¿Hemos visto ya el techo del petróleo? Veamos.
- Julius Baer cree que el déficit real del mercado petrolero se acerca más al 5% que al 10%.
- El ajuste logístico y el uso de rutas alternativas están dando margen al mercado para absorber parte del shock.
- Según Norbert Rücker, es posible que el petróleo ya haya dejado atrás su pico de precios.
El mercado energético sigue tratando de medir con precisión el verdadero alcance del shock de oferta provocado por la crisis en Oriente Medio. Según explica Norbert Rücker, responsable de Economía e investigación Next Generation en Julius Baer, la situación es seria, pero probablemente menos extrema de lo que sugieren algunos titulares. Más allá de las historias sobre escasez inminente, sobre todo en combustibles como el queroseno, los grandes centros de distribución muestran una imagen algo más matizada y, por ahora, sin un vaciamiento dramático de inventarios.
Un mercado tenso, pero no completamente desbordado
La tesis central de Julius Baer es que el déficit del mercado de crudo está más cerca del 5% que del 10%. Ese matiz importa mucho, porque un agujero de esa magnitud sigue siendo incómodo, pero deja cierto margen de maniobra para que el sistema se adapte sin entrar inmediatamente en una fase de destrucción severa de demanda.
La resistencia del mercado en las últimas semanas tendría bastante que ver con eso. Aunque la demanda sigue superando a la oferta, el incremento progresivo de rutas alternativas fuera de Oriente Medio y la continuidad, incluso con cierta mejora reciente, del tráfico a través de Ormuz están ayudando a contener el golpe. El mercado sigue bajo presión, sí, pero no parece atrapado en un colapso total de suministro.
La metáfora de la bañera que se vacía
Rücker utiliza una imagen bastante útil para explicar el funcionamiento del sistema: el mercado del petróleo sería como un conjunto de bañeras de distinto tamaño, conectadas entre sí por tuberías. Cuando se produce una disrupción de oferta, las salidas de demanda superan a las entradas de suministro y esas bañeras comienzan a vaciarse a velocidades distintas.
Hasta ahora, ese drenaje se ha visto sobre todo en la fuerte caída del crudo almacenado sobre el agua, una de las grandes reservas flexibles del sistema. Antes de la crisis existía un excedente importante en este segmento, lo que permitió cubrir una parte relevante del déficit durante marzo. También algunos productos intermedios, especialmente los destilados medios como el combustible de aviación, están sufriendo más tensión que otras áreas del mercado.
Ahí está, según Julius Baer, el verdadero epicentro del problema: no tanto en una escasez generalizada e inmediata de todo el complejo energético, sino en segmentos concretos donde los precios están repuntando con más violencia.
Los datos empiezan a pesar más que las anécdotas
Durante la primera fase del conflicto, gran parte de la percepción del shock se movió más por titulares y relatos que por datos plenamente visibles. Pero ahora empieza a haber más información sobre inventarios, comercio, actividad de refino y otros indicadores operativos. Y esa información, según Julius Baer, no confirma por el momento un precipicio inmediato de suministro.
Los últimos buques que salieron del Golfo Pérsico a finales de febrero ya están llegando a sus destinos, y eso permite ver con más claridad lo que realmente está ocurriendo en la cadena de suministro. A juicio de la firma, advertir ahora de un corte brusco e inminente de oferta resulta exagerado.
Entre otras razones, porque ya se han ido estableciendo rutas alternativas de cierta escala, incluidos grandes volúmenes que salen por el mar Rojo en ambas direcciones. Además, continúa el reajuste global de flujos: aumentan las exportaciones netas desde Estados Unidos y caen las importaciones netas de China, lo que ayuda a redistribuir tensiones.
Señales de ajuste: fletes, márgenes y tráfico
Otro punto relevante es que algunos indicadores, como las tarifas de los petroleros o los márgenes de refino, han empezado a consolidar e incluso a relajarse parcialmente. Para Julius Baer, eso podría ser una señal de que los ajustes del mercado están ya bastante avanzados.
Cuanto menor sea el déficit real, más tiempo tendrá el sistema para amortiguar el golpe mediante inventarios antes de entrar en una fase mucho más peligrosa: la de restricción de demanda. Ese sería el punto realmente dañino para la economía, porque implicaría que ya no basta con redirigir flujos o vaciar almacenamiento, sino que el consumo tendría que recortarse por la fuerza.
Lo decisivo no es solo Ormuz: también cuenta el daño físico
La firma insiste en que el paso a ese régimen económicamente más dañino dependerá menos de un retraso en la normalización del tráfico por Ormuz y más de posibles daños significativos sobre la infraestructura energética de la región. Ese es el riesgo que realmente podría cambiar la escala del problema.
Mientras tanto, Julius Baer parte de una idea pragmática: todos los actores implicados tienen interés en que el comercio por Ormuz permanezca operativo. Ni Estados Unidos ni Irán tendrían incentivos reales para bloquear de manera prolongada el paso de petróleo o gas destinado a grandes compradores asiáticos como China o India. Por eso, la firma cree que el tránsito por la zona seguirá ampliándose de forma gradual, como ya ha venido ocurriendo en las últimas semanas.
En ese escenario, una escalada del conflicto solo dañaría temporalmente el flujo comercial, mientras que un avance político lo aceleraría.
¿Hemos visto ya el techo del petróleo?
La comparación histórica que utiliza Julius Baer es la Guerra del Golfo de 1990, un episodio que provocó un shock fuerte pero relativamente breve en el precio del crudo. Si ese precedente sirve de referencia, la conclusión de Rücker es clara: es posible que el petróleo ya haya dejado atrás sus máximos.
Eso no significa que el mercado vaya a relajarse de inmediato ni que el riesgo haya desaparecido. Significa algo más concreto: que el pico de miedo y de prima geopolítica podría haber quedado atrás si el comercio por Ormuz sigue normalizándose poco a poco y si no se produce un deterioro mayor en las infraestructuras energéticas regionales.