Ormuz amenaza con disparar el crudo cuando se agoten las reservas
Puntos clave:
- Las reservas estratégicas solo pueden contener el petróleo durante unos meses.
- Ormuz y el mar Rojo concentran riesgos crecientes para el suministro mundial.
- Un crudo por encima de 110 dólares podría golpear inflación, consumo y bolsas.
El mercado del petróleo puede estar disfrutando de una calma temporal. Las liberaciones coordinadas de reservas estratégicas han permitido compensar parte de las interrupciones provocadas por el conflicto con Irán, pero esta fuente adicional de oferta tiene una duración limitada.
Según el análisis de Justin Zacks, los países miembros de la Agencia Internacional de la Energía han movilizado alrededor de 400 millones de barriles, a los que se añaden importantes liberaciones realizadas por China. Estas actuaciones han evitado hasta ahora un desabastecimiento más severo, pero no solucionan el problema de fondo.
Las reservas estratégicas empiezan a agotarse
La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos se encuentra en su nivel más bajo desde 1983 y a menos de 60 millones de barriles de su mínimo legal. Al ritmo actual, las liberaciones podrían mantener abastecido el mercado durante unos meses, posiblemente hasta finales de año si se reduce progresivamente su intensidad.
El problema aparecería si el estrecho de Ormuz continúa cerrado de facto durante el otoño. En ese escenario, la oferta extraordinaria procedente de las reservas dejaría de ser suficiente y el precio tendría que ajustarse al alza para destruir demanda.
Ormuz afecta a mucho más que al petróleo
El estrecho de Ormuz es una infraestructura crítica para la economía mundial. Según datos de Kpler recogidos en el análisis, por esta ruta transitan aproximadamente:
- 20% del suministro mundial de petróleo, gas natural licuado y helio.
- 16% de la alúmina.
- 15% de los productos petroquímicos.
- 14% de los fertilizantes.
La reapertura formal del estrecho tampoco garantizaría una normalización inmediata. Los ataques contra buques comerciales, la muerte de marineros y el aumento de las primas de los seguros pueden mantener alejados a petroleros y navieras incluso aunque la ruta aparezca oficialmente abierta.
El riesgo se extiende al mar Rojo y Rusia
Las perturbaciones energéticas ya no se limitan al golfo Pérsico. Los hutíes habrían atacado dos petroleros saudíes en la entrada sur del mar Rojo, añadiendo tensión a otra de las grandes rutas comerciales internacionales.
Al mismo tiempo, los ataques ucranianos contra refinerías rusas habrían dejado fuera de servicio más de la mitad de su capacidad operativa. Más de un centenar de buques rusos también habrían sido atacados en el mar Negro y el mar de Azov, limitando las exportaciones de crudo y productos refinados.
A ello se suma la posibilidad de que Estados Unidos imponga aranceles secundarios del 100% a países que continúen comprando petróleo y gas ruso, una medida que podría encarecer todavía más la energía.
El umbral de dolor podría estar en 110 dólares
La demanda mundial sigue resistiendo mejor de lo previsto. Las aerolíneas han absorbido varias subidas consecutivas de precios sin que se observe una caída significativa de las reservas, mientras que el tráfico por carretera tampoco muestra todavía una contracción importante.
Sin embargo, Henry Allen, estratega de Deutsche Bank, sitúa alrededor de los 110 dólares por barril el nivel a partir del cual comienzan a aparecer tensiones financieras relevantes.
Superar ese umbral podría endurecer las condiciones financieras, presionar a la baja las bolsas y reducir el gasto de los consumidores. El proceso podría convertirse en una dinámica negativa: energía más cara, más inflación, tipos elevados durante más tiempo y menor crecimiento económico.
El mercado podría estar subestimando la duración del conflicto
El escenario central de los inversores continúa siendo una desescalada, pero el conflicto ya ha durado mucho más de lo inicialmente previsto. Si se prolonga otras veinte semanas y Ormuz continúa prácticamente bloqueado, las reservas mundiales de petróleo quedarían sometidas a una presión difícil de compensar.
La conclusión del análisis es clara: la caída reciente del crudo no necesariamente refleja una mejora estructural del suministro. Puede ser simplemente el resultado de unas reservas estratégicas que están amortiguando temporalmente el impacto. Cuando esa capacidad se reduzca, el mercado podría verse obligado a ajustar los precios con mucha más violencia.