El dinero inteligente sigue entrando en los ETF de CLO pese al temor al crédito privado y al riesgo del software

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Capitalbolsa | 24 abr, 2026 11:35
inteligentecbdinero21
Puntos clave
  • Los ETF de CLO siguen captando dinero pese a las dudas sobre el crédito privado.
  • La exposición al software preocupa por el posible impacto disruptivo de la inteligencia artificial.
  • Los inversores buscan rentabilidad, diversificación y deuda de mayor calidad dentro de estructuras complejas.

El crédito privado atraviesa un momento incómodo. Aumenta el escrutinio regulatorio, crecen las peticiones de reembolso en algunos vehículos no cotizados y el mercado observa con más atención la exposición del sector al software, una industria que podría verse alterada por el avance de la inteligencia artificial. Sin embargo, según Joy Wiltermuth, de MarketWatch, una parte del dinero sigue entrando con fuerza en fondos cotizados vinculados a este universo.

La paradoja está en los ETF de CLO, fondos que invierten en obligaciones garantizadas por préstamos, conocidas como collateralized loan obligations. Aunque muchos inversores se muestran más prudentes con el crédito privado, estos productos han captado alrededor de 6.000 millones de dólares en lo que va de año hasta el 10 de abril, según datos citados por Deutsche Bank.

Por qué entra dinero pese al ruido

El atractivo principal está en que muchos ETF de CLO compran deuda de máxima calidad dentro de estas estructuras, especialmente tramos Triple A. Esto permite a los inversores exponerse a crédito corporativo con una posición más defensiva que la inversión directa en deuda de empresas más débiles.

Además, estos vehículos ofrecen liquidez diaria, cotización pública y una rentabilidad reciente razonablemente estable. El ETF JAAA, uno de los mayores del segmento, acumula una rentabilidad a un año cercana al 5%, en contraste con el comportamiento mucho más débil de los BDC, otro tipo de vehículo ligado al crédito privado.

La clave no es que el mercado haya dejado de preocuparse por el crédito privado, sino que está distinguiendo entre vehículos, calidad de deuda, liquidez y nivel de riesgo asumido.

El software, el punto más sensible

Uno de los principales focos de preocupación es la exposición al sector del software. Según Moody’s, este segmento representa cerca del 10% de los activos de los CLO estadounidenses. En el caso de los BDC, la exposición mediana se acerca al 25%, lo que convierte al software en su principal área de riesgo.

El temor es sencillo: si la inteligencia artificial sustituye parte de los servicios que hoy prestan muchas compañías de software, algunas empresas muy endeudadas podrían ver deteriorarse sus ingresos, márgenes y capacidad de pago. No se trata necesariamente de un golpe inmediato, pero sí de un riesgo que podría desarrollarse durante varios años.

CLO frente a BDC: dos perfiles muy distintos

Aunque ambos instrumentos ayudan a financiar compañías de menor calidad crediticia, el comportamiento reciente ha sido muy distinto. Los ETF de CLO han seguido recibiendo entradas, mientras que otras áreas del crédito de alto riesgo, como préstamos apalancados y bonos basura, han sufrido salidas.

Los BDC, por su parte, han soportado más presión. Algunos fondos no cotizados ligados al crédito privado afrontan fuertes solicitudes de reembolso, mientras que los vehículos cotizados han sufrido una caída de valoración que, según VanEck, podría ofrecer una oportunidad para inversores que buscan transparencia de precios y liquidez diaria.

La IA también exigirá mucha financiación

La inteligencia artificial no solo representa una amenaza para ciertas empresas de software. También es una enorme fuente de demanda de financiación. Goldman Sachs estima que grandes tecnológicas como Amazon, Alphabet, Meta y Microsoft podrían gastar unos 4,5 billones de dólares en centros de datos de IA hasta el ejercicio fiscal 2030.

Una inversión de esa magnitud probablemente requerirá combinar distintas vías de financiación: préstamos apalancados, deuda de alto rendimiento, crédito privado y banca tradicional. Esto puede mantener vivo el interés por estructuras financieras capaces de canalizar capital hacia compañías expuestas a esa transformación.

La IA es, al mismo tiempo, una amenaza para determinados modelos de software y un motor de financiación para todo el ecosistema tecnológico.

Un mercado que exige más selección

El mensaje de fondo es que el inversor ya no puede tratar el crédito privado como un bloque homogéneo. No es lo mismo un fondo no cotizado con problemas de reembolsos que un ETF líquido de CLO centrado en tramos de alta calidad. Tampoco es igual una exposición diversificada que una cartera muy concentrada en software vulnerable a la disrupción tecnológica.

En un entorno de volatilidad macroeconómica, tensiones geopolíticas y dudas sobre el impacto de la inteligencia artificial, los flujos hacia ETF de CLO reflejan una búsqueda de rentabilidad con mayor control del riesgo. Pero el riesgo no desaparece: simplemente se desplaza hacia la calidad de los activos, la estructura del producto y la capacidad de absorber impagos si el ciclo se deteriora.

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