El crudo sigue en modo backwardation y revela que la guerra ya tiene precio en la energía

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Capitalbolsa | 26 mar, 2026 09:24
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Puntos clave
  • El mercado del petróleo está en backwardation, una señal de que el riesgo actual se considera intenso, pero en teoría transitorio.
  • La curva de futuros refleja una prima de riesgo ya incorporada, aunque algunos analistas creen que el mercado puede estar subestimando ciertos escenarios.
  • Incluso con una eventual tregua, el daño a infraestructuras energéticas puede prolongar el impacto sobre precios e inflación.

La guerra entre Estados Unidos e Irán ha disparado la volatilidad del mercado energético, pero más allá de los movimientos diarios del crudo hay una señal especialmente importante que conviene vigilar: el mercado del petróleo ha entrado en backwardation. Según explica Chloe Taylor, eso significa que los contratos de futuros con entrega más próxima cotizan con una prima frente a los contratos con vencimientos más lejanos.

Dicho de forma sencilla, el mercado está diciendo que el problema es serio ahora, pero que no espera que el pico actual de tensión se mantenga intacto durante mucho tiempo. Esa es la lectura principal que deja la forma de la curva de futuros: precios muy elevados en el corto plazo, pero una bajada progresiva a medida que se avanza en el calendario.

Qué está descontando realmente la backwardation

Los analistas interpretan esta estructura como una señal de que el mercado ve el repunte actual del petróleo como un shock temporal, no necesariamente como una nueva normalidad permanente. Si los operadores creyeran que el problema de oferta va a durar mucho, los precios de entrega futura estarían más altos, no más bajos.

Toni Meadows, de BRI Wealth Management, lo resume con bastante claridad: si el mercado pagara más por el petróleo futuro, estaría asumiendo una escasez prolongada. Pero al producirse lo contrario, la lectura implícita es que el conflicto acabará encontrando algún tipo de salida. Eso no significa que el riesgo haya desaparecido, sino que el mercado sigue apostando por una resolución relativamente rápida.

Backwardation significa, en esencia, que el mercado teme más el presente que el futuro, aunque no deja de cobrar una prima por el riesgo.

El problema es que esa lectura puede ser demasiado complaciente. Los mensajes contradictorios entre Washington y Teherán, los ataques continuos en la región y la congestión persistente en el estrecho de Ormuz indican que la situación sigue siendo muy inestable. Y un solo incidente serio puede cambiar radicalmente las expectativas.

Los precios actuales ya incluyen una prima de guerra

Los futuros del Brent para entrega inmediata siguen rondando los 99 dólares por barril, cerca de un 36% por encima de los niveles previos al inicio del conflicto el 28 de febrero. En el caso del WTI, los precios se sitúan alrededor de los 87,76 dólares, aproximadamente un 30% más que antes del comienzo de la guerra.

Sin embargo, la parte más reveladora está al mirar más lejos. Según Indrani De, de FTSE Russell, la curva de futuros muestra una fuerte caída de precios a partir de los primeros meses, aunque incluso hacia finales de año el mercado todavía descuenta un Brent unos 10 a 12 dólares por barril por encima de los niveles previos a la crisis. Es decir, el mercado prevé cierta normalización, pero no una vuelta completa al punto de partida.

Eso implica una doble lectura: el mercado espera una resolución relativamente pronta, pero también asume que el daño no desaparecerá del todo.

Por tanto, la backwardation no es una señal de tranquilidad plena. Más bien sugiere que el mercado cree en una salida, pero sigue exigiendo una compensación por el riesgo geopolítico y por el posible deterioro de la oferta energética durante meses.

El riesgo quizá esté siendo infravalorado

Varios expertos advierten de que esa aparente calma relativa puede no estar recogiendo todos los riesgos. Meadows subraya que los mercados quizá no estén valorando lo suficiente la fragilidad real de la situación. Un misil, un ataque sobre plantas de GNL o una destrucción relevante de infraestructuras cambiaría completamente el escenario. Y ahí ya no hablaríamos de un simple shock momentáneo, sino de un problema con consecuencias duraderas.

Además, Katy Stoves, de Mattioli Woods, recuerda que incluso si se lograra una tregua, el mercado podría estar ignorando el tiempo necesario para reparar las instalaciones dañadas y devolverlas a plena operatividad. Eso es clave. El conflicto puede frenarse antes que sus efectos económicos.

También existe otra interpretación menos cómoda de la backwardation: que no solo esté anticipando una reducción de las hostilidades, sino también una futura debilidad de la demanda. Es decir, que el mercado no descarte que unos precios energéticos tan altos terminen enfriando actividad, viajes, consumo y crecimiento.

No es solo petróleo: es inflación, oferta y geopolítica

Lo relevante aquí es que el mercado del crudo no está operando solo sobre barriles. Está descontando también riesgo sobre cadenas de suministro, inflación y estabilidad geopolítica. Los analistas recuerdan que la interrupción de infraestructuras energéticas no afecta únicamente al petróleo, sino también al gas, al transporte y a múltiples industrias dependientes de suministros básicos.

Por eso, aunque la curva sugiera que el mercado cree en una resolución relativamente pronta, el nivel absoluto de los precios indica que nadie ve un regreso limpio e inmediato a la normalidad. Hay una prima de guerra que ya forma parte del precio, y esa prima puede ampliarse rápidamente si la situación empeora.

Reflexión de Capital Bolsa

La backwardation manda un mensaje interesante, pero no conviene leerlo de forma ingenua. Sí, el mercado está diciendo que el shock actual podría ser transitorio. Pero también está diciendo otra cosa: el riesgo sigue ahí y exige un precio. Y eso encaja con un mercado que quiere creer en una salida diplomática, aunque no tenga ninguna garantía firme de que vaya a producirse pronto.

Nosotros vigilaríamos especialmente tres variables:

  • Curva del Brent, porque es el mejor termómetro para ver si el mercado empieza a temer un problema más estructural.
  • Infraestructuras energéticas y Ormuz, ya que cualquier daño serio invalidaría la tesis de normalización rápida.
  • Inflación y sectores intensivos en energía, porque son los más expuestos si la prima de riesgo dura más de lo previsto.

La conclusión es clara: el mercado petrolero sigue tenso, aunque no en pánico. Pero si la backwardation cambia de forma y el tramo largo empieza a repuntar con fuerza, entonces ya no estaríamos hablando de un susto temporal, sino de una crisis energética mucho más seria.

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