Del “sell America” al wishful thinking: por qué el optimismo de Trump choca con la realidad
- Trump frena el “sell America” con un giro de discurso en Davos, calmando temporalmente a los mercados.
- Las valoraciones son ahora mucho más exigentes, especialmente en tecnología e IA, lo que limita subidas rápidas.
- El Dow 100.000 parece más un deseo político que un escenario realista para 2026.
La corrección de los mercados que esperábamos se ha materializado esta semana, con caídas generalizadas en los principales índices. Europa ha sufrido algo más que Estados Unidos, mientras que en Wall Street los descensos han sido contenidos. Todo ello en un contexto de elevada volatilidad y jornadas intensas, en el que el discurso de Donald Trump en Davos ha vuelto a demostrar hasta qué punto la política y los mercados financieros están hoy estrechamente entrelazados.
Como explica Juan Carlos Ureta, presidente ejecutivo, las caídas podrían haber sido mayores de no haberse producido ese nuevo giro de Trump, que dio marcha atrás a sus planes más agresivos sobre Groenlandia y a la amenaza de sanciones a aliados clave. El simple cambio de tono, apuntando a un “marco futuro de acuerdo” en el seno de la OTAN, bastó para frenar un episodio de ventas sincronizadas que recordaba peligrosamente a lo vivido en abril tras el llamado “Día de la Liberación”.
Trump sí mira a las bolsas
Una de las lecturas más relevantes del episodio, según Juan Carlos Ureta, es que Trump sí se preocupa —y mucho— por la reacción de los mercados. Aunque desde el Tesoro se haya insistido en que la bolsa solo beneficia a una minoría, la experiencia de abril demostró que el desplome de bonos y acciones forzó un rápido cambio de rumbo. En Davos ha vuelto a ocurrir lo mismo, solo que esta vez Trump ha reaccionado antes de que el daño fuera mayor.
Trump quiere bolsas al alza y las quiere ya, porque identifica la evolución de Wall Street como el mejor termómetro de apoyo político de cara a las elecciones de mitad de mandato.
De ahí su atrevido pronóstico de un Dow Jones en 50.000 puntos de forma inmediata y, posteriormente, en 100.000 puntos en un plazo relativamente corto. Una afirmación que recuerda a la recomendación explícita de comprar bolsa justo antes de dar marcha atrás con los aranceles en abril.
Un contexto muy distinto al de abril
Sin embargo, Juan Carlos Ureta subraya que el contexto actual es muy diferente. Las bolsas han subido con fuerza desde abril, especialmente en Estados Unidos y en los valores tecnológicos ligados a la inteligencia artificial. El Nasdaq acumula cerca de un 55% de subida desde mínimos, y otros activos como el oro y la plata superan el 60%. Este “mal de altura” explica reacciones muy duras del mercado ante resultados que, en otro entorno, habrían sido bien recibidos.
Además, el entorno macro tampoco es idéntico. Aunque la inflación sigue relativamente contenida y el crecimiento se mantiene, empiezan a percibirse signos de deterioro en el empleo y en las expectativas de consumo. De ahí medidas como el intento de limitar los intereses de las tarjetas de crédito, la intervención en el mercado inmobiliario o el anuncio de un “dividendo de los aranceles” para los ciudadanos estadounidenses.
Incertidumbre global y límites al optimismo
En Europa, el dinamismo sigue siendo débil, mientras que China, pese a anunciar un crecimiento del 5% en 2025, continúa digiriendo el exceso de inversión del pasado. En este contexto, revertir el “sell America” es relativamente sencillo —el atractivo estructural de Estados Unidos sigue intacto—, pero forzar un rally inmediato y explosivo en bolsa es mucho más complicado.
Los mercados aceptan cada vez más el “modelo económico de Trump”, pero penalizan la incertidumbre, el ruido y la imprevisibilidad de su estilo.
La visión de Juan Carlos Ureta es clara: no se esperan catástrofes ni recesiones, pero tampoco una explosión alcista a corto plazo. Tras tres años de fuertes subidas, el escenario más razonable para 2026 es el de avances moderados, de un solo dígito, con episodios de volatilidad y correcciones intermedias.
En ese marco, pensar en un Dow Jones en 100.000 puntos parece más un ejercicio de “wishful thinking” que una expectativa realista para este año. La próxima semana, con los resultados de cuatro de las “siete magníficas” y la reunión de la Reserva Federal, servirá para comprobar si la calma tras Davos se consolida o si el mercado vuelve a poner a prueba la paciencia de los inversores.