el capital para todo el sector corporativo estadounidense.

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