Se dan situaciones en la economía de EE.UU. comparables con la Gran Recesión.

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Capitalbolsa | 26 may, 2026 17:00
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Puntos clave
  • La morosidad del crédito al consumo en EE.UU. se acerca a niveles de la Gran Crisis Financiera.
  • El deterioro es especialmente visible en tarjetas de crédito, préstamos para automóviles y deuda estudiantil.
  • La vivienda sigue aguantando, lo que diferencia este episodio del colapso financiero de 2008.

El mercado estadounidense sigue marcando máximos, pero bajo la superficie aparece una señal incómoda: el estrés del crédito al consumo se ha intensificado hasta niveles comparables a los de la Gran Crisis Financiera. El análisis de MishTalk, basado en el informe de crédito de los hogares de la Reserva Federal, muestra un deterioro claro en varias categorías de deuda no hipotecaria.

El dato más relevante no está en la vivienda, sino en el consumo. Los hogares estadounidenses parecen estar priorizando el pago de sus hipotecas, pero muestran dificultades crecientes para atender tarjetas de crédito, préstamos de automóviles, deuda estudiantil y otros créditos personales.

Tarjetas y autos, las señales más preocupantes

La morosidad a más de 90 días en tarjetas de crédito se sitúa en el 13,12%, muy cerca del máximo registrado durante la Gran Crisis Financiera, cuando alcanzó el 13,74%. En préstamos para automóviles, la situación es incluso más llamativa: la morosidad llega al 5,60%, por encima del pico del 5,27% registrado en aquel periodo.

También la deuda estudiantil muestra niveles elevados, con una morosidad del 10,34%, frente al máximo del 11,83% de la crisis financiera. En términos nominales y reales, autos, tarjetas, préstamos estudiantiles y otras categorías de crédito presentan importes de morosidad superiores a los observados en la Gran Recesión.

La lectura es clara: el problema no está concentrado en la vivienda, sino en el consumidor. La presión de precios, tipos altos y endeudamiento empieza a reflejarse en impagos cada vez más visibles.

Más de 600.000 millones en mora no hipotecaria

Excluyendo vivienda, el volumen de deuda con retrasos de 90 días o más alcanza unos 484.000 millones de dólares. Si se amplía el foco a la morosidad de 60 días o más, la cifra ronda los 621.000 millones de dólares.

El desglose refleja la magnitud del problema:

  • Préstamos de automóviles: unos 94.000 millones de dólares en mora de más de 90 días.
  • Tarjetas de crédito: unos 164.000 millones.
  • Préstamos estudiantiles: unos 171.000 millones.
  • Otros créditos: unos 55.000 millones.

En mora de 60 días o más, las cifras son todavía mayores: alrededor de 135.000 millones en autos, 207.000 millones en tarjetas, 212.000 millones en deuda estudiantil y 67.000 millones en otros créditos.

La vivienda marca la diferencia con 2008

La comparación con la Gran Crisis Financiera debe hacerse con cuidado. En 2008, el epicentro del problema fue la vivienda y el sistema hipotecario. Ahora, la morosidad hipotecaria se mantiene en niveles mucho más bajos: apenas el 1,09% frente al 8,89% registrado en el pico de la crisis.

Las líneas de crédito hipotecario también muestran una situación mucho más contenida, con una morosidad del 0,95%, muy lejos del 4,93% observado entonces. Esto reduce el riesgo de una repetición exacta de 2008, pero no elimina el problema económico de fondo.

No estamos ante una crisis hipotecaria clásica. El riesgo actual es más silencioso: un consumidor que paga la casa, pero empieza a fallar en casi todo lo demás.

Qué implica para la economía y los mercados

El deterioro del crédito al consumo puede tener implicaciones importantes para la economía estadounidense. Si los hogares destinan una parte creciente de sus ingresos a atender deudas atrasadas, el margen para consumir se reduce. Y si el consumo se enfría, también puede resentirse el crecimiento económico.

Este dato contrasta con el tono optimista de Wall Street, impulsado por beneficios empresariales sólidos, inteligencia artificial y máximos históricos en los índices. Pero la fortaleza bursátil no elimina las señales de presión financiera en los hogares.

La conclusión es que el consumidor estadounidense sigue resistiendo, pero cada vez con menos margen. Mientras la vivienda aguante, el riesgo sistémico será menor que en 2008. Sin embargo, la subida de la morosidad en tarjetas, autos y préstamos estudiantiles es una señal temprana de fragilidad que los mercados no deberían ignorar.

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