Comparación de la IA con otras 11 explosiones de inversión de capital: Cuando estallan y vuelven a repuntar.
- Raymond James compara el boom de inversión en IA con once grandes ciclos históricos de gasto de capital.
- La conclusión es incómoda: los grandes booms de capex suelen terminar en una fase de ajuste o ruptura.
- Eso no significa que la IA sea inútil; históricamente, muchos booms acabaron siendo muy positivos para la economía a largo plazo.
La gran pregunta que domina ahora los mercados es sencilla: ¿cuánto tiempo puede durar el boom de inversión en inteligencia artificial? Según Raymond James, el actual ciclo de gasto en IA ya se sitúa a la altura de algunos de los mayores episodios de inversión de capital de los últimos 150 años.
El equipo de estrategia liderado por Tavis McCourt ha comparado la fiebre inversora actual con otros once grandes ciclos históricos, entre ellos la expansión ferroviaria en Estados Unidos, la movilización industrial de la Segunda Guerra Mundial y la burbuja de activos japonesa. La conclusión es clara: la IA puede seguir impulsando mercados y economía durante un tiempo, pero difícilmente escapará por completo al patrón histórico de auge y posterior ajuste.
El patrón habitual de los grandes booms
Raymond James describe una secuencia bastante repetida en los grandes ciclos de gasto de capital. Primero aparece una innovación tecnológica relevante. Después llegan las primeras pruebas de rentabilidad, lo que atrae más capital, concentra carteras y eleva las valoraciones de las compañías ganadoras.
En la fase actual, esa dinámica se observa con claridad en los valores ligados a semiconductores, centros de datos, memoria y computación avanzada. El Nasdaq 100 acumula una fuerte subida en 2026, mientras que compañías como Micron empiezan a recoger parte del entusiasmo que antes se concentraba casi exclusivamente en Nvidia.
La historia de los booms de inversión no suele terminar cuando la tecnología deja de ser útil, sino cuando el capital invertido empieza a superar la capacidad real de generar retornos suficientes.
El problema llega cuando se cierra el acceso al capital
En los grandes ciclos de inversión, el auge suele venir acompañado de bolsas al alza, diferenciales de crédito estrechos, rentabilidades de los bonos largos más elevadas e inflación acelerándose. Mientras el dinero fluye y los beneficios esperados siguen aumentando, el ciclo se retroalimenta.
La ruptura suele llegar después, cuando aparece un shock externo o cuando el mercado empieza a cuestionar la rentabilidad futura del gasto. Entonces caen las acciones, se amplían los diferenciales de crédito y se endurece el acceso a financiación.
- Costes de financiación más altos: encarecen nuevos proyectos y reducen retornos esperados.
- Exceso de capacidad: aparece cuando la inversión supera la demanda real.
- Retrasos en flujos de caja: los beneficios prometidos tardan más de lo previsto en llegar.
- Reflexividad de precios: la caída bursátil limita la capacidad de seguir financiando el boom.
La IA no sería una excepción histórica
Raymond James es contundente: resulta difícil encontrar un ejemplo histórico de un boom de gasto de capital tan grande, rápido, concentrado y financiado privadamente que no haya terminado en una fase de ajuste. La cuestión, por tanto, no sería si llegará una corrección, sino cuándo y qué la provocará.
El ciclo de IA tiene varios rasgos que elevan el riesgo: concentración en pocas compañías, fuerte dependencia de gasto corporativo, necesidades masivas de infraestructura y expectativas muy exigentes sobre retorno futuro. Mientras los beneficios acompañen, el mercado puede seguir premiando a los ganadores. Pero si se percibe sobrecapacidad o retraso en la monetización, el ajuste puede ser brusco.
El riesgo no es que la inteligencia artificial sea una moda sin valor. El riesgo es pagar valoraciones que exigen una ejecución perfecta durante muchos años.
Un ajuste no invalida la revolución tecnológica
Una de las ideas más importantes del análisis es que un estallido del boom no significa que la inversión haya sido inútil. Muchos grandes ciclos de gasto terminaron en crisis iniciales, pero dejaron infraestructuras, productividad y avances económicos que fueron decisivos durante décadas.
La expansión ferroviaria, las redes de telecomunicaciones, la movilización industrial o la inversión tecnológica de distintos ciclos acabaron generando valor económico de largo plazo, aunque los inversores que compraron en la fase más eufórica sufrieran pérdidas importantes.
La distinción es clave: una tecnología puede ser transformadora para la economía y, al mismo tiempo, decepcionante para los inversores que entran demasiado tarde o pagan múltiplos excesivos.
Qué vigilar en el ciclo actual de IA
Para saber si el boom de IA sigue sano o empieza a deteriorarse, el mercado debería vigilar varios indicadores: evolución del gasto de capital de las grandes tecnológicas, demanda real de capacidad de cómputo, márgenes de proveedores, precios de memoria y chips, financiación de centros de datos y señales de sobrecapacidad.
Mientras el capex siga aumentando y las revisiones de beneficios acompañen, el mercado puede mantener el impulso. Pero si las empresas empiezan a reducir inversión, retrasar proyectos o cuestionar la rentabilidad de los centros de datos, el ciclo entraría en una fase mucho más delicada.
- Semiconductores: primer termómetro del ciclo de inversión.
- Memoria y HBM: posible cuello de botella, pero también zona de riesgo si se amplía demasiado la capacidad.
- Centros de datos: el núcleo físico del boom de IA.
- Crédito privado y financiación: clave para sostener proyectos de infraestructura.
Una conclusión incómoda para el mercado
La lectura de Raymond James no es bajista sobre la inteligencia artificial como tecnología, pero sí advierte contra la complacencia inversora. Los grandes booms pueden durar más de lo esperado y crear enormes ganadores, pero también suelen terminar con una fase de ajuste cuando el gasto de capital empieza a caer.
Para los inversores, la clave es no confundir una megatendencia económica con una garantía bursátil. La IA puede transformar la productividad, la estructura empresarial y el mercado laboral durante décadas. Pero eso no impide que las acciones más expuestas atraviesen correcciones severas si las expectativas se adelantan demasiado a los resultados.
En definitiva, el boom de inteligencia artificial puede seguir vivo, pero el mercado ya ha entrado en una fase en la que cada dólar invertido deberá justificar su retorno. La historia sugiere que la tecnología puede cambiar el mundo; también sugiere que los inversores suelen pagar demasiado en la fase más entusiasta del ciclo.