Los países petroleros de Oriente Medio venden deuda de EE. UU. por una razón simple: necesitan liquidez
- Varios grandes productores de petróleo de Oriente Medio están reduciendo su exposición a los bonos del Tesoro de EE. UU..
- La razón principal no parece ser una pérdida estructural de confianza, sino una necesidad creciente de liquidez en un entorno de guerra y tensión financiera.
- El mercado teme menos una venta masiva extranjera y más un contexto en el que los inversores se ven obligados a vender incluso activos de calidad para obtener efectivo.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán está empezando a dejar efectos visibles también en el mercado de deuda pública estadounidense. Según explica Vivien Lou Chen, varios grandes países productores de petróleo de Oriente Medio han reducido sus posiciones en bonos del Tesoro desde que comenzó el conflicto el pasado 28 de febrero. La lectura inmediata podría llevar a pensar en un problema de confianza hacia la deuda americana, pero el motivo parece ser otro: la necesidad de disponer de liquidez en un entorno cada vez más inestable.
La liquidez pesa más que la geopolítica directa
El razonamiento de fondo es bastante simple. En una fase de tensión extrema, los participantes del mercado no solo buscan refugio, también necesitan efectivo. Y cuando esa necesidad aprieta, terminan vendiéndose incluso activos tradicionalmente considerados seguros, como los Treasurys. Es lo que estaría ocurriendo ahora en parte del mercado.
La demanda de liquidez se está reflejando en varios frentes: la renta variable acumula ya cinco semanas consecutivas de caídas; en crédito aumentan las peticiones de reembolso en fondos; y en deuda corporativa se intensifica el uso de credit default swaps para cubrir el riesgo vinculado al conflicto en Oriente Medio. Es decir, no se trata solo de una reacción puntual en bonos soberanos, sino de una necesidad más amplia de caja en distintos segmentos financieros.
La clave no es que los inversores hayan dejado de considerar seguro al Treasury. La clave es que, en un entorno de estrés, a veces hay que vender primero lo que se puede vender, no necesariamente lo que se quiere vender.
Las posiciones oficiales extranjeras se siguen reduciendo
Uno de los datos que más ha llamado la atención es la caída de las llamadas custodial holdings, que se utilizan como una referencia aproximada de la demanda oficial extranjera de deuda estadounidense. Estas posiciones han retrocedido en 66.000 millones de dólares desde el comienzo de marzo y han caído a niveles no vistos desde 2012, según estrategas de BofA Securities.
Además, los exportadores de petróleo de Oriente Medio, que representan alrededor del 3,5% del total de Treasurys en manos extranjeras, es decir, algo más de 300.000 millones de dólares, podrían estar contribuyendo a esa reducción. Entre ellos figura Arabia Saudí, uno de los grandes tenedores tradicionales de deuda pública estadounidense dentro de la región.
Esto ha reactivado un temor que aparece recurrentemente en el mercado: la posibilidad de que la demanda extranjera deje de ser un soporte fiable para la deuda americana a largo plazo. Pero conviene no exagerar. La venta exterior puede influir, sí, aunque varios analistas creen que no es el motor principal del movimiento reciente.
El verdadero problema está en la incertidumbre general
Thomas Simons, economista de mercados monetarios en Jefferies, lo resume con bastante claridad: el repunte reciente de las rentabilidades tiene menos que ver con una fuga extranjera estructural y más con la enorme incertidumbre que domina los mercados de riesgo. Cuando esa tensión se acumula, llega un punto en el que los participantes venden los activos buenos después de haber liquidado los malos, simplemente para conseguir efectivo.
Ese matiz es importante. Una menor demanda exterior no ayuda, pero no explicaría por sí sola el comportamiento del mercado. En otras palabras, el ajuste actual habla más de estrés financiero y de gestión táctica de balances que de un cambio profundo en la percepción sobre la deuda estadounidense.
El mercado está muy sensible a cualquier señal de debilitamiento de la demanda extranjera, pero eso no significa que estemos ante una retirada masiva ni ordenada de los compradores internacionales.
Un mes dominado primero por la inflación y luego por el miedo al frenazo
Durante la mayor parte de marzo, el mercado de bonos estuvo dominado por el temor a la inflación. La subida del petróleo y el riesgo de interrupciones prolongadas del suministro energético empujaron al alza las rentabilidades, con el bono a 10 años y el de 30 años repuntando con fuerza hasta sus niveles más altos desde mediados de julio del año pasado.
Sin embargo, el lunes se produjo un giro relevante. El foco pasó de la inflación al miedo a una desaceleración económica más severa. Ese cambio provocó una fuerte entrada de dinero en Treasurys y una caída pronunciada de las rentabilidades, con descensos de entre 7,7 y 9,7 puntos básicos en los tramos a 2, 10 y 30 años. De hecho, las referencias a 2 y 10 años registraron su mayor caída diaria desde agosto.
Este cambio de narrativa es importante porque muestra que el mercado ya no solo teme el impacto de la energía sobre los precios, sino también el daño que el conflicto puede causar al crecimiento y a la estabilidad financiera.
Un mercado atrapado entre refugio y necesidad de caja
Lo interesante de esta fase es precisamente esa contradicción: los bonos del Tesoro siguen siendo un activo refugio en teoría, pero en la práctica también pueden convertirse en fuente de liquidez cuando el estrés aprieta. Esa dualidad ayuda a explicar por qué las rentabilidades subieron durante buena parte de marzo pese al empeoramiento del entorno geopolítico, y por qué luego han caído con fuerza cuando el miedo al frenazo económico ha pasado a dominar la escena.
En definitiva, la reducción de posiciones por parte de países petroleros de Oriente Medio no debe leerse de forma simplista. No parece una ruptura estratégica con la deuda estadounidense, sino una respuesta defensiva a un entorno de guerra, presión financiera y necesidad de efectivo. El problema no es tanto quién vende, sino por qué está obligado a vender.
Reflexión de Capital Bolsa: este tipo de movimientos suelen anticipar algo más profundo que una simple rotación de carteras. Cuando incluso los grandes tenedores oficiales necesitan liquidez, el mensaje es claro: la tensión financiera está aumentando. Eso refuerza nuestra idea de que el mercado ya no teme solo la inflación por energía, sino también un deterioro más serio del crecimiento y de la estabilidad del sistema. En este contexto, seguimos viendo más sentido en estrategias defensivas, duración selectiva y valores de calidad con balance fuerte que en segmentos demasiado expuestos al ciclo o a financiación exigente.