La inflación no siempre es buena
Uno de los principales problemas de la economía mundial es el creciente y elevadísimo endeudamiento, principalmente de los Estados. Se repite hasta la saciedad que la aparición de la inflación sería la mejor forma de reducir la elevada carga de la deuda.
Se argumenta que si existe inflación será más fácil repagar las deudas. Me permito cuestionar dicha premisa que es considerada casi como dogma. No necesariamente la inflación ayuda a menguar las deudas, sino que, en ocasiones, la aparición de la inflación puede llevar al impago de las deudas.
Se entiende por inflación la variación de los precios de una cesta determinada de productos y servicios de consumo (IPC- Índices de Precios al Consumo). Se supone que la composición de la cesta recoge, de forma ponderada, el conjunto de bienes y servicios que un hogar medio destina al consumo, sin considerarse los gastos de inversión, ni los pagos asociados a la adquisición de vivienda o pago de hipotecas.
Tanto el BCE como la Reserva Federal se fijan un nivel objetivo de inflación cercano al 2%. Ahora, incluso se toma dicho nivel como media deseable durante un periodo de tiempo. De tal manera que, tras haber estado años por debajo del 2% de inflación, se permitirá que la inflación se sitúe incluso en el 3% durante un tiempo y el banco central no subiría los tipos de interés.
La inflación puede subir por distintas causas, y no todas son positivas para la población que la sufre. Una subida de los precios no necesariamente se debe a un mayor dinamismo de la economía. De hecho, las dos únicas veces que la inflación en la Eurozona ha estado por encima del 3% (2008 y 2011) se debió a una escala del precio del petróleo a $145 y $126, respectivamente. En ambas ocasiones el BCE subió los tipos de interés.