ORO: Goldman pone el objetivo en 4.900 $ y el mercado empieza a creerlo

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Capitalbolsa | 07 ene, 2026 16:45 - Actualizado: 14:09
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Puntos clave
  • El oro vive uno de los tramos alcistas más intensos de los últimos años.
  • La compra masiva de bancos centrales está sosteniendo el movimiento.
  • Los inversores profesionales buscan ingresos recurrentes, no solo revalorización.

El oro está en llamas. En un contexto marcado por nuevas tensiones comerciales, políticas arancelarias agresivas y un renovado apetito por activos refugio, el metal precioso se ha convertido en uno de los grandes protagonistas del mercado en 2025. La combinación de incertidumbre geopolítica, deterioro fiscal y desconfianza monetaria está empujando a inversores e instituciones a refugiarse en el activo que históricamente ha preservado valor cuando todo lo demás tiembla.

El movimiento no es marginal. Firmas de primer nivel han empezado a ajustar seriamente sus previsiones y algunas ya hablan abiertamente de precios que hace solo unos años parecían imposibles. En este escenario, el oro ha dejado de ser un simple “seguro” para convertirse en una apuesta estratégica de largo plazo.

Goldman Sachs eleva el listón

Goldman Sachs ha puesto números a esta tendencia y ha lanzado un mensaje claro al mercado: el oro podría alcanzar los 4.900 dólares en 2026. Esta previsión no llega en el vacío. Se apoya en varios pilares estructurales que, lejos de disiparse, parecen reforzarse con el paso de los meses.

Por un lado, la política comercial de Estados Unidos vuelve a introducir fricciones globales. Por otro, la confianza en las divisas fiduciarias se erosiona a medida que los déficits públicos crecen y la deuda se acumula. En ese entorno, el oro vuelve a ejercer su papel clásico como ancla de valor.

Los bancos centrales no esperan

Quizá el dato más revelador del actual ciclo sea el comportamiento de los bancos centrales. Las compras se sitúan en torno a 710 toneladas por trimestre, un ritmo históricamente elevado. No se trata de movimientos tácticos, sino de una estrategia deliberada de diversificación de reservas y reducción de dependencia del dólar.

Cuando los bancos centrales compran oro de forma sistemática, no buscan “timing”. Buscan protección estructural. Y ese flujo constante actúa como un suelo muy sólido para el precio.

A este flujo institucional se suma la demanda privada. Inversores de todo el mundo buscan proteger su patrimonio frente a la inflación persistente, la volatilidad de los mercados financieros y los riesgos políticos. El resultado es un mercado en el que la oferta apenas puede seguir el ritmo de la demanda.

El giro inteligente: cobrar mientras el oro sube

Pero aquí es donde entra el matiz interesante. Los inversores profesionales no se limitan a “sentarse” sobre el oro esperando que suba. Cada vez más buscan fórmulas para monetizar el movimiento y generar ingresos recurrentes mientras mantienen exposición al metal.

Existen vehículos que, con una inversión relativamente modesta —en torno a 15 dólares por participación—, transforman la fortaleza del oro en ingresos mensuales que pueden alcanzar cifras relevantes, sin necesidad de operar activamente, utilizar derivados complejos ni almacenar lingotes físicos.

La clave no es solo que el oro suba, sino cómo estructurar la exposición para que el inversor cobre mientras espera. Es ahí donde se está moviendo el dinero profesional.

Esta oportunidad ya está en marcha y, como suele ocurrir en los grandes movimientos de mercado, el factor tiempo es crucial. Si el oro entra en una fase aún más acelerada, las mejores estructuras suelen cerrarse rápido o encarecerse.

En definitiva, el oro vuelve a ocupar el centro del tablero. No solo como refugio, sino como activo generador de rentas en un mundo cada vez más incierto. Y quienes entienden el ciclo no esperan a que el movimiento sea evidente para todos.

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