Matemáticas simples: un analista de JPMorgan argumenta por qué los precios del petróleo deberían subir aún más.
- JPMorgan cree que el petróleo aún no ha subido lo suficiente para equilibrar el fuerte déficit de oferta.
- La interrupción del suministro por la guerra con Irán habría alcanzado los 13,7 millones de barriles diarios.
- Europa y Estados Unidos tendrían que reducir demanda, lo que probablemente exigiría precios más altos.
El mercado del petróleo sigue sometido a una presión extraordinaria. Según CNBC, Natasha Kaneva, analista de JPMorgan, defiende que los precios del crudo deberían subir todavía más para compensar la enorme interrupción de suministro provocada por la guerra con Irán y el bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz.
La idea central es sencilla: los precios actuales no estarían siendo suficientes para destruir la demanda necesaria. En abril, los futuros del Brent se movieron de media en torno a los 100 dólares por barril, mientras que el precio físico para entrega real se situó cerca de los 121 dólares. Para JPMorgan, ninguno de esos niveles parece bastante alto para ajustar el consumo al nuevo escenario de escasez.
El colchón tradicional del mercado queda bloqueado
El problema principal es que buena parte de la capacidad ociosa mundial se concentra en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. En una crisis normal, ambos países podrían elevar producción para suavizar el déficit de oferta. Pero en esta ocasión su margen de actuación queda muy limitado porque no pueden exportar con normalidad a través del estrecho de Ormuz.
Según Kaneva, esa situación deja al mercado sin su amortiguador habitual. JPMorgan estima que la interrupción del suministro alcanzó en abril los 13,7 millones de barriles diarios, una cifra que obliga a compensar el desequilibrio mediante inventarios, menor consumo o precios más elevados.
La clave del análisis de JPMorgan es que el petróleo no solo está caro: sigue sin estar lo bastante caro para forzar todo el ajuste de demanda que necesita el mercado.
Inventarios y menor consumo alivian solo parte del déficit
Para reducir el impacto de la escasez, los países están recurriendo a inventarios comerciales y estratégicos. JPMorgan calcula que estas retiradas equivalen a unos 7,1 millones de barriles diarios en abril, lo que reduce el déficit global desde 13,7 millones hasta aproximadamente 6,6 millones de barriles diarios.
A esa cifra se añade una caída estimada de la demanda de 4,3 millones de barriles diarios, concentrada sobre todo en Oriente Medio, por ser el epicentro del conflicto, y en Asia, por su elevada dependencia del crudo procedente del Golfo.
Sin embargo, incluso después de ese ajuste, seguiría existiendo un déficit de alrededor de 2,3 millones de barriles diarios. Para Kaneva, las economías emergentes no podrán absorber por sí solas ese impacto. Europa y Estados Unidos también tendrían que reducir consumo.
Europa y Estados Unidos entran en la ecuación
El punto más delicado del informe es que el ajuste pendiente tendría que producirse en las economías desarrolladas. Europa ya estaría afrontando problemas de escasez en diésel y combustible para aviones, dos productos especialmente sensibles para la industria, el transporte y la actividad económica.
Estados Unidos parte de una posición más cómoda gracias a su producción interna y a sus reservas, pero tampoco está completamente aislado. El encarecimiento de la gasolina empieza a afectar a los desplazamientos no esenciales, mientras que el aumento de las tarifas aéreas comienza a limitar la demanda de combustible para aviación.
Si el ajuste tiene que llegar también a Europa y Estados Unidos, el mercado necesitará precios más altos para provocar una reducción de consumo suficientemente amplia.
La presión inflacionista sigue abierta
El análisis de JPMorgan refuerza una idea incómoda para los mercados: el petróleo podría seguir actuando como factor de presión inflacionista durante las próximas semanas. Mientras el déficit físico no se cierre, los precios tendrán que hacer parte del trabajo que no pueden hacer los productores bloqueados por el conflicto.
La consecuencia es directa. Si el Brent vuelve a escalar, aumentará la presión sobre carburantes, transporte, márgenes empresariales y expectativas de inflación. Eso complicaría aún más el trabajo de los bancos centrales, especialmente en un momento en el que los inversores siguen esperando señales de posibles recortes de tipos.
La lectura de fondo es clara: para JPMorgan, el mercado aún no ha completado el ajuste. El petróleo ha subido con fuerza, pero las “matemáticas simples” de oferta y demanda sugieren que el equilibrio podría requerir precios todavía más elevados.