Trump 2.0 introduce una prima de riesgo que empuja al dinero fuera de EE. UU.

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Capitalbolsa | 02 feb, 2026 10:52
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Puntos clave
  • El riesgo político en EE. UU. empieza a penalizar a los activos estadounidenses.
  • El capital internacional rota hacia Europa, emergentes y Asia.
  • El dólar pierde su papel de refugio automático.

El arranque de 2026 está dejando una lectura cada vez más clara para los mercados: el riesgo político en Estados Unidos ya no es un factor marginal, sino un elemento estructural que empieza a influir de forma directa en las decisiones de inversión global. La segunda presidencia de Donald Trump ha introducido un nivel de imprevisibilidad que muchos gestores no estaban descontando.

En solo un mes se han acumulado episodios que han elevado la percepción de riesgo: tensiones comerciales con Europa y Canadá, amenazas arancelarias ligadas a Groenlandia, movimientos militares en Oriente Medio y un deterioro evidente de las relaciones con aliados históricos. Todo ello ha llevado a los inversores internacionales a replantearse su exposición a activos estadounidenses.

El capital empieza a mirar fuera de EE. UU.


El comportamiento relativo de los mercados en enero es revelador. Mientras el S&P 500 logró avances moderados, las bolsas internacionales —tanto en países desarrollados como emergentes— lo hicieron claramente mejor. Europa, Asia y los mercados emergentes han captado flujos en un momento en el que EE. UU. empieza a verse como una fuente de incertidumbre más que como un ancla de estabilidad.

Este movimiento no responde a un colapso de la economía estadounidense, que sigue creciendo a buen ritmo, sino a un cambio en la percepción del riesgo. La política exterior, comercial y monetaria de Washington se ha vuelto difícil de anticipar, y eso se traduce en una prima de riesgo más elevada.

No es una huida masiva de EE. UU., pero sí una diversificación más consciente y defensiva.

El dólar deja de ser refugio automático


Uno de los cambios más relevantes es el comportamiento del dólar. Tradicionalmente, en episodios de tensión global, la divisa estadounidense actuaba como refugio. En esta ocasión, esa correlación empieza a romperse. El billete verde ha perdido fuerza y muchos grandes inversores institucionales están incrementando coberturas sobre sus posiciones en dólares.

Fondos de pensiones y aseguradoras europeas han elevado de forma significativa el grado de cobertura cambiaria, un síntoma claro de que el dólar ya no se percibe como una protección adicional frente al riesgo, sino como una fuente potencial de volatilidad.

Geopolítica, defensa y nuevos equilibrios


El distanciamiento de EE. UU. respecto a sus aliados ha tenido un efecto colateral inmediato: otros bloques están reforzando su autonomía estratégica. Europa acelera el gasto en defensa, Asia busca equilibrios propios y los acuerdos comerciales entre regiones ganan protagonismo al margen de Washington.

Este cambio redistribuye flujos de capital. Sectores ligados a defensa, infraestructuras y seguridad fuera de EE. UU. empiezan a ganar atractivo, mientras que la concentración histórica del capital global en activos estadounidenses se diluye progresivamente.

La Fed, otro foco de incertidumbre


A todo esto se suma el debate sobre la independencia de la Reserva Federal. El relevo en la presidencia del banco central y la presión política aumentan la percepción de que la política monetaria podría volverse más volátil e impredecible. Para el inversor internacional, esto es un factor adicional a la hora de exigir una mayor prima de riesgo.

Incluso si no se produce una ruptura clara, la simple duda ya es suficiente para alterar decisiones de asignación de activos a largo plazo.

En conjunto, el mensaje es claro: el “riesgo EE. UU.” ha dejado de ser teórico. No implica abandonar el mercado estadounidense, pero sí reducir su peso relativo y ampliar la diversificación geográfica. En un mundo más fragmentado y políticamente inestable, invertir fuera de EE. UU. ya no es una opción exótica, sino una necesidad estratégica.

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