El mercado de bonos vuelve a temblar: petróleo, Irán y Fed elevan la volatilidad

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Capitalbolsa | 27 may, 2026 16:10
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Puntos clave
  • El mercado de bonos vuelve a moverse con fuerte volatilidad por la guerra con Irán, la inflación y las dudas sobre la Fed.
  • Las rentabilidades han retrocedido tras alcanzar máximos de 2007, pero el mercado no descarta nuevas subidas de tipos.
  • Los expertos prefieren prudencia: plazos cortos y medios ofrecen atractivo sin asumir demasiado riesgo de duración.

El mercado de bonos estadounidense atraviesa una fase de elevada tensión, con movimientos diarios muy pronunciados y una combinación especialmente compleja de factores: guerra con Irán, presión inflacionista, dudas sobre el petróleo y expectativas en torno a la futura política monetaria de la Reserva Federal.

Según MarketWatch, los rendimientos de los bonos del Tesoro cayeron el martes después de haber alcanzado algunos de sus niveles más altos desde 2007 la semana anterior. La reacción estuvo ligada a la esperanza de un posible acuerdo que permita rebajar la tensión en Oriente Medio y reabrir el Estrecho de Ormuz.

Volatilidad extrema en la renta fija

La lectura de varios gestores es que todavía resulta pronto para afirmar que las rentabilidades hayan tocado techo. Mike Lorizio, de Manulife Investment Management, destaca que existe una volatilidad diaria muy elevada, lo que complica cualquier intento de identificar un máximo claro en los tipos de mercado.

El bono estadounidense a 30 años se situó cerca del 5,03%, por debajo del máximo aproximado del 5,19% alcanzado la semana pasada. El Treasury a 10 años cotizaba en torno al 4,49%, todavía lejos del entorno del 4% que llegó a registrar a comienzos de marzo.

El mensaje del mercado es claro: los bonos vuelven a ser atractivos por rentabilidad, pero la duración larga sigue siendo vulnerable si la inflación energética persiste o si la Fed se ve forzada a endurecer el tono.

Irán y el petróleo condicionan a la Fed

El conflicto con Irán continúa siendo una variable clave. La posibilidad de un acuerdo que desbloquee el Estrecho de Ormuz ha dado cierto alivio a los bonos, ya que reduciría el riesgo de un nuevo shock energético. Sin embargo, la situación sigue siendo frágil y las reservas globales de petróleo se encuentran bajo presión.

El problema para la Reserva Federal es que una escalada sostenida del petróleo puede alimentar de nuevo la inflación. En ese escenario, la política monetaria queda atrapada entre dos riesgos: subir tipos para contener precios o mantenerlos estables para no dañar más al consumidor y a la economía.

La rentabilidad del bono a 2 años, situada ligeramente por encima del 4%, sigue siendo especialmente relevante. Al superar el rango de política monetaria a corto plazo de la Fed, sugiere que el mercado asigna cierta probabilidad a nuevas subidas de tipos.

  • 2 años: tramo atractivo para quienes buscan rentabilidad sin asumir demasiada duración.
  • 10 años: podría tener recorrido limitado al alza si la Fed no sube tipos.
  • 30 años: más sensible a inflación, déficit y dudas sobre la demanda de deuda estadounidense.

La decisión más sensata podría ser no hacer nada

Charlie Ripley, gestor de cartera en Allianz Investment Management, considera que la opción más razonable para la Fed sería mantenerse a la espera: ni subir ni bajar tipos. En su opinión, si el banco central no tiene una clara intención de endurecer la política monetaria, el rendimiento del Treasury a 2 años por encima del 4% resulta bastante atractivo.

Esta visión encaja con una estrategia prudente: aprovechar el nivel actual de rentabilidades, pero sin cargar demasiado la cartera hacia vencimientos largos. El riesgo es que una nueva oleada inflacionista o una pérdida de confianza en la deuda estadounidense presione de nuevo las TIRes al alza.

En este entorno, el tramo corto y medio de la curva parece más defendible que la duración larga. Ofrece cupón, reduce volatilidad y deja margen para reaccionar si el escenario de inflación vuelve a deteriorarse.

El déficit también pesa sobre los bonos largos

Yulia Alekseeva, responsable de renta fija en MissionSquare, no tiene prisa por aumentar exposición a vencimientos largos. Su preocupación se centra en el crecimiento del volumen de deuda estadounidense en relación con el tamaño de la economía, un factor que puede seguir presionando especialmente a los bonos de mayor plazo.

La venta masiva reciente no responde solo al petróleo o a la Fed. También refleja dudas más estructurales sobre la absorción de nuevas emisiones de deuda y sobre la prima que los inversores exigirán para financiar déficits elevados durante más tiempo.

Por eso, su preferencia se sitúa en vencimientos de entre 2 y 7 años, una zona de la curva que permite obtener rentabilidades razonables sin asumir completamente el riesgo de duración de los tramos más largos.

Un contexto distinto al de 2022

Aun así, algunos gestores creen que el escenario actual no es idéntico al de 2022. Entonces, la Fed inició una agresiva subida de tipos desde niveles cercanos a cero para combatir una inflación en máximos de cuatro décadas. Ese ajuste provocó pérdidas simultáneas en bonos y acciones.

Ahora, en cambio, los bonos parten de rentabilidades iniciales mucho más elevadas. Ese colchón de cupón puede ayudar a proteger mejor las carteras si la bolsa pierde fuerza o si el crecimiento se desacelera.

El otro elemento clave es el consumidor. Aunque la inflación repunte, varios analistas dudan de que los hogares estadounidenses estén en condiciones de absorber indefinidamente costes más altos de gasolina, financiación y bienes básicos. Si el consumidor se debilita, las rentabilidades podrían encontrar un techo natural.

Cómo afrontar el mercado de bonos

La conclusión práctica es que la renta fija vuelve a ofrecer valor, pero exige mucha más selección. No basta con comprar duración larga esperando una bajada de tipos. El mercado está dominado por riesgos cruzados: geopolítica, inflación, petróleo, déficit y credibilidad de la Fed.

En este entorno, la estrategia más razonable pasa por priorizar calidad crediticia, vencimientos cortos y medios, y una gestión flexible de la duración. El inversor que busque rentabilidad puede encontrar oportunidades, pero debe evitar asumir que los bonos largos ya han dejado atrás toda la presión.

El mercado de bonos ha vuelto a ser una fuente real de rentabilidad, pero también de volatilidad. La clave será no confundir cupón atractivo con ausencia de riesgo.

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