Loomis Sayles avisa: la guerra en Oriente Medio puede retrasar la desinflación global
- Loomis Sayles advierte de que la guerra en Oriente Medio ha reactivado el riesgo inflacionista a través de la energía.
- Las economías importadoras de petróleo y con menor margen fiscal quedan más expuestas a un entorno de tipos altos durante más tiempo.
- En EE. UU., el nuevo escenario podría retrasar los recortes de la Fed hasta el tercer o cuarto trimestre de 2026.
La guerra en Oriente Medio vuelve a alterar el tablero macroeconómico global. Según explican desde Loomis Sayles, firma afiliada a Natixis Investment Managers, el conflicto ha introducido un nuevo shock inflacionista ligado a la energía, justo en un momento en el que los bancos centrales trataban de consolidar la desinflación. El efecto inmediato es incómodo: más presión sobre los precios, más dificultades para relajar la política monetaria y un entorno más exigente tanto para las economías desarrolladas como para las emergentes.
Un golpe directo sobre la desinflación global
La tesis de la gestora es bastante clara. El repunte de la tensión geopolítica no solo ha elevado la incertidumbre, sino que ha vuelto a meter a la energía en el centro del problema inflacionista. Eso complica el proceso de moderación de precios que venían persiguiendo los bancos centrales y aumenta la probabilidad de que los tipos de interés se mantengan altos durante más tiempo.
Además, este escenario no afecta solo a la inflación. También añade presión sobre las cuentas públicas, porque muchos gobiernos tendrán que gestionar un entorno de financiación más caro, menor margen presupuestario y mayor sensibilidad social ante la subida de costes energéticos.
No todas las economías llegan igual de preparadas
Loomis Sayles subraya que el impacto no será uniforme. Las economías con una posición energética más favorable o con cierto aislamiento geográfico parten con ventaja para absorber este nuevo shock. En cambio, los importadores netos de petróleo y los soberanos con menor flexibilidad fiscal quedan mucho más expuestos a una combinación peligrosa de inflación persistente, crecimiento más débil y mayor tensión financiera.
La consecuencia lógica es una mayor divergencia entre regiones. Es decir, el conflicto no solo genera volatilidad a corto plazo, sino que también puede ampliar las diferencias de comportamiento entre países, sectores y mercados, en función de su dependencia energética y de la fortaleza de sus balances públicos.
EE. UU. podría tardar más en ver recortes de tipos
En el caso de Estados Unidos, la lectura de la firma también es directa: la inflación general será previsiblemente más alta de lo que se esperaba antes del estallido del conflicto. Eso obligaría a la Reserva Federal a actuar con más cautela y podría retrasar el inicio de las bajadas de tipos hasta el tercer o cuarto trimestre de 2026.
Ese matiz es importante porque el mercado sigue muy sensible a cualquier cambio en el calendario de la Fed. Si los recortes se posponen, los activos de riesgo pueden seguir sosteniéndose mientras los beneficios acompañen, pero el margen para justificar valoraciones exigentes se reduce. Y ahí empieza el verdadero problema: no basta con que la economía aguante, también hace falta que la inflación deje de estorbar.