Tokio se convierte en la gran ciudad más barata del mundo gracias al hundimiento del yen
- Tokio se ha convertido en la gran ciudad más barata del mundo según el informe anual de Deutsche Bank.
- El hundimiento del yen ha reducido drásticamente el coste relativo de la vivienda, la restauración y la tecnología para quienes cobran en divisas fuertes.
- Una repatriación masiva del capital japonés podría fortalecer al yen y provocar una reversión parcial del popular carry trade.
Tokio se ha convertido en la gran ciudad más barata del mundo, al menos cuando sus costes se traducen a dólares, según la última edición del informe anual Mapping the World de Deutsche Bank.
La fuerte depreciación del yen durante los últimos años ha provocado una transformación estructural en el coste relativo de Japón. Alquileres, restaurantes, teléfonos móviles y numerosos servicios resultan ahora mucho más baratos que en otras grandes capitales internacionales.
Según recoge Jules Rimmer, alquilar un piso de tres dormitorios en Tokio cuesta aproximadamente una cuarta parte que en Nueva York. Además, después de impuestos, la capital japonesa es uno de los lugares más baratos del mundo para comprar un iPhone.
Japón se ha convertido en la gran excepción del mundo desarrollado
Deutsche Bank compara cada verano los precios y los estándares de vida de 69 ciudades repartidas por seis continentes. En la parte alta del ranking continúan apareciendo Zúrich y Ginebra, mientras que Nueva York y San Francisco también se mantienen entre las ciudades más caras.
Luxemburgo conserva el primer puesto en calidad de vida, pero la gran sorpresa del informe es Japón. El banco habla de una “notable revalorización estructural” del país en términos relativos.
Los restaurantes de Tokio son más baratos que los de Varsovia o Praga y cuestan alrededor de dos tercios menos que en Nueva York o Zúrich. La diferencia no se explica por un colapso económico interno, sino por la combinación de baja inflación y una divisa muy debilitada.
Para un visitante estadounidense o europeo, esta combinación convierte a Japón en un destino excepcionalmente barato. Sin embargo, para los hogares japoneses, cuyos salarios se pagan en yenes, la situación es menos favorable, especialmente al comprar productos importados o viajar al extranjero.
La política del Banco de Japón explica buena parte del movimiento
Jim Reid, estratega de Deutsche Bank, atribuye esta situación a la política monetaria aplicada desde aproximadamente 2012.
Durante años, el Banco de Japón mantuvo los tipos de interés artificialmente bajos, incluso cuando otras grandes economías comenzaron a normalizar sus políticas monetarias y elevaron el precio del dinero.
La enorme diferencia de rentabilidad entre Japón y otros mercados incentivó a los inversores a vender yenes y comprar activos denominados en monedas con tipos más elevados.
Esta estrategia, conocida como carry trade, consiste en financiarse en una moneda barata y con tipos reducidos para invertir posteriormente en activos con una rentabilidad superior.
Las estimaciones sobre el tamaño de esta operación oscilan entre 500.000 millones y más de un billón de dólares. El yen ha sido durante años una de las monedas de financiación preferidas por los grandes operadores internacionales.
¿Puede empezar a cambiar la tendencia del yen?
La gran cuestión es si la caída de la moneda japonesa está llegando a su límite. Tanto Deutsche Bank como la firma de análisis Gavekal consideran que una repatriación de capital podría modificar sustancialmente el escenario.
Las instituciones japonesas mantienen enormes cantidades de dinero invertidas en el extranjero. Deutsche Bank estima que poseen alrededor de 3,4 billones de dólares en activos internacionales.
Tim Baker, analista de la entidad, calcula que un eventual regreso de capital hacia Japón podría alcanzar entre 400.000 y 450.000 millones de dólares, una cifra equivalente a aproximadamente el 10% del producto interior bruto del país.
Gavekal eleva todavía más la estimación. Su economista Udith Sikand sostiene que las instituciones japonesas podrían acumular hasta siete billones de dólares en activos extranjeros.
El proceso podría verse favorecido por un cambio en la política de inversión de los grandes fondos de pensiones y entidades financieras japonesas.
La ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, ha sugerido la posibilidad de orientar una mayor proporción de los activos de los fondos nacionales hacia inversiones domésticas. También se estudia facilitar la compra de bonos públicos japoneses dentro de determinados vehículos de ahorro con ventajas fiscales.
Si las instituciones locales aumentan su exposición a Japón, tendrían que vender una parte de sus activos extranjeros y convertir ese capital a yenes. Este movimiento elevaría la demanda de la moneda japonesa.
La inteligencia artificial puede convertirse en una oportunidad
Deutsche Bank también considera que la inteligencia artificial puede desempeñar un papel relevante en la recuperación económica de Japón.
El país afronta un grave problema demográfico. La población envejece y disminuye, lo que genera escasez de trabajadores en numerosos sectores.
Las tecnologías orientadas a mejorar la productividad, como la automatización, la robótica y la inteligencia artificial, resultan especialmente atractivas en este contexto.
El Gobierno japonés ha expresado su ambición de convertir al país en una de las economías más favorables al desarrollo de la IA. Su potente base industrial ofrece ventajas para construir centros de datos, fabricar componentes y aplicar nuevas tecnologías en la producción.
Si Japón consigue atraer inversiones tecnológicas y elevar la productividad, podría mejorar su crecimiento potencial, aumentar la rentabilidad de los activos domésticos y reducir la salida de capital.
Tokio es barata, pero quizá no para siempre
La debilidad del yen ha convertido a Tokio en una gran oportunidad para turistas, expatriados e inversores que obtienen sus ingresos en dólares o euros.
Sin embargo, esta ventaja podría reducirse si la moneda japonesa empieza a recuperarse. Una subida de los tipos, una repatriación de capital o el cierre de posiciones de carry trade podrían provocar una apreciación significativa.
La ciudad seguiría siendo competitiva por la calidad de sus servicios, la seguridad y las infraestructuras, pero su enorme descuento frente a Nueva York, Londres o Zúrich podría comenzar a estrecharse.
El informe de Deutsche Bank incluye además varias curiosidades: Roma es la ciudad más barata para comprar vino, dos citas en Tokio cuestan aproximadamente lo mismo que una en Londres, Tel Aviv tiene el Big Mac más caro y Turquía vende los iPhone más costosos del mundo.
La conclusión es que Japón se ha convertido en la gran anomalía de precios entre las economías desarrolladas. Tokio es hoy la gran capital más barata, pero el futuro dependerá de si el yen sigue debilitándose o inicia una recuperación capaz de transformar nuevamente el mapa mundial del coste de vida.