La gran burbuja que todos ven y la que de verdad preocupa a los inversores

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Capitalbolsa | 13 ene, 2026 15:00
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Puntos clave
  • No sería una burbuja “clásica” de mercado, pero sí hay riesgo de burbujas por sectores.
  • La IA se parece más a una burbuja de inflexión: innovación real, pero ganadores selectivos.
  • La estrategia: exposición moderada, diversificación y foco en “picks & shovels”.

La gran pregunta vuelve a estar sobre la mesa: ¿estamos en una burbuja? Como plantea Leo Nelissen, la respuesta no es un sí o un no rotundo. El mercado no muestra, por ahora, rasgos de una burbuja generalizada al estilo puntocom, pero eso no elimina el riesgo: la euforia puede estar concentrándose en áreas concretas —y ahí es donde el golpe suele llegar primero.

Una burbuja distinta: no todo lo que sube es “humo”

Según explica Nelissen, el auge de la inteligencia artificial se apoya en gigantes muy rentables, con balances sólidos y capacidad real de inversión. Esa es una diferencia importante frente a burbujas históricas: aquí no hablamos de promesas sin ingresos, sino de empresas que ya generan caja y dominan sectores enteros.

Ahora bien, el margen de error es estrecho. Para justificar valoraciones elevadas, el mercado necesita ver expansión de márgenes y, sobre todo, que el gasto masivo en centros de datos y hardware de IA se traduzca en retornos tangibles. En otras palabras: la IA tiene que “pagar la factura”.

La oportunidad existe, pero el precio de equivocarse es alto cuando la valoración ya descuenta mucho.

Howard Marks y la idea clave: “burbujas de inflexión”

Como viene recogido en el enfoque de Howard Marks —y desarrolla Nelissen— no todas las burbujas son iguales. Hay burbujas de “reversión a la media”, que no dejan valor tras estallar, y hay burbujas de inflexión, construidas sobre progreso real: ferrocarriles, internet… y posiblemente la IA.

El matiz es crucial: en una burbuja de inflexión, la tecnología termina cambiándolo todo, pero no todos los activos sobreviven. Muchos inversores pierden dinero por apostar al “caballo equivocado” o por entrar tarde y sin margen de seguridad. El ejemplo clásico es la era puntocom: algunas compañías desaparecieron, pero otras como Amazon acabaron siendo ganadoras enormes tras una caída brutal.

El riesgo que se está subestimando: deuda y retorno real

Como advierte Nelissen, el despliegue de la IA se está financiando cada vez más con deuda, aprovechando el acceso privilegiado de las grandes tecnológicas a los mercados de capitales. Eso añade presión: si los retornos tardan más o si la vida útil del hardware es menor de lo esperado, el ajuste puede llegar por la vía de beneficios, amortizaciones y expectativas.

La estrategia: ni todo dentro, ni todo fuera

Según señala Howard Marks —en la interpretación que recoge Nelissen— el enfoque más razonable en un entorno incierto es una exposición moderada, selectiva y prudente. No tiene sentido ir “all-in” ignorando el riesgo de ruina, pero tampoco quedarse al margen y perderse una de las grandes transformaciones tecnológicas.

Picks & shovels: ganar con la IA sin perseguir la euforia

Como propone Nelissen, una forma práctica de participar sin depender del “hype” es centrarse en los beneficiarios indirectos: energía, redes, construcción y mantenimiento de centros de datos, industrial y electrificación. Es decir, los “picks & shovels” de la fiebre del oro: empresas que se benefician del ciclo de inversión sin necesitar promesas lejanas para justificar su valor.

Además, el autor pone el foco en compañías tradicionales de ingresos enormes y márgenes bajos, donde pequeñas mejoras de eficiencia derivadas de la IA podrían multiplicar beneficios. Aquí la clave es el foso competitivo: si todos se vuelven más eficientes a la vez, el beneficio puede trasladarse a consumidores y precios; por eso importa tanto la ventaja estructural.

La idea final: participar en la IA, sí; pero con disciplina, diversificación y evitando activos que solo viven de expectativas.

Conclusión

En síntesis, como sostiene Leo Nelissen, no estamos necesariamente ante una burbuja general del mercado, pero sí ante un entorno donde pueden formarse burbujas puntuales en activos y subsectores. La IA es innovación real, pero con ganadores limitados. Por eso, el mejor plan combina exposición moderada, selección exigente y una preferencia clara por beneficiarios “de infraestructura” frente a apuestas hiperespeculativas.

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