El Libro Beige enfría el optimismo: la Fed detecta una economía que pierde fuerza por dentro
- La Fed describe una economía que sigue creciendo, pero con un ritmo desigual y menos convincente.
- El encarecimiento de la energía está presionando costes, márgenes empresariales y consumo.
- El empleo aguanta, aunque las empresas siguen aplazando decisiones de contratación e inversión.
El nuevo Libro Beige de la Reserva Federal deja una lectura incómoda para el mercado. La actividad económica de Estados Unidos continúa avanzando, sí, pero lo hace con un tono claramente menos sólido de lo que gustaría ver. Ocho de los doce distritos registraron un crecimiento leve o moderado, mientras que dos permanecieron prácticamente estables y otros dos mostraron retrocesos. No es un escenario de recesión inminente, pero tampoco transmite la imagen de una economía especialmente robusta.
Una economía que sigue en pie, pero sin demasiada fuerza
La clave del informe es que la actividad no se ha roto, pero sí se ha vuelto más frágil. La Reserva Federal insiste en que la incertidumbre ligada al conflicto en Oriente Medio está condicionando decisiones de contratación, precios e inversión. Muchas compañías han optado por una actitud de espera, algo que encaja con un entorno en el que el crecimiento existe, pero cada vez con menos convicción.
El consumo aguanta de forma modesta, aunque la resistencia no es uniforme. El gasto de los hogares con mayor renta sigue mostrando firmeza, pero en muchos distritos ya aparecen señales de presión financiera entre los consumidores más vulnerables. La Fed menciona un aumento de la sensibilidad a los precios y también más demanda en bancos de alimentos y servicios sociales.
La presión de costes vuelve a ser el gran problema
Donde el informe resulta más preocupante es en el frente de los precios. La Fed señala que los costes de los insumos están subiendo más rápido que los precios de venta, lo que implica una clara compresión de márgenes. La energía y el combustible han repuntado con fuerza en todos los distritos, elevando además los costes de transporte y de productos vinculados al petróleo, como plásticos o fertilizantes.
A esto se suman subidas en metales, tecnología, seguros y costes sanitarios. Es decir, la presión no llega solo por un lado. Para la bolsa, este punto es especialmente delicado: si las empresas no pueden trasladar todo el encarecimiento al precio final, el siguiente ajuste acaba produciéndose en los beneficios.
Empleo estable, inmobiliario flojo y foco en centros de datos
El mercado laboral, por ahora, no se deteriora de forma seria. El empleo se mantuvo estable o avanzó ligeramente en términos generales, con poca rotación, despidos limitados y nuevas contrataciones centradas sobre todo en sustituciones. También se detecta un mayor recurso a trabajadores temporales o por contrato, una señal coherente con la prudencia empresarial actual.
En vivienda, el panorama se enfría. La subida de las hipotecas y la mayor incertidumbre están debilitando la demanda residencial en varios distritos. En cambio, el inmobiliario comercial muestra algo más de tracción gracias a los centros de datos y a ciertos activos industriales, mientras que las oficinas de máxima calidad siguen resistiendo mejor que el resto del mercado.