Oro: señales contradictorias de una economía en transició

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Capitalbolsa | 04 nov, 2025 17:21
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El oro se ha convertido en uno de los protagonistas indiscutibles de 2025. Su ascenso meteórico —seguido de correcciones puntuales— ha desconcertado incluso a veteranos del mercado como Jim O’Neill, exministro del Tesoro británico y antiguo presidente de Goldman Sachs Asset Management.

En su último análisis, O’Neill reconoce mantener una visión “paradójica” sobre el metal precioso: lo ve simultáneamente como una posible burbuja y como un refugio estratégico frente a un mundo financiero en transformación.

Por un lado, el economista apunta a un comportamiento típico de euforia especulativa. El oro ha superado con creces la rentabilidad del sector tecnológico estadounidense, y el fenómeno del FOMO —el miedo a quedarse fuera— parece alimentar compras impulsivas sin un sustento macroeconómico sólido. Con los rendimientos de los bonos a la baja y una inflación que se modera, O’Neill considera lógico que muchos vean en el oro un exceso de optimismo más que una tendencia racional.

Sin embargo, el propio O’Neill admite que la visión alcista también tiene argumentos de peso. Recuerda episodios pasados —como en los años noventa, cuando él mismo apostó por el oro desde Goldman Sachs— en los que la combinación de deuda pública creciente y políticas monetarias expansivas justificaba un movimiento hacia activos reales. Desde entonces, afirma, “la desconfianza hacia las divisas tradicionales ha ido en aumento”, y países como China y Rusia han incrementado sus reservas estratégicas en oro para reducir su dependencia del dólar.

Según O’Neill, este comportamiento de los grandes bancos centrales y el bloque de países emergentes BRICS responde tanto a razones geopolíticas como a la búsqueda de estabilidad monetaria. Aun así, advierte que no todo se explica por movimientos estructurales: los ciclos de tipos de interés reales siguen siendo determinantes. Cuando la Reserva Federal o el Banco Central Europeo se muestran más proclives a relajar sus políticas —o incluso a pausar nuevas subidas—, el precio del oro tiende a fortalecerse, en línea con la caída de los rendimientos reales.

De acuerdo con el análisis de Jim O’Neill, el comportamiento actual del oro encaja dentro de ese patrón: la expectativa de un entorno de política monetaria más laxa sostiene los precios, aunque el avance reciente haya superado lo justificable por los fundamentos.

El exbanquero concluye con una nota de prudencia: ni los optimistas ni los escépticos pueden predecir el próximo movimiento con certeza. El oro, asegura, sigue siendo un termómetro de las tensiones entre la confianza en las instituciones financieras y la necesidad de refugio ante un sistema global en plena reconfiguración.

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