Europa enfría la tensión arancelaria, pero prepara su respuesta si Trump vuelve a la carga
- La tensión arancelaria se modera, aunque Europa mantiene la amenaza de represalias.
- La UE congela su acuerdo comercial con EE. UU. tras el anuncio de nuevos aranceles por parte de Trump.
- El impacto económico podría ser elevado si los gravámenes se aplican a partir del 1 de febrero.
Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y Europa se han enfriado ligeramente en las últimas horas, después de que distintos grupos empresariales hayan señalado que la Unión Europea debe prepararse para responder a las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer nuevos aranceles al bloque comunitario. Según explican fuentes empresariales citadas por CNBC, el mensaje es claro: trabajar por la desescalada, pero sin renunciar a los mecanismos de defensa.
En este contexto, la UE ha decidido congelar su acuerdo comercial con Estados Unidos como reacción al anuncio de Trump de imponer aranceles del 10% a seis países comunitarios, además del Reino Unido y Noruega, a partir del sábado 1 de febrero. Antes de que el presidente estadounidense rebajara parcialmente la amenaza el miércoles por la noche, ya se había pedido al bloque que valorara el uso de su Instrumento Anticoerción (ICA), que permite aplicar amplias sanciones comerciales en situaciones de presión externa.
“Todos los instrumentos de defensa comercial de la UE, incluido el Instrumento Anticoerción, deben revisarse ahora”, afirmó Volker Treier, director ejecutivo de comercio exterior de la Cámara de Comercio e Industria Alemana, que representa a cerca de cuatro millones de empresas. No obstante, subrayó que el ICA debería utilizarse solo como último recurso.
Europa pide firmeza, pero sin cerrar la puerta al diálogo
El mensaje desde el tejido empresarial europeo es coincidente: Europa debe estar preparada para actuar con decisión si sus intereses se ven amenazados, aunque manteniendo la vía de la negociación abierta. Así lo expresó Ole Erik Almlid, director ejecutivo de la Confederación de Empresas Noruegas, al señalar que la desescalada es deseable, pero no a cualquier precio.
En una línea más contundente, Bertram Kawlath, presidente de la asociación industrial alemana VDMA, advirtió de que Europa no puede dejarse chantajear, ni siquiera por parte de Estados Unidos. En su opinión, Groenlandia es parte de Europa y debe seguir siéndolo, y cualquier cesión en este punto solo animaría a Trump a plantear nuevas exigencias acompañadas de más amenazas arancelarias.
Kawlath añadió que la Comisión Europea debería analizar seriamente si el Instrumento Anticoerción puede ser activado llegado el caso, como elemento disuasorio frente a futuras presiones.
Impacto económico potencialmente elevado
Si los aranceles finalmente entran en vigor el 1 de febrero, el impacto para las empresas europeas podría ser significativo. Un análisis de las Cámaras de Comercio Británicas estima que unos gravámenes del 10% sobre las exportaciones a Estados Unidos podrían costar al Reino Unido cerca de 6.000 millones de libras. Esta cifra podría dispararse hasta 15.000 millones de libras si los aranceles subieran al 25% en junio, tal y como Trump llegó a amenazar.
Shevaun Haviland, directora general de la BCC, recordó que el Reino Unido cuenta con un importante margen de influencia: el comercio bilateral con Estados Unidos ronda los 300.000 millones de libras, con fuertes inversiones cruzadas entre ambas economías. En su opinión, esta elevada interdependencia obliga a mantener todas las opciones sobre la mesa durante las negociaciones.
Desde Deutsche Bank se apunta también a que las importantes tenencias de activos estadounidenses por parte de los países europeos constituyen un factor de presión relevante a la hora de diseñar posibles contramedidas.
Aun así, los líderes empresariales advierten de que nuevos aranceles estadounidenses provocarían recortes adicionales y significativos en el comercio y en los negocios transatlánticos, especialmente para Alemania. El sector de la ingeniería mecánica y de plantas ya se ve afectado de forma desproporcionada, ya que muchos de sus productos soportan gravámenes del 50% sobre el acero y el aluminio.
A estos costes se suman, además, las cargas burocráticas, que complican numerosas transacciones internacionales. Según el sector, más de la mitad de la maquinaria exportada podría verse afectada por este entorno de mayores barreras comerciales.
En conjunto, el mensaje que trasladan las empresas europeas es de cautela y firmeza: evitar una escalada comercial innecesaria, pero dejando claro que la UE dispone de herramientas para defender sus intereses si las amenazas arancelarias vuelven a intensificarse.