Julius Baer enfría el alarmismo: el petróleo sube, pero el mercado aún tiene colchones
- Julius Baer cree que el petróleo vuelve a tensionarse por el bloqueo negociador y las menores rutas por Ormuz.
- La entidad no ve un escenario de escasez extrema, ya que los inventarios, rutas alternativas y menor demanda amortiguan el shock.
- Eleva su previsión a tres meses hasta 75 dólares por barril, aunque espera una corrección rápida si el conflicto se suaviza.
El petróleo vuelve a situarse por encima de los 110 dólares por barril ante el bloqueo de las negociaciones y la persistencia de los enfrentamientos en torno al estrecho de Ormuz. Según Norbert Rücker, responsable de Economía y Next Generation Research de Julius Baer, el mercado ha recuperado parte del nerviosismo, aunque el escenario de fondo no ha cambiado de forma radical.
La tesis de Julius Baer es clara: el shock es intenso, pero todavía manejable. Los inventarios globales se están reduciendo, pero lo hacen de forma relativamente controlada. Además, las rutas alternativas, la caída parcial de la demanda en algunos mercados emergentes y la reorganización del comercio energético están ayudando a reducir el déficit de suministro.
El mercado no estaría ante un precipicio de oferta
Rücker considera que algunas lecturas alarmistas exageran el tamaño real del déficit. Frente a estimaciones que hablan de un impacto cercano al 10% del suministro, Julius Baer cree que la brecha probablemente se sitúa más cerca del 5%.
La explicación está en la capacidad de adaptación del mercado. Los inventarios en centros clave como la costa del Golfo de Estados Unidos, el noroeste de Europa o Singapur se están reduciendo, pero no a una velocidad descontrolada. Esta evolución sugiere que el sistema aún dispone de colchones suficientes para amortiguar parte del bloqueo comercial provocado por Ormuz.
El mensaje de Julius Baer es menos alarmista que el del mercado: hay tensión, pero no una ruptura inmediata del suministro global.
Rutas alternativas y menor demanda alivian la presión
Uno de los factores que está evitando un deterioro mayor es la rápida puesta en marcha de rutas alternativas fuera de Oriente Medio. A ello se suma el excedente existente antes de la escalada, el comercio que todavía sigue pasando por Ormuz y cierta destrucción de demanda en economías emergentes.
Dos meses después del inicio del conflicto, el comercio petrolero se ha ido reorganizando a través de nuevas cadenas de suministro. Julius Baer señala que esta adaptación se observa en la moderación de las tarifas de los petroleros y en la reducción de los márgenes de refino desde sus máximos recientes.
También ayudan otros colchones, como las liberaciones de reservas estratégicas, la disponibilidad de materias primas petroquímicas derivadas del gas y los elevados inventarios en países como Japón y China. Estos factores pueden contribuir a estabilizar el mercado, ya sea mediante exportaciones directas o reduciendo la necesidad de nuevas importaciones.
Europa no debería quedarse sin combustible aéreo
Julius Baer compara la situación actual con las advertencias que surgieron en marzo sobre una posible escasez de diésel en Australia. Finalmente, ese escenario extremo no se materializó. De forma similar, Rücker considera poco probable que Europa se quede sin combustible aéreo en mayo.
La reorganización del comercio energético debería evitar problemas aislados de suministro. Esto no significa que el mercado esté normalizado, sino que dispone de mecanismos para ganar tiempo. La verdadera normalización solo llegará cuando el tránsito por Ormuz vuelva a funcionar sin restricciones.
La clave no es si habrá tensión en determinados productos, sino si esa tensión se convierte en una escasez sistémica. Julius Baer no ve todavía ese escenario.
Un conflicto más largo obliga a revisar previsiones
El matiz importante es que el conflicto está durando más de lo previsto inicialmente. Esa prolongación empieza a afectar de forma más persistente a los inventarios comerciales y reduce parte del excedente que existía antes de la crisis.
Por ese motivo, Julius Baer eleva su previsión a tres meses para el petróleo hasta 75 dólares por barril, por encima de lo que considera su ancla de largo plazo. La revisión no implica asumir que los precios actuales por encima de 110 dólares sean sostenibles, sino reconocer que el mercado necesitará más tiempo para absorber el impacto.
Según Rücker, el mercado todavía tiene margen para amortiguar el shock mediante inventarios antes de pasar a una fase más dura de destrucción de demanda. Ese punto es relevante: mientras haya almacenamiento disponible, el ajuste puede seguir siendo gradual; si los inventarios se tensan demasiado, el mercado empezará a forzar una reducción de consumo mediante precios más altos.
Una desescalada podría provocar una rápida corrección
Pese al nerviosismo actual, Julius Baer advierte de que el posicionamiento del mercado parece demasiado alcista. Además, los daños en infraestructuras siguen contenidos, lo que facilitaría una recuperación rápida de la producción si el conflicto se modera.
También pesa el hecho de que el almacenamiento en el Golfo Pérsico se encuentra tensionado. Si las rutas comerciales empiezan a reactivarse, el mercado podría pasar rápidamente de descontar escasez a asumir una normalización parcial de flujos. En ese escenario, los precios podrían corregir con fuerza.
El petróleo cotiza una elevada prima de riesgo. Si Ormuz recupera actividad de forma clara, esa prima podría desinflarse con rapidez.
En conjunto, Julius Baer mantiene una visión equilibrada: el bloqueo negociador y la reducción del tránsito por Ormuz justifican un petróleo más nervioso en el corto plazo, pero no un escenario de escasez global descontrolada. El mercado sigue tensionado, aunque cuenta con inventarios, rutas alternativas y ajustes de demanda para ganar tiempo.
La conclusión de Rücker es que la crisis debería seguir el patrón histórico de los shocks petroleros: movimientos bruscos, intensos y emocionalmente cargados, pero no necesariamente permanentes. La condición clave es que el comercio por Ormuz termine recuperándose antes de que el drenaje de inventarios obligue a un ajuste mucho más agresivo de la demanda.