Europa evita la contracción, pero sigue atrapada en el estancamiento

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Capitalbolsa | 14 jul, 2026 11:32
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Puntos clave
  • La caída de la energía puede aliviar la presión sobre consumidores y empresas, especialmente en Europa.
  • La economía de la zona euro parece avanzar hacia el estancamiento, pero evita por ahora una contracción más profunda.
  • El principal riesgo para los mercados está pasando de la magnitud de los recortes de tipos a los posibles errores de política económica.

La caída de los precios de la energía puede convertirse en uno de los principales factores de apoyo para la economía europea durante los próximos meses, según las perspectivas de Muzinich & Co.

La gestora considera que Europa está especialmente bien posicionada para beneficiarse de este alivio, debido al elevado peso que el coste de la energía tiene sobre la actividad industrial, los márgenes empresariales y el poder adquisitivo de los hogares.

Esta evolución contribuye a reforzar la divergencia entre Estados Unidos y Europa. Mientras la economía estadounidense mantiene una mayor fortaleza, acompañada de presiones inflacionistas más persistentes, la zona euro continúa mostrando un crecimiento muy débil.

Europa pasa de la contracción al estancamiento

Muzinich & Co. señala que los indicadores económicos de la zona euro han quedado, en general, por debajo de las expectativas. Sin embargo, los últimos datos empiezan a dibujar un escenario algo menos negativo.

La economía europea no muestra todavía señales claras de recuperación, pero parece estar abandonando progresivamente la fase de contracción para entrar en una situación de estancamiento.

La mejora no implica una recuperación sólida, pero sí reduce el riesgo de un deterioro económico más profundo en la zona euro.

Una energía más barata puede ayudar a estabilizar el consumo, mejorar la competitividad de las empresas y reducir parte de las presiones inflacionistas. También ofrece mayor margen al Banco Central Europeo para adaptar su política monetaria a una economía con escaso crecimiento.

El foco del mercado empieza a cambiar

Al comienzo de 2026, los inversores centraban su atención en calcular la magnitud del relajamiento monetario que necesitarían las principales economías.

La cuestión dominante era cuántas bajadas de tipos podrían aprobar los bancos centrales y con qué rapidez se producirían. Sin embargo, ese debate está siendo sustituido progresivamente por otro más complejo: el riesgo de que las autoridades cometan errores de política económica.

Este riesgo puede adoptar distintas formas. Los bancos centrales podrían endurecer demasiado las condiciones financieras para combatir la inflación, o mantener los tipos elevados durante demasiado tiempo y provocar un deterioro innecesario del crecimiento.

También existe la posibilidad contraria: que relajen prematuramente la política monetaria y permitan que las presiones inflacionistas vuelvan a acelerarse.

Una divergencia con consecuencias para los mercados

La diferencia entre Estados Unidos y Europa puede tener implicaciones relevantes para los bonos, las divisas y la renta variable.

Una economía estadounidense más resistente puede mantener elevados los tipos de interés durante más tiempo, mientras que el menor crecimiento europeo podría justificar una política monetaria más flexible.

Esta divergencia puede favorecer a determinados activos europeos si la caída de la energía mejora los márgenes empresariales y permite una estabilización económica. Sin embargo, el escaso dinamismo de la zona euro sigue limitando el potencial de crecimiento de los beneficios.

El mercado ya no analiza únicamente cuánto bajarán los tipos, sino si las autoridades serán capaces de actuar sin provocar un nuevo desequilibrio.

Para Muzinich & Co., la caída de los precios energéticos aporta un apoyo importante, especialmente para Europa, pero no elimina los riesgos. La economía sigue siendo vulnerable y el margen de actuación de los bancos centrales se ha reducido.

El escenario más probable apunta a una Europa estabilizándose en niveles de crecimiento muy bajos, frente a unos Estados Unidos más fuertes, pero también más expuestos a la persistencia de la inflación y a unos tipos elevados.

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