¿Se está adelantando el oro a los acontecimientos?
A pesar del renovado apetito por el riesgo que marcó el inicio de la semana, el oro volvió a brillar, superando de nuevo los 4.100 dólares por onza con un repunte cercano al 3%. Mientras las bolsas celebraban el inminente fin del cierre del gobierno estadounidense, el metal precioso avanzó con fuerza, desafiando su papel tradicional como activo refugio.
Desde los mínimos de finales de octubre, cuando cayó hasta los 3.900 dólares, el oro ha recuperado ya cerca del 6%, situándose justo sobre el nivel de retroceso de Fibonacci del 50%, una referencia técnica clave que, de mantenerse, podría abrir la puerta hacia los 4.200 dólares y, posteriormente, hacia los máximos de octubre en torno a 4.375-4.380 dólares.
La pregunta es inevitable: si los activos de riesgo suben, ¿por qué el oro también? Tal vez el metal esté asumiendo un nuevo papel híbrido —a medio camino entre refugio y activo especulativo—, impulsado por exceso de liquidez, temores inflacionarios y preocupaciones sobre el endeudamiento global, especialmente en Estados Unidos, Japón y Francia.
Además, los bancos centrales siguen acumulando reservas y los ETF respaldados por oro encadenan su quinto mes consecutivo de entradas, con 8.200 millones de dólares en compras durante octubre, de los cuales China aportó 4.500 millones.
Este renovado entusiasmo plantea una paradoja: si los inversores se muestran tan optimistas con el oro, ¿qué están anticipando realmente sobre el riesgo global? Si la historia inflacionaria se enfría en 2026, el impulso alcista podría frenarse, pero por ahora, oro y acciones parecen avanzar en paralelo.
Sin embargo, como advierte Justin Low, no sería descabellado pensar que las razones que hoy impulsan al oro podrían volverse, más adelante, el talón de Aquiles de los mercados de riesgo.