Los tipos de interés van a bajar: los rendimientos reales sugieren que la Reserva Federal recortará medio punto.
- Los rendimientos reales apuntan a que la política monetaria de la Fed sigue siendo demasiado restrictiva.
- Varios modelos sugieren que los tipos oficiales podrían estar alrededor de medio punto por encima del nivel neutral.
- Si la tensión geopolítica se enfría, el alto el fuego con Irán podría dar a la Fed el margen político y de mercado para empezar a recortar tipos.
La tesis de fondo empieza a ganar fuerza en el mercado: la Reserva Federal podría verse obligada a bajar tipos en los próximos meses, no tanto porque la economía se esté desplomando, sino porque los tipos reales siguen siendo claramente restrictivos. Dicho de forma simple, una vez descontada la inflación, el precio actual del dinero en Estados Unidos sigue siendo demasiado alto para lo que justificaría un escenario de equilibrio.
Ese es el argumento central que plantea Mark Hulbert: los rendimientos reales de los bonos del Tesoro, es decir, la diferencia entre el rendimiento nominal y la inflación, se encuentran en niveles superiores a los de casi cualquier momento desde la gran crisis financiera de 2008. Históricamente, cuando los tipos reales se sitúan claramente por encima de su media, lo habitual es que, tarde o temprano, los tipos nominales terminen ajustándose a la baja.
Por qué los rendimientos reales apuntan a una Fed demasiado dura
El razonamiento no está exento de matices. Calcular los tipos reales nunca es una ciencia exacta, porque exige estimar la inflación futura, algo especialmente delicado en un contexto como el actual, marcado por la guerra en Oriente Medio y por la volatilidad del petróleo. Aun así, la mayoría de las estimaciones de inflación se mueve en un rango relativamente estrecho, lo que da cierta consistencia al mensaje que envían los bonos.
Además, la señal no aparece solo en el corto plazo. Tanto el rendimiento real a un año como el de diez años muestran una pauta parecida y se sitúan por encima de sus medias de largo plazo. Eso refuerza la idea de que el nivel actual de tipos no solo es elevado en términos absolutos, sino también en relación con el entorno macroeconómico que el mercado considera razonable.
La conclusión es bastante directa: si los tipos reales están demasiado altos, la Fed corre el riesgo de mantener una política más restrictiva de lo necesario, frenando de más una economía que ya convive con incertidumbre geopolítica y shock energético.
La referencia clave: la tasa neutral o r*
La tesis se apoya también en otro concepto fundamental: la llamada tasa de interés natural, o r*. Esa es, en teoría, la tasa que ni estimula ni frena la economía, la que sería compatible con pleno empleo e inflación estable. No puede observarse directamente, pero sí estimarse mediante modelos. Y varios de los más seguidos apuntan a que la tasa actual de los fondos federales sigue por encima de ese nivel neutral.
Uno de los modelos más conocidos es el desarrollado por Holston, Laubach y Williams. Su última estimación sitúa la r* en torno al 0,92% a finales de 2025. Frente a eso, la tasa real actual de los fondos federales se movería en torno al 1,3%-1,4%, según el método utilizado para ajustar por inflación. La distancia no parece enorme, pero en política monetaria medio punto ya es suficiente para marcar la diferencia entre una postura neutral y una claramente restrictiva.
Por eso el argumento gana tracción: si la Fed quiere acercarse a la neutralidad, tendría sentido un recorte de aproximadamente 50 puntos básicos. No porque la economía esté entrando en recesión, sino porque el nivel actual de tipos reales ya está apretando más de lo necesario.
Irán puede ser el factor que desbloquee el movimiento
El gran obstáculo, claro, es el contexto geopolítico. Mientras la guerra con Irán mantenga al petróleo tensionado y a la inflación bajo sospecha, la Fed tendrá difícil justificar un giro dovish sin exponerse a parecer complaciente. Ahí es donde entra el alto el fuego temporal: si la tregua se consolida y el mercado energético se estabiliza, podría convertirse en la “luz verde” que necesita el banco central para empezar a actuar.
Eso no significa que el conflicto haya dejado de importar. Al contrario: lo que plantea esta visión es que, incluso si la guerra no se ha resuelto del todo, el mercado ya empieza a ver que su impacto inflacionista estructural podría ser limitado más allá del corto plazo. Si esa lectura se confirma, la Fed tendrá más margen para centrarse otra vez en el verdadero nivel restrictivo de su política.
En resumen, la tesis no dice que el recorte esté garantizado ni que vaya a producirse de inmediato. Lo que dice es algo más incómodo para quienes siguen esperando tipos altos durante mucho tiempo: la política monetaria actual parece demasiado dura para el nivel real de inflación y para la tasa neutral estimada. Y cuando eso ocurre, lo normal es que el ajuste llegue antes o después.
La lectura práctica para el mercado es clara: si la tensión con Irán afloja y el crudo deja de presionar, el argumento para un recorte de medio punto por parte de la Fed dejará de ser una hipótesis agresiva y empezará a parecer una opción bastante lógica.