El enorme rendimiento superior del oro hace que Bitcoin parezca más atractivo a largo plazo, dice el estratega de JPMorgan

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Capitalbolsa | 05 feb, 2026 11:50 - Actualizado: 18:30
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Puntos clave

  • Tras un año de fuerte sobre-rentabilidad del oro frente a bitcoin, en JPMorgan empiezan a ver más atractivo relativo en la criptomoneda a largo plazo.
  • El precio de bitcoin cotiza ya por debajo de su coste de producción estimado, mientras el oro se ha encarecido alrededor de un tercio en el mismo periodo.
  • La tesis de JPMorgan se apoya en la convergencia de volatilidad entre ambos activos y en un potencial de revalorización muy elevado si bitcoin recupera su papel de cobertura extrema.

El violento cambio de liderazgo entre oro y bitcoin en los últimos meses ha dado la vuelta al relato clásico de “activo refugio”. Desde los máximos de octubre de 2025, cuando la criptomoneda llegó a superar los 126.000 dólares, su precio se ha desplomado más de un 40% hasta acercarse a los 70.000, justo cuando el oro encadenaba una subida de aproximadamente un tercio impulsada por la búsqueda de seguridad tradicional y las dudas sobre el papel de bitcoin como cobertura ante escenarios extremos.

El oro se dispara y bitcoin entra en zona de castigo


El resultado de este movimiento cruzado es un sentimiento muy negativo hacia bitcoin y un entusiasmo casi unánime hacia el oro. Los ETF al contado de la criptomoneda registran salidas constantes, reflejo de la desconfianza tanto de inversores minoristas como institucionales, mientras que el metal precioso se beneficia de un renovado flujo de entrada como reserva de valor clásica.

Según recuerda el estratega de mercados globales de JPMorgan, bitcoin cotiza ahora claramente por debajo de su coste de producción estimado, en torno a 87.000 dólares. Ese desequilibrio podría obligar a salir del mercado a los mineros menos eficientes, lo que, con el tiempo, ajustaría a la baja el propio coste de producción. Es un punto de partida típico de fases de “capitulación”, en las que el mercado castiga con dureza un activo antes de que pueda reconstruir una nueva base de largo plazo.

En paralelo, la volatilidad del oro ha aumentado hasta el punto de reducir la brecha histórica frente a bitcoin. La relación de volatilidad entre ambos activos, medida en ventanas móviles de tres y seis meses, se ha desplazado hasta aproximadamente 1,5 veces, un mínimo histórico que cambia la lectura clásica de “cripto ultra volátil frente a metal estable”.

La llamada contraria de JPMorgan: el potencial teórico de 266.000 dólares


A partir de esa convergencia de volatilidad, el estratega de JPMorgan, Nikolaos Panigirtzoglou, plantea una idea claramente contraria al consenso actual: ajustando por volatilidad, la capitalización de mercado de bitcoin tendría que acercarse a los 266.000 dólares por unidad para equiparar la inversión privada en oro, que estima en unos 8 billones de dólares (excluyendo las reservas de bancos centrales).

El propio estratega admite que ese nivel no es un objetivo realista para este año, pero lo utiliza como referencia para ilustrar el potencial alcista de largo plazo si el sentimiento actual se normaliza y bitcoin vuelve a percibirse como una alternativa comparable al oro en escenarios de estrés extremo. No se trata tanto de un precio objetivo inmediato como de una forma de dimensionar el posible recorrido si el mercado revisa de nuevo su visión sobre el activo.

La clave de la tesis es doble: por un lado, la sobresaturación del posicionamiento en oro tras su fuerte rally reciente; por otro, el hecho de que la corrección de bitcoin ha ido lo bastante lejos como para poner en duda la viabilidad de parte de la infraestructura de minería. En ese contexto, el castigo actual podría dar paso, con el tiempo, a un nuevo ciclo alcista si se reconstruye la narrativa de “cobertura frente a catástrofes”.

Lectura para el inversor: oportunidad estructural, riesgo elevado


El mensaje de JPMorgan no es que bitcoin vaya a multiplicarse en cuestión de meses, sino que, a estos niveles, la relación riesgo-retorno de largo plazo empieza a ser más favorable que la del oro, siempre que el inversor acepte una volatilidad muy elevada y un perfil de riesgo claramente superior. El debate ya no es solo qué activo ha funcionado mejor en el último año, sino cuál ofrece más recorrido potencial cuando el ciclo de miedo y euforia vuelva a girar.

Para las carteras que contemplan activos alternativos, esta visión sugiere que el oro seguiría ocupando el papel de pilar defensivo clásico, mientras que bitcoin se situaría como apuesta estructural de alto riesgo y alto potencial, cuyo peso debería dimensionarse con prudencia. La combinación de ambos, más que la elección excluyente de uno u otro, será probablemente el verdadero eje del debate en los próximos años.

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