La inflación japonesa vuelve a poner contra las cuerdas al Banco de Japón
- La inflación subyacente japonesa sigue por encima del 2%, aunque pierde intensidad.
- El Banco de Japón afronta una lectura incómoda: parte de la inflación procede de costes externos, no solo de salarios.
- El riesgo es que el banco central endurezca demasiado la política monetaria y frene la recuperación de precios y salarios.
Los últimos datos publicados por el Banco de Japón muestran que las presiones inflacionistas subyacentes continuaron por encima del objetivo del 2% en mayo, aunque con señales claras de moderación en las métricas más depuradas.
Según recoge Justin Low, la medida de inflación subyacente que incorpora determinados componentes energéticos se habría situado en el 2,7% en mayo, ligeramente por debajo del 2,8% registrado en abril. Sin embargo, el indicador más relevante para medir la tendencia de fondo descendió hasta el 2,1%, desde el 2,2% anterior.
Una inflación menos intensa, pero todavía incómoda
La lectura general sigue mostrando una inflación superior al objetivo del Banco de Japón, pero la tendencia interna apunta a una pérdida gradual de fuerza. Desde el máximo alcanzado en junio del año pasado, cuando esta medida llegó al 3,6%, el indicador ha ido descendiendo de forma sostenida hasta el 2,1% actual.
La misma evolución se observa en la media ajustada, que se sitúa ahora en el 1,5%. Esto sugiere que las presiones en las categorías principales no están acelerándose de forma desordenada, aunque todavía permanecen en niveles que obligan al banco central a mantener la vigilancia.
El dilema del Banco de Japón
El problema para el Banco de Japón es que su estrategia monetaria se apoya en una premisa concreta: que la inflación sea cada vez más consecuencia de una mejora estructural de los salarios y de la demanda interna. Ese sería el escenario más saludable para justificar una normalización gradual de la política monetaria.
Sin embargo, el repunte de las tensiones en Oriente Medio y su impacto sobre los precios energéticos introduce una dinámica distinta: inflación de costes. Ese tipo de presión es mucho menos deseable, porque encarece la vida de hogares y empresas sin reflejar necesariamente una mejora real de la economía.
El riesgo de endurecer por las razones equivocadas
Si las presiones inflacionistas se generalizan, el Banco de Japón podría verse obligado a responder con una política más restrictiva. Pero ahí está el riesgo: subir tipos o endurecer el tono por una inflación importada podría dañar el frágil equilibrio que Japón intenta construir desde la pandemia.
Durante los últimos años, el país ha tratado de consolidar una relación más sana entre precios, salarios y actividad económica. Un endurecimiento prematuro podría enfriar la economía antes de que esa dinámica esté plenamente asentada.
En resumen, los datos de mayo no cambian de forma radical el escenario, pero sí complican el mensaje del Banco de Japón. La inflación se modera, aunque sigue por encima del objetivo, y el componente energético vuelve a introducir ruido en un momento especialmente delicado para la política monetaria japonesa.