Julius Baer ve más nerviosismo en Irán, pero aún no compra el escenario de una gran crisis petrolera
- Julius Baer mantiene como escenario central una subida intensa pero temporal de la energía por la guerra con Irán.
- El conflicto está durando más de lo previsto y ha generado un impacto económico más visible, sobre todo en Asia.
- El mercado teme una nueva escalada a corto plazo, aunque el escenario de una crisis petrolera prolongada sigue siendo minoritario.
La tesis de Julius Baer sigue siendo prudente, pero no catastrofista. Según explica Norbert Rücker, responsable de Economía y Next Generation Research, la guerra con Irán se acerca a un momento decisivo, con más nerviosismo de mercado y con una dinámica que empieza a girar desde el enfrentamiento puro hacia la negociación y el posicionamiento previo a un eventual acuerdo. Aun así, el banco considera que el escenario más probable sigue siendo el de un fuerte repunte energético, muy intenso pero limitado en el tiempo.
La guerra entra en una fase más delicada
El conflicto ha entrado ya en su quinta semana y el tono vuelve a endurecerse. Julius Baer cree que el mercado está elevando otra vez el nivel de nerviosismo por el riesgo de una escalada inminente. La razón es doble: por un lado, Estados Unidos sigue reforzando su despliegue militar; por otro, la participación de los hutíes añade un factor extra de inestabilidad regional.
El banco reconoce que ha habido sorpresas en ambos sentidos. En el lado negativo, la guerra se ha prolongado más de lo esperado y algunos países asiáticos han mostrado una vulnerabilidad superior a la prevista, con episodios de escasez de combustible apareciendo antes de lo anticipado. En el lado más tranquilizador, por ahora no se han producido daños relevantes en infraestructuras energéticas críticas y los ataques a barcos han sido limitados.
La clave es ésta: el conflicto está siendo más duradero, pero todavía no ha cruzado la línea que lo convertiría en una crisis energética global de larga duración.
El escenario central sigue siendo una subida fuerte, pero temporal
Julius Baer mantiene su tesis principal: la guerra con Irán sigue respondiendo al patrón geopolítico habitual, es decir, un shock energético intenso, pero no necesariamente duradero. La firma asigna a este escenario una probabilidad superior al 70%. En este caso, los precios de la energía tocarían techo durante marzo o abril, en niveles similares o algo superiores a los máximos ya vistos, para empezar a moderarse antes del verano.
También asume que las disrupciones de suministro empezarían a relajarse ya dentro de abril y que el daño económico final sería relativamente contenido, aunque con una afectación más visible en Asia. En política monetaria, este escenario implicaría un sesgo algo más duro por parte de los bancos centrales.
En otras palabras, la casa no niega el problema, pero sí cree que el mercado todavía no está ante una crisis comparable a los grandes shocks petroleros históricos. Su hipótesis es la de una sacudida fuerte, molesta y con impacto real, pero no estructuralmente destructiva para la economía global.
El riesgo está en una escalada más caótica
Donde Julius Baer sí ha elevado la atención es en el riesgo de una fase de escalada previa a la negociación. El banco considera posible que el conflicto se acerque a su “high noon”, un momento en el que las partes intensifican presión y movimiento militar para llegar mejor posicionadas a una eventual mesa de negociación. Eso podría traducirse en más volatilidad y más tensión a muy corto plazo.
Su segundo escenario, al que da una probabilidad de hasta el 25%, es el de una guerra más duradera y caótica. En ese supuesto, los precios de la energía superarían claramente los máximos ya vistos y tardarían mucho más en corregir. El impacto económico sería más global, los bancos centrales adoptarían un tono más agresivo y los mercados financieros entrarían en un entorno más claro de risk-off.
Este es el punto importante: el banco no ve un desastre como escenario base, pero sí cree que el riesgo de errores, sobreescalada o deterioro temporal ha subido.
Qué tendría que pasar para hablar de verdadera crisis petrolera
La casa deja muy claro qué condiciones tendrían que cumplirse para pasar de un shock intenso a una crisis de verdad: daños serios en infraestructuras energéticas, restricciones comerciales más allá del Golfo o una descomposición política mayor, incluyendo un cambio de régimen en Irán o fracturas entre países del Golfo. Solo una combinación de esos factores justificaría una alteración más persistente del suministro energético mundial.
El escenario más extremo, al que Julius Baer otorga una probabilidad inferior al 5%, sería el de una auténtica crisis del petróleo. Para desencadenar una recesión y un reajuste severo en mercados financieros, el banco estima que el crudo tendría que dispararse por encima de los 175 dólares y mantenerse ahí durante varios meses.
Eso permite poner las cosas en perspectiva. El riesgo existe, pero sigue siendo marginal dentro de su marco de análisis. El problema principal hoy no es una crisis total, sino el deterioro de confianza, el ruido político y el castigo temporal sobre energía, inflación y sentimiento inversor.
La conclusión de la tesis
La conclusión de Julius Baer es bastante nítida: la guerra con Irán está siendo más larga y más incómoda de lo esperado, pero todavía encaja mejor en un patrón de shock energético violento pero transitorio que en una crisis petrolera sistémica. El mercado puede vivir nuevas sacudidas a corto plazo, especialmente si las partes buscan endurecer posiciones antes de negociar, pero el banco no cree que el escenario más probable sea una espiral fuera de control.
Traducido a una frase: más nerviosismo ahora, más volatilidad a corto plazo, pero aún sin argumentos suficientes para dar por hecho un desastre energético global prolongado.