La IA crea un “Ricitos de Oro”… pero el mercado podría estar dormido ante el verdadero riesgo
Puntos clave
- El mercado vive un “Ricitos de Oro” impulsado por la IA: crecimiento sólido, inflación moderándose y empleo aún estable.
- La curva SOFR podría estar infravalorando la intensidad de los próximos recortes de tipos.
- El riesgo está en el impacto futuro de la IA sobre el empleo y en posibles tensiones en la curva de tipos.
Estamos en una fase curiosa del mercado. La inteligencia artificial está actuando como catalizador de crecimiento, empujando el PIB al alza mientras la inflación se enfría y el empleo, al menos en apariencia, se mantiene firme. Es el escenario perfecto: crecimiento suficiente, precios contenidos y bancos centrales sin demasiada presión. Un auténtico “Ricitos de Oro” versión IA.
Sin embargo, cuando miramos más allá de los titulares optimistas, empiezan a aparecer grietas. La curva de futuros del SOFR descuenta un proceso muy gradual de bajadas de tipos en 2026, probablemente uno o dos recortes como máximo, con un suelo por encima del 3%. Es decir, el mercado asume que no habrá recesión, que la inflación será pegajosa y que el empleo seguirá resistiendo. Pero esa narrativa puede estar siendo demasiado complaciente.
El mercado laboral, por ejemplo, muestra señales de debilitamiento bajo la superficie. Las nóminas han ido perdiendo impulso en los últimos trimestres y las revisiones suelen confirmar que el crecimiento real del empleo es más débil de lo que inicialmente se publica. Los salarios también se han estancado. No estamos en una crisis laboral, pero sí en una desaceleración silenciosa.
Por el lado de la inflación, algunos indicadores alternativos sugieren que podría estar más cerca del objetivo de lo que reflejan las estadísticas oficiales. Los alquileres de mercado se han enfriado con claridad y la energía sigue en niveles bajos. Si la inflación real es menor de lo que se informa, la política monetaria actual sería, en términos efectivos, más restrictiva de lo que parece.
A esto se suma el componente político. El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, asumirá el cargo en un contexto de presión para relajar las condiciones financieras, además de coincidir con un ciclo electoral relevante. Aunque se le considere de perfil más ortodoxo, no puede ignorarse que la administración quiere tipos más bajos. Ese posible giro aún no está completamente descontado por el mercado.
En este entorno, el escenario base es atractivo: IA sosteniendo la productividad, inflación cediendo y recortes de tipos más agresivos de lo que hoy se espera. Eso beneficia a la renta variable, al oro y a los activos de corto plazo.
Pero no todo es tan sencillo. La misma IA que hoy impulsa la eficiencia podría provocar, en una segunda fase, una destrucción más intensa de empleo. Si eso se traduce en menor demanda agregada, el equilibrio se rompería y entraríamos en un ciclo más frágil. Además, tipos más bajos podrían empujar al alza el tramo largo de la curva, generando tensiones financieras inesperadas.
En definitiva, el mercado disfruta ahora de los beneficios de la revolución tecnológica, mientras los costes aún no se han materializado plenamente. El impulso sigue ahí y la tendencia es constructiva, pero también estamos más cerca del final de un ciclo que de su comienzo. La IA es claramente alcista a largo plazo, pero también será disruptiva. Y esa disrupción, tarde o temprano, pasará factura.