El precio del oro ha caído casi un 11% desde que comenzó la guerra con Irán. Los motivos para comprar este metal vuelven a acumularse.
- El oro ha caído cerca de un 11% desde el inicio de la guerra con Irán.
- El fuerte repunte del petróleo puede terminar reforzando su atractivo como activo refugio.
- Las compras de bancos centrales siguen dando soporte, aunque ya no son el principal motor del mercado.
El oro ha perdido parte del brillo que mostró al comienzo del año. Según recoge Myra P. Saefong en MarketWatch, los precios del metal precioso han retrocedido cerca de un 11% desde que comenzó la guerra con Irán a finales de febrero. Sin embargo, esa corrección no elimina el argumento alcista. De hecho, algunos analistas creen que las razones para volver a mirar al oro están aumentando.
El contrato más activo de futuros sobre el oro, con vencimiento en junio, cerró el lunes en 4.693,70 dólares por onza, con una caída del 1% en la sesión. La cifra queda claramente por debajo de los 5.247,90 dólares registrados el 27 de febrero y también se sitúa lejos del máximo intradía histórico de 5.626,80 dólares alcanzado el 29 de enero.
Una corrección típica en mercados de crisis
Stefan Gleason, presidente y consejero delegado de Money Metals Exchange, interpreta el movimiento reciente como un patrón habitual en episodios de tensión geopolítica. Primero llega la subida por miedo y búsqueda de refugio. Después aparece la corrección, impulsada por necesidades de liquidez y por el temor a que la inflación energética frene las bajadas de tipos de la Reserva Federal.
En marzo, el oro sufrió su primera caída mensual desde junio del año anterior y la mayor pérdida mensual en casi trece años. Además, no fue el único activo presionado. La bolsa también retrocedió, con el S&P 500 cayendo más de un 5% en marzo, mientras que la plata y las compañías mineras también acusaron el deterioro del sentimiento inversor.
El oro no ha actuado de forma aislada. En esta fase del conflicto, se ha movido junto al resto de activos financieros, afectado por la liquidez, la inflación y las expectativas sobre los tipos de interés.
El petróleo puede devolver atractivo al oro
El principal argumento favorable para el oro vuelve a estar en la energía. Desde el inicio de la guerra, el Brent ha subido cerca de un 49%, con máximos anuales próximos a los 119,50 dólares y un cierre reciente en torno a 108,23 dólares por barril.
Michael Armbruster, cofundador y socio director de Altavest, considera que unos precios energéticos elevados durante más tiempo pueden convertirse en un fuerte obstáculo para el crecimiento económico en los próximos meses. Ese entorno —menor crecimiento, más incertidumbre y presión sobre los hogares y empresas— suele mejorar el atractivo del oro como activo defensivo.
Además, Armbruster recuerda que Estados Unidos continúa registrando un déficit de varios billones de dólares, lo que mantiene vivo el argumento estructural a favor del metal precioso. Para muchos inversores, el oro sigue siendo una cobertura frente al deterioro fiscal, la expansión monetaria y la pérdida de poder adquisitivo.
Los bancos centrales pasan de motor a soporte
Otro de los factores importantes es la demanda oficial. Las compras de oro por parte de los bancos centrales fueron clave para impulsar los precios hasta máximos históricos. No obstante, según el World Gold Council, las adquisiciones de 2025 se mantuvieron resistentes, pero quedaron por debajo de las más de 1.000 toneladas compradas anualmente en los tres ejercicios anteriores.
Brien Lundin, editor de Gold Newsletter, sostiene que la demanda de los bancos centrales ha pasado de ser el gran motor del mercado a actuar más bien como un soporte. La razón es sencilla: los bancos centrales siguen comprando, pero con menor intensidad después de una subida tan pronunciada del precio.
También se han visto ventas puntuales. Algunos bancos centrales, como los de Turquía y Rusia, redujeron sus posiciones en febrero. Aun así, Lundin no interpreta esto como una señal de abandono del oro, sino como parte de una gestión natural después de años de acumulación y de una fuerte apreciación del metal.
La tesis alcista ya no depende solo de los bancos centrales. Ahora el mercado mira también al petróleo, al crecimiento económico, a la política monetaria y al déficit fiscal estadounidense.
El gran catalizador: una desescalada con Irán
Para Lundin, tanto el oro como la plata se encuentran en una fase de espera. Su visión es que el mercado alcista del oro podría reanudarse cuando se produzca una paz o una desescalada clara entre Estados Unidos e Irán. Ese escenario aliviaría el precio del petróleo, reduciría las presiones inflacionistas y disminuiría el riesgo de una política monetaria más restrictiva.
La paradoja es clara: aunque el oro suele beneficiarse del miedo geopolítico, en esta ocasión el conflicto ha empujado al alza el petróleo y ha reactivado el temor a tipos más altos. Por eso, una estabilización del frente energético podría ser precisamente el detonante que permita al metal recuperar terreno.
En conjunto, la corrección reciente del oro no invalida su tendencia de fondo. El metal sigue subiendo en el año, aunque con menos fuerza tras un avance superior al 60% en 2025. La volatilidad ha aumentado, pero también lo han hecho los argumentos macroeconómicos que pueden volver a favorecerlo en la segunda mitad del ejercicio.