¿Mercados sin Powell? El rally podría ser un espejismo con alto coste oculto
- La Fed equilibra un mercado laboral en enfriamiento con una inflación aún elevada.
- Recortes agresivos de tipos podrían reavivar la inflación y dañar la confianza en el dólar.
- Sustituir a Powell por un perfil más moderado podría generar un rally breve, pero con riesgos a largo plazo.
La Reserva Federal se mueve en un equilibrio complicado: un mercado laboral que pierde fuerza y una inflación que sigue sin ceder lo suficiente. En este contexto, unos recortes de tipos demasiado rápidos podrían terminar desestabilizando más de lo que ayudarían.
El mercado estadounidense no muestra señales de pánico, y salvo la preocupación por una posible burbuja ligada a la inteligencia artificial, no enfrenta amenazas estratégicas inmediatas. Sin embargo, sí convive con frenos importantes: el fuerte crecimiento de la deuda, el coste cada vez mayor de su servicio y una política monetaria todavía restrictiva que continúa pesando sobre los activos financieros.
La Fed ya ha recortado tipos en dos ocasiones este año, aunque a un ritmo menor del que desearían algunos actores políticos. Las compañías más endeudadas presionan para abaratar su financiación, y un crédito más accesible podría actuar como estímulo, impulsando la confianza y la actividad económica en el corto plazo.
De ahí surge la gran pregunta del mercado: ¿por qué Powell y la Fed no recortan más y permiten que índices como el S&P 500 o el Nasdaq vuelvan a máximos históricos? La respuesta está en que el mandato del banco central no es apoyar las cotizaciones, sino preservar el empleo y la estabilidad de precios.
Un mandato, dos direcciones opuestas
El mandato dual de la Fed —pleno empleo y estabilidad de precios— ahora mismo apunta en sentidos distintos. Por un lado, el mercado laboral muestra síntomas de enfriamiento. ADP estima que las empresas privadas recortaron 32.000 empleos en noviembre, un giro brusco respecto al dato positivo de octubre y muy por debajo de lo que esperaba Wall Street. Este deterioro refuerza los argumentos a favor de nuevos recortes de tipos.
Pero al mismo tiempo, la inflación continúa demasiado elevada como para relajar la política monetaria sin más. El IPC general avanza un 0,3 % mensual y un 2,8 % interanual, la inflación subyacente se sitúa también en el 2,8 % interanual, y el indicador de servicios más vigilado por Powell ronda el 3,3 %. Este conjunto de datos constituye un argumento sólido para mantener los tipos donde están.
¿Qué pasaría sin Powell?
Imaginemos ahora que Powell deja su puesto y la Fed pasa a estar dirigida por un perfil claramente más moderado, con el comité alineado detrás de una política más laxa. Aunque la inflación siga siendo un problema, muchos inversores podrían pensar que una postura más flexible sólo traería buenas noticias para la renta variable.
Sin embargo, un giro agresivo a la baja en los tipos podría reavivar las presiones inflacionistas, deteriorar la confianza en el dólar y en la deuda estadounidense y, en última instancia, poner en riesgo la estabilidad del sistema financiero. Las bolsas podrían celebrar inicialmente el cambio, pero el efecto a largo plazo podría ser claramente negativo.
Ya hemos visto episodios en los que la presión política sobre la Fed coincidió con movimientos bruscos en activos clave: subidas del oro, repuntes en los rendimientos de los bonos del Tesoro y caídas del índice del dólar. El mercado, tarde o temprano, termina exigiendo una prima de riesgo cuando percibe que la política monetaria ha dejado de ser independiente o predecible.
Conclusión: el coste de un rally fácil
Cualquiera que confíe en que sustituir a Powell por un presidente más dovish garantice un impulso sostenido para los mercados puede, efectivamente, ver un rally de corto plazo. Pero el precio estructural de esa aparente victoria podría ser mucho mayor: más inflación, menor credibilidad del banco central y mayor volatilidad financiera.
La Fed no está para hacer subir la bolsa, sino para evitar que la economía se desestabilice. Y en el punto actual del ciclo, con el empleo cediendo y la inflación aún lejos de ser un problema resuelto, el margen de maniobra es mucho más estrecho de lo que a primera vista parece, con Powell o sin Powell al frente.