“La nueva escalada arancelaria de Trump hacia China deja la euforia alcista del mercado en una cubeta de hielo”
Christian Gattiker, director del Departamento de Research de Julius Baer
Lo que se suponía que sería una pausa refrescante para los mercados se sintió más como un desafío al hielo al final de la sesión del viernes pasado. El impacto es incómodo, pero en última instancia saludable. Por ahora, la paciencia supera al posicionamiento.
La tan esperada "pausa para refrescar" del mercado llegó con bastante más fuerza de la esperada. La amenaza del presidente Trump de cancelar su reunión con el presidente Xi a finales de mes, sumada a los rumores de nuevos aranceles y las amenazas de represalias de China, sirvió como detonante para un reinicio del riesgo que debía haberse producido. La liquidación fue rápida, pero en nuestra opinión, representa más una llamada a la realidad que el inicio de una recesión estructural. Los mercados de valores habían estado buscando una válvula de escape tras meses de optimismo unidireccional.
Los comentarios de Trump proporcionaron precisamente eso, reintroduciendo un elemento de riesgo geopolítico que se había descontado. Sin embargo, el repunte de los bonos globales y el retroceso del dólar estadounidense que lo acompañaron ofrecen cierta seguridad de que el mercado todavía ve esto como un shock político, no como una ruptura macroeconómica. Seguimos interpretando la dinámica entre EE. UU. y China a través de las tácticas de negociación del presidente.
Los últimos acontecimientos se alinean estrechamente con la fase de "dejar a la novia en el altar", que suele ser el punto álgido de la escalada retórica antes de la reanudación de las negociaciones. Ya observamos cierta moderación en la retórica comercial a última hora del domingo, cuando tanto China como EE. UU. dejaron la puerta abierta a un acuerdo. Como antes, esperamos una eventual reanudación del diálogo y alguna concesión simbólica. Desde una perspectiva de inversión, recomendamos mantener la calma. El calendario político, la dinámica de la inflación y las limitaciones de la confianza argumentan en contra de una campaña arancelaria prolongada. La volatilidad en esta etapa debe considerarse parte del proceso de normalización, no una nueva fase bajista. El shock de frío podría ser el resultado más positivo de todos.