Yves Bonzon, CIO de Julius Baer: "El presidente Trump negocia 24/7; es imperativo no sacar conclusiones inmediatas"
El mercado de valores de Estados Unidos ya no teme a los aranceles potenciales, que no son más que una herramienta de negociación para obtener los beneficios que el presidente Donald Trump quiere extraer de los gobiernos involucrados.
El propio Scott Bessent, recién nombrado secretario del Tesoro de Estados Unidos, ha declarado públicamente que los aranceles son contraproducentes y que no son más que un medio de ejercer presión. En un esfuerzo por mantener su credibilidad en las negociaciones actuales y futuras, parece que Donald Trump se apresuró a disparar una salva, insinuando una devastadora guerra comercial.
Noticia relacionada

Ahora sabemos que el presidente ve el mercado de valores como uno de los mejores indicadores del éxito de sus políticas. No puede ignorar las consecuencias de un aumento de aranceles de esa magnitud entre los socios del Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá. Si a eso le sumamos el comercio con México y China, que actualmente enfrenta aranceles del 10%, estamos hablando de que casi la mitad de las importaciones estadounidenses están sujetas a estos nuevos gravámenes.
Es cierto que el impacto en México y Canadá sería mucho más dramático que en Estados Unidos. La economía estadounidense es relativamente insensible al comercio exterior, que representa sólo alrededor del 25% de su producto interno bruto, en comparación con el 60% de Canadá y hasta el 70% de México, lo que garantiza a ambos países una recesión.
Sin embargo, el consumidor estadounidense no está completamente a salvo. Algunos estiman que el impacto acumulado de estos aranceles sería de alrededor de 830 dólares en gasto anual adicional para el hogar estadounidense promedio. Como resultado, el dólar subió bruscamente en las operaciones asiáticas el lunes por la mañana y el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años cayó hacia el 4,5%. Dado el impacto potencial de aranceles más altos en la inflación estadounidense, las tasas de interés a corto plazo aumentaron en previsión de una Reserva Federal estadounidense más agresiva en estas circunstancias.
Ya sugerí que, dado el impacto inevitable en la economía estadounidense y el impacto inmediato en Wall Street, el presidente cambiaría de opinión en un mes. Pero eso ya ha sucedido. Este último episodio ilustra perfectamente la incertidumbre que rodea a la política macroeconómica estadounidense bajo la administración actual. El presidente electo no deja de negociar las 24 horas del día, los 7 días de la semana, al igual que los activos digitales que tanto le gustan.
Reiteramos nuestra recomendación de no anticiparse ni reaccionar inmediatamente a los anuncios que salgan de Washington. La sesión del lunes nos recuerda los riesgos de operar contrarreloj en un contexto de liderazgo estadounidense volátil.