El shock real de la IA no es la burbuja es la onda expansiva que viene después

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Capitalbolsa | 01 dic, 2025 16:00
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Puntos clave
  • La IA no es una burbuja clásica, sino un cambio estructural que reordena la economía y los mercados.
  • El masivo CapEx en IA enmascara una economía en K, con sectores muy fuertes y otros casi en recesión.
  • Una cartera inteligente combina líderes de IA, cuellos de botella, adoptantes y cíclicas infravaloradas.

En su artículo original, el analista Leo Nelissen sostiene que el verdadero shock de la inteligencia artificial no está en una supuesta burbuja, sino en lo que ocurrirá después. Nosotros compartimos esa visión: el riesgo principal no es solo que algunos valores ligados a la IA estén caros, sino que el mercado subestime la profundidad del cambio estructural que viene en términos de productividad, empleo y redistribución de beneficios entre sectores.

La historia del estudio de productividad de la IA elaborado por un estudiante del MIT y posteriormente retirado, que Nelissen cita como ejemplo, ilustra bien el momento actual. La IA ha multiplicado la capacidad humana para producir información, pero también ha generado una oleada de contenido difícil de verificar. Esa mezcla de avances reales y “basura de IA” no invalida la disrupción, pero sí aumenta la probabilidad de decisiones de inversión guiadas por narrativa y no por fundamentales.

Una economía en K bajo el paraguas de la IA


Nelissen recuerda que los indicadores adelantados, como el Índice Líder del Conference Board, señalan un entorno típicamente asociado a recesión. Sin embargo, los beneficios del S&P 500 continúan creciendo a doble dígito y las previsiones para los próximos años siguen siendo robustas. La explicación que propone es una economía en forma de K: una parte del tejido productivo, especialmente la gran tecnología, avanza con fuerza, mientras otra parte sufre una debilidad muy similar a la de una recesión encubierta.

En esa economía partida en dos, el enorme CapEx en inteligencia artificial actúa casi como un programa de estímulo privado: sostiene el crecimiento, eleva los beneficios de un grupo reducido de compañías y, al mismo tiempo, oculta las tensiones que ya se observan en sectores más cíclicos y sensibles al ciclo de tipos y crédito.

Otra idea clave del artículo de Leo Nelissen es que la comparación con burbujas anteriores, como la de las telecomunicaciones de los años noventa, es incompleta. Entonces, el despliegue de redes se financió principalmente con deuda, mientras que el actual ciclo de IA está liderado por hiperescaladores como Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft u Oracle, que han arrancado el ciclo gastando el propio flujo de caja y solo después han recurrido de forma creciente al crédito privado y al mercado de bonos.

CapEx masivo, activos perecederos y carrera armamentista


A diferencia de infraestructuras históricas como el ferrocarril, con una vida útil de muchas décadas, los activos críticos de la IA se deprecian con rapidez. Las GPUs y NPUs que alimentan los centros de datos tienen hoy una vida económica de pocos años. Según resalta Nelissen, eso convierte el despliegue de IA en una auténtica carrera armamentista: las grandes plataformas no pueden dejar de invertir si quieren mantener su ventaja competitiva, y la demanda de cómputo crece de forma exponencial a medida que pasamos de entrenar modelos a explotarlos masivamente en fase de inferencia.

El autor anticipa que la verdadera disrupción llegará en el “segundo acto” de la IA: cuando la tecnología deje de ser solo una herramienta de productividad incremental y empiece a generar nuevas industrias, a transformar la sanidad, la logística o la fabricación, y a cuestionar fosos competitivos que parecían inatacables. Ese proceso, probablemente concentrado en la próxima década, será tan lleno de oportunidades como de fricciones en el mercado laboral.

Cómo trasladar la tesis de Nelissen a una cartera


A partir de las ideas de Leo Nelissen, nosotros pensamos que la forma sensata de posicionarse no es apostar ciegamente por cualquier valor etiquetado como “IA”, sino construir una estructura de cuatro capas. Primero, los cuellos de botella: energía, redes eléctricas, infraestructuras y compañías de servicios que permiten físicamente el despliegue de centros de datos. Segundo, los líderes de plataforma con modelo de negocio capaz de convertir el CapEx en beneficios recurrentes.

Tercero, los adoptantes inteligentes: grandes empresas de distribución, transporte o servicios donde pequeñas mejoras de eficiencia, gracias a la IA, se traducen en un impacto muy relevante en el beneficio neto. Y, por último, las cíclicas infravaloradas en sectores hoy deprimidos pero llamados a beneficiarse de la relocalización industrial y de la automatización asociada a esta nueva ola tecnológica.

Reflexión de Capital Bolsa

Coincidimos con Leo Nelissen en que el foco excesivo en si hay o no “burbuja de IA” puede desviar la atención de lo realmente importante: estamos ante una reconfiguración profunda de la economía y de los mercados. Nuestra opinión es que tiene sentido mantener exposición a la IA, pero dentro de una estructura diversificada que combine activos reales, sectores cíclicos de calidad y líderes tecnológicos con capacidad probada de monetización. De este modo, el inversor puede aspirar a capturar la oportunidad sin convertir su cartera en una apuesta binaria sobre la narrativa de moda del momento.

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