¿Qué pueden hacer los inversores en renta fija y renta variable ante el ‘cisne negro’ Trump?
Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad
Pese al rebote de la sesión del martes, que se tendrá que esperar para ver si se trata o no del consabido ‘rebote del gato muerto’, las bolsas, en estos días, se están hundiendo, particularmente los valores tecnológicos.
Por el contrario, la deuda pública estadounidense mejora su cotización dentro de un contexto, eso sí, de gran volatilidad. Aquí la mala noticia es que ello no se debe a que la inflación esté más contenida: se debe a que el mercado está poniendo en precio la posibilidad de una recesión en Norteamérica.
De una manera muy empírica, la prueba más convincente de que Trump 2.0 representa un cisne negro -un debate que se da estos días en las esferas financieras- es que los mercados están haciendo justo lo contrario de lo esperado: en términos generales, el flamante presidente representaba un valor más o menos convincente para las bolsas y un posible problema para la deuda, en la medida en la que la implementación de políticas arancelarias y expansiones fiscales -bajadas de impuestos- podrían producir distorsiones al alza en el proceso de normalización de la inflación.
Por supuesto, siempre quedará la duda de si todo esto obedece a una estrategia planificada, que está encubriendo su verdadero objetivo. Si es así, parafraseando a Winston Churchill, el objetivo “de momento, viene muy bien encubierto”. Es posible que el interés último no sea sino reducir el coste de la deuda estadounidense que, ciertamente, es muy elevado y en vías de subir, dado el importante déficit fiscal de EE.UU. En todo caso, se trataría de una estrategia extraordinariamente peligrosa, ya que lo que está arriesgando no es solo una recesión, sino incluso una recesión con inflación, si los aranceles provocan incremento de los costes de los productos a la venta a los americanos. Como dijo Eugenio D´Ors “los experimentos, con gaseosa, no con champán”.
No es de extrañar por lo tanto que los mercados se encuentren en un nivel de incertidumbre y tensión formidables. El VIX, índice de volatilidad del S&P500 (el famoso indicador del miedo) ha pasado de 17.48 a 49.24 en dos semanas. Prácticamente multiplicar por 2.5 veces. Por su parte, el citado S&P 500 registra uno de los peores arranques de su historia, coronavirus incluido.
¿Cómo actuar en los mercados?
Es muy difícil gestionar el corto plazo o la táctica en un momento así de mercado: la incertidumbre es tan alta que el factor suerte (qué hará hoy Trump) determina en buena medida el resultado de la inversión. Dependiendo del perfil de riesgo, parece claro que la renta fija de calidad debe imponerse sobre el high yield. Para aquellos inversores que puedan permitirse incrementar duración en bonos europeos, especialmente si pueden recoger algo más de prima de riesgo en países como España, puede ser una buena oportunidad, a largo plazo.
En este contexto, el inversor en renta fija debe actuar con máxima cautela. Aunque exige prudencia, la renta fija ofrece actualmente un entorno relativamente más favorable, gracias al movimiento hacia la calidad observado recientemente.
La estrategia, por tanto, debe ser doble: por un lado, apostar por deuda pública frente al crédito, aprovechando incluso las primas de riesgo de países periféricos en momentos de tensión. Por otro, identificar oportunidades en bonos de alta calidad crediticia (investment grade), penalizados por el repunte de diferenciales.
Además, los tramos cortos han corregido más que los largos, lo que permite a los inversores con mayor horizonte buscar rentabilidades atractivas elevando ligeramente la duración, siempre dentro del universo de activos de máxima calidad.
En cuanto a las bolsas, es posible que la sangría continúe. Pero a largo plazo, aparece nítidamente un espectro de compañías con mucho valor. Invertir en España y de manera más concreta en bancos españoles, a medio plazo puede ser una opción, tras las últimas caídas. Análogamente, las bolsas estadounidenses han retrocedido niveles cercanos a superiores al 20%. Para una cartera con vocación de largo plazo, empieza a ser un punto favorable de entrada. En todo caso, conviene no precipitarse.