El oro pierde brillo: inflación, tipos altos y dólar fuerte frenan su recuperación

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Capitalbolsa | 01 jul, 2026 13:52
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Puntos clave
  • El oro ha perdido las ganancias acumuladas a comienzos de año.
  • La inflación elevada, los tipos más altos y el dólar fuerte siguen presionando al metal.
  • La reapertura parcial de Ormuz no basta, por ahora, para reactivar claramente al oro.

El oro atraviesa una fase de debilidad después de haber perdido no solo las ganancias acumuladas a comienzos de año, sino también de situarse más de un 7% por debajo de los niveles de partida del ejercicio.

El deterioro se explica por una combinación de factores técnicos, macroeconómicos y de posicionamiento. Aunque el oro suele actuar como activo refugio en episodios de tensión geopolítica, el contexto actual ha sido distinto: la crisis en Oriente Medio ha elevado la presión inflacionista y ha obligado a los bancos centrales a mantener un sesgo más restrictivo.

El primer golpe: mayores márgenes en los futuros

Uno de los primeros factores de presión fue técnico. A comienzos de febrero, CME Group elevó los requisitos de margen para los futuros de oro de COMEX debido al aumento de la volatilidad.

Este tipo de medidas obliga a los operadores a aportar más capital para mantener sus posiciones, lo que puede provocar liquidaciones forzadas y presión vendedora en el mercado. En este caso, el aumento de márgenes actuó como catalizador inicial de la corrección.

Geopolítica, petróleo e inflación

El segundo golpe vino del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. En teoría, un aumento de la incertidumbre geopolítica debería favorecer al oro. Sin embargo, la interrupción del tráfico por el Estrecho de Ormuz generó una crisis energética que terminó impulsando la inflación.

Con el IPC en niveles elevados —en torno al 4,2% en Estados Unidos, el 3,2% en la eurozona y el 4,8% en mercados emergentes—, los bancos centrales han endurecido su discurso y, en algunos casos, han llegado a subir tipos.

El oro no ha sufrido por falta de incertidumbre, sino porque esa incertidumbre ha reforzado el escenario de inflación alta y tipos más elevados durante más tiempo.

El coste de oportunidad vuelve a pesar

El problema para el oro es que no genera rentas. A diferencia de los bonos, los depósitos o las acciones que pagan dividendos, mantener oro no ofrece un flujo periódico de ingresos.

Cuando las rentabilidades de la deuda aumentan, el coste de oportunidad de mantener un activo sin cupón también sube. Este factor, unido a la fortaleza del dólar estadounidense, ha seguido penalizando al metal precioso.

La reapertura parcial del Estrecho de Ormuz y la caída reciente del petróleo podrían aliviar parte de la presión, pero no eliminan de forma inmediata el problema inflacionista. Las consecuencias económicas de una crisis energética suelen tardar meses en diluirse.

La Fed, clave para el siguiente movimiento

El mercado ha pasado de esperar recortes de tipos por parte de la Reserva Federal a descontar la posibilidad de una o incluso dos subidas adicionales si la inflación no se modera con rapidez.

Esta expectativa explica por qué las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense han tardado en bajar, incluso después de la corrección del petróleo. Mientras los tipos reales sigan elevados y el dólar conserve fortaleza, el oro tendrá dificultades para recuperar tracción de forma sostenida.

La competencia de la renta variable

Otro obstáculo es el fuerte comportamiento de las acciones vinculadas a la inteligencia artificial. El rally de estos valores sigue atrayendo flujos hacia la renta variable, reduciendo el atractivo relativo de los metales preciosos.

En un entorno de apetito por el riesgo, los inversores pueden preferir activos con potencial de crecimiento o generación de beneficios frente a un activo defensivo como el oro, especialmente si este último está penalizado por tipos altos.

Lectura de mercado

El final o la desescalada del conflicto en Oriente Medio no garantiza por sí solo una recuperación inmediata del oro. La clave estará en la velocidad con la que se moderen la inflación, las rentabilidades de la deuda y el dólar.

Además, los mercados financieros tienden a anticiparse. Cuando los bancos centrales empiecen a suavizar su discurso si las presiones inflacionistas ceden, parte de esa mejora podría estar ya descontada en el precio del oro.

Por tanto, la denominada “primavera dorada” podría seguir bajo presión mientras el mercado mantenga expectativas de tipos altos durante más tiempo y mientras los flujos continúen favoreciendo a la renta variable, especialmente a los sectores ligados a la inteligencia artificial.

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