Nos conmueve más la pérdida de una vida individual que la pérdida de miles de vidas
Ya nos hemos habituado a aceptar que, diariamente, las víctimas de la COVID-19 se cuentan por centenares. Lo que en otros ámbitos sería un escándalo solamente si se produjera una decena de víctimas, o incluso una o dos víctimas, aquí no nos conmueve tanto, o al menos no proporcionalmente.
Esto sucede. básicamente, por dos efectos psicológicos: “efecto singularidad” (singularity effect) y "adormecimiento psíquico" (psychic numbing).
Singularidad y adormecimiento
Las grandes atrocidades no generan reacciones proporcionales para motivar la acción, pero las historias individuales alcanzan niveles más profundos de nuestras emociones y nos empujan a actuar con mayor urgencia e inversión de medios.
Por ello, la gente dona mucho más dinero para ayudar a una víctima identificable (por ejemplo, un niño o una familia) que a una víctima no identificable, sobre todo si hablamos de un número muy amplio de víctimas.
Los autores de este reciente estudio, de agosto de 2020, confirmaron este sesgo al realizaron análisis de textos del New York Times y otras fuentes que publican la pérdida de vidas, analizando el afecto y la emoción del texto (sentimental analysis) en los lectores. Concluyéndose, en suma, que: cuanto más mueren, menos nos importa.