El petróleo gana tiempo, pero Ormuz sigue siendo una bomba de relojería para los mercados

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Capitalbolsa | 10 jun, 2026 11:47
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Puntos clave
  • El petróleo no se ha disparado pese al cierre de Ormuz gracias a inventarios, oferta alternativa y menor demanda asiática.
  • Estados Unidos, Sudamérica y África están ayudando a compensar parte del suministro perdido del Golfo.
  • Los expertos advierten de que estos amortiguadores no durarán indefinidamente si la crisis se prolonga.

El mercado petrolero está resistiendo mejor de lo que cabría esperar ante uno de los escenarios más temidos por los operadores: la paralización prolongada del estrecho de Ormuz. Según Claudia Assis, pese a que esta vía concentraba cerca de una quinta parte del crudo y derivados que circulan por el mundo, los futuros del petróleo se han mantenido en su mayoría por debajo de los 100 dólares por barril.

La explicación está en una combinación de factores que han actuado como colchón: inventarios todavía elevados, aumento de exportaciones desde otros países y una reducción del consumo global, especialmente en Asia. Pero Assis advierte de que esta estabilidad puede ser engañosa: el impacto completo de la crisis todavía no se ha sentido.

El petróleo no está tranquilo porque el riesgo haya desaparecido, sino porque el mercado aún dispone de reservas, rutas alternativas y ajustes de demanda. La cuestión es cuánto tiempo pueden aguantar esos amortiguadores.

Tres factores han evitado una crisis de precios

Según explica Claudia Assis, el primer factor que ha contenido los precios es el exceso de oferta acumulado en 2025. Ese entorno permitió construir reservas abundantes, que todavía siguen disponibles, aunque empiezan a descender.

El segundo elemento es el aumento de suministro desde otras regiones. Estados Unidos ha elevado sus exportaciones de crudo y productos refinados como diésel, gasolina y combustible para aviones. También países como Brasil, Venezuela y Angola han incrementado sus ventas al exterior, ayudando a cubrir parte del hueco generado por Ormuz.

El tercer factor es la adaptación de la demanda. Varios países asiáticos, con China a la cabeza, han reducido importaciones y están consumiendo menos petróleo. Esta menor demanda ha limitado la presión alcista sobre los precios, aunque no elimina el problema de fondo.

China está absorbiendo buena parte del ajuste

Uno de los puntos más relevantes del análisis de Assis es el papel de China. El país cuenta con grandes reservas estratégicas y comerciales, lo que le permite reducir importaciones sin sufrir de inmediato una escasez severa.

Según las estimaciones recogidas por la autora, China habría recortado sus importaciones de crudo en 3,8 millones de barriles diarios frente al año anterior, absorbiendo una parte muy importante del ajuste mundial. Otros grandes importadores asiáticos, como Japón, Corea del Sur, India y Singapur, también han reducido compras por vía marítima.

Algunos países han aplicado además medidas de ahorro energético, como semanas laborales más cortas u horarios comerciales reducidos. No es una solución estructural, pero sí una forma de ganar tiempo mientras el conflicto sigue bloqueando una de las rutas energéticas más importantes del mundo.

China está actuando como amortiguador silencioso del mercado. Al reducir importaciones y tirar de reservas, permite que otros países mantengan parte de su suministro sin que los precios se disparen todavía.

Estados Unidos y otros productores ganan protagonismo

La crisis también ha reforzado el papel de Estados Unidos como proveedor de emergencia. Sus refinerías están operando a elevada capacidad y han aumentado exportaciones de productos refinados. Brasil también ha sorprendido positivamente, con una producción superior a lo previsto en los primeros meses del año.

Además, parte del crudo de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos está evitando el estrecho mediante oleoductos. Emiratos, de hecho, ha acelerado la ampliación de infraestructura para depender menos del tráfico marítimo por Ormuz.

Assis también señala que algunos buques han transitado por el estrecho con señales apagadas, ya sea por razones de seguridad o porque forman parte de flotas opacas. Es una señal de que el comercio no se ha detenido por completo, pero sí opera bajo un nivel de riesgo muy superior al normal.

El riesgo se desplaza hacia productos refinados

El mercado parece menos preocupado por las reservas de crudo que por la disponibilidad de productos como gasolina, diésel y combustible para aviones. Una cosa es tener barriles almacenados y otra disponer de productos refinados donde y cuando hacen falta.

Este punto es importante porque una crisis de productos refinados puede trasladarse más rápido al consumidor final. Si el diésel, la gasolina o el combustible aéreo se encarecen, el impacto se filtra a transporte, logística, inflación y márgenes empresariales.

También se está recurriendo a otras fuentes de energía. Rystad Energy detecta un aumento de la demanda de carbón en Asia, no como giro estructural de política energética, sino como respuesta temporal ante la escasez de gas natural licuado procedente de Qatar.

Tecnología y datos en tiempo real ayudan al mercado

Otro cambio frente a crisis anteriores es la calidad de la información disponible. Según recoge Claudia Assis, los mercados energéticos son hoy mucho más eficientes gracias al uso de satélites, sensores y sistemas de seguimiento de inventarios y buques en tiempo real.

Esto permite detectar desequilibrios con más rapidez y reasignar oferta de forma más ágil. Hace unos años, buena parte de estas estimaciones dependía de conjeturas; ahora los operadores disponen de una visión mucho más precisa de reservas, flujos y movimientos marítimos.

La tecnología no crea petróleo, pero ayuda a utilizar mejor el que existe. Esa eficiencia explica parte de la estabilidad actual, aunque no puede compensar indefinidamente un bloqueo prolongado.

Lectura para los mercados

La conclusión es clara: el petróleo no se ha disparado porque el sistema global ha encontrado soluciones temporales. Pero inventarios, exportaciones alternativas, ahorro energético y sustitución por otras fuentes no son soluciones permanentes.

  • Riesgo principal: que la crisis se prolongue más allá de la capacidad de aguante de los inventarios.
  • Punto vulnerable: productos refinados como diésel, gasolina y combustible para aviones.
  • País clave: China, por su capacidad de reducir importaciones y utilizar reservas.
  • Factor estabilizador: aumento de exportaciones desde EE. UU., Brasil, África y otros productores.
  • Riesgo de mercado: que el precio del crudo empiece a reflejar de golpe el coste real de una crisis prolongada.

En definitiva, el mercado energético está ganando tiempo, no resolviendo el problema. Mientras Ormuz siga paralizado, cada mes adicional reducirá el margen de maniobra. Como advierte Claudia Assis, los amortiguadores funcionan solo durante un tiempo limitado; si la guerra se alarga, el petróleo podría volver a poner a prueba a bancos centrales, consumidores y bolsas.

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