Nvidia y OpenAI enfrían su megacuerdo, pero siguen condenados a entenderse

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Capitalbolsa | 04 feb, 2026 15:00
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Puntos clave
  • El megacuerdo de 100.000 millones de dólares entre Nvidia y OpenAI sigue sin concretarse cinco meses después de su anuncio.
  • Ambas compañías han diversificado: Nvidia invierte en otros laboratorios de IA y OpenAI firma acuerdos con rivales de chips.
  • Pese a las fricciones percibidas, Nvidia y OpenAI siguen dependiendo mutuamente para sostener su crecimiento.

La relación entre Nvidia y OpenAI, dos de los grandes protagonistas del boom de la inteligencia artificial, atraviesa una fase delicada. Cinco meses después de que Jensen Huang y Sam Altman anunciaran en televisión un ambicioso acuerdo valorado en 100.000 millones de dólares, el contrato definitivo no se ha firmado y no se ha desembolsado un solo dólar, alimentando dudas entre los inversores sobre el verdadero estado de la alianza.

Un megacuerdo anunciado, pero todavía “en pausa”


El pacto presentado en septiembre contempla el desarrollo por parte de OpenAI de una enorme infraestructura de cómputo con capacidad de 10 gigavatios de potencia, basada en sistemas de Nvidia. La idea era que el primer gigavatio entrara en funcionamiento en la segunda mitad de 2026, activando entonces un primer tramo de inversión de 10.000 millones de dólares por parte del fabricante de chips.

Sin embargo, informaciones recientes apuntan a que las negociaciones están “en hielo” y a que dentro de Nvidia han surgido dudas sobre el modelo de negocio de OpenAI. La propia compañía ya había introducido cautelas en sus documentos regulatorios, avisando de que no hay garantías de firmar acuerdos definitivos en relación con esta oportunidad.

Tanto Huang como Altman han tratado de rebajar la tensión en público. El CEO de Nvidia sostiene que “no hay drama” en la relación y ha reiterado que espera participar en la próxima ronda de financiación de OpenAI, mientras que Altman insiste en que aspira a ser “un cliente gigantesco durante mucho tiempo” y se muestra sorprendido por el ruido generado en torno al acuerdo.

Dependencia mutua en plena diversificación


Pese a los roces, la realidad operativa es que las dos compañías siguen profundamente entrelazadas. OpenAI necesita un volumen masivo de GPUs de Nvidia para sostener el crecimiento de ChatGPT y del resto de sus servicios, mientras que Nvidia depende de clientes como OpenAI para demostrar el valor de sus sistemas de alto coste y mantener el impulso de ventas que ha disparado su capitalización bursátil por encima de los 4 billones de dólares.

Al mismo tiempo, ambas partes se están diversificando. Nvidia ha utilizado su abultada caja para invertir en otros laboratorios de IA, como Anthropic, con el objetivo de reducir la concentración en unos pocos hiperescaladores. OpenAI, por su parte, ha cerrado acuerdos con AMD, Broadcom y Cerebras para el suministro y desarrollo de nuevos chips, asumiendo que una sola compañía no puede cubrir toda su demanda de cómputo.

Desde la propia OpenAI se subraya que su infraestructura sigue corriendo sobre GPUs de Nvidia y que la demanda de capacidad de cálculo no deja de crecer, hasta el punto de que “el mundo necesita órdenes de magnitud más compute” que en la actualidad. La relación, por tanto, continúa siendo estratégica incluso aunque el gran acuerdo de septiembre se demore.

Una década de colaboración y un futuro por definir


La historia compartida entre Nvidia y OpenAI se remonta a hace casi una década, cuando el laboratorio aún era una organización sin ánimo de lucro poco conocida y fue el primer cliente interesado en el sistema DGX. Desde entonces, el ascenso de la IA generativa ha impulsado de forma paralela el crecimiento de ambas: los ingresos trimestrales de Nvidia se han multiplicado casi por diez desde el lanzamiento de ChatGPT, mientras OpenAI ha alcanzado cientos de millones de usuarios semanales y aspira a valoraciones superiores a los 800.000 millones de dólares.

El reto ahora es encajar esa dependencia mutua con una realidad en la que cada actor busca minimizar riesgos, diversificar proveedores y evitar una exposición excesiva a un solo socio. La forma en la que se resuelva el supuesto “atasco” del megacuerdo será clave no solo para Nvidia y OpenAI, sino para el conjunto del ecosistema de IA, que observa de cerca cómo se define la arquitectura industrial de la próxima década.

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