El gestor que anticipó la explosión de los valores IA pone el foco en un nuevo sector

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Capitalbolsa | 12 feb, 2026 13:45 - Actualizado: 09:14
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Mientras el mercado sigue obsesionado con qué compañías de software sobrevivirán a la próxima ola de disrupción por inteligencia artificial, una firma conocida por adelantarse a grandes tendencias propone una idea mucho más simple: dejar de buscar “moats” digitales y centrarse en aquello que no puede replicarse con un prompt.

Esa es la tesis de Citrini Research, el grupo fundado por James van Geelen —uno de los primeros en identificar el impacto transformador de la IA en 2022 y en detectar el auge de los medicamentos contra la obesidad en 2023—. Su planteamiento actual es claro: la jugada inteligente en IA no está en el código, sino en los átomos.

De los bits a los átomos

Según Citrini, el mercado ya ha exprimido las oportunidades más evidentes del llamado “stuff over digital”: generación eléctrica, infraestructura de red, mineras de cobre o nuclear. Son negocios que han captado gran parte del capital y que, en muchos casos, ya cotizan cerca de escenarios de perfección.

La nueva fase, en su opinión, está más arriba en la cadena de valor: materiales avanzados y procesos industriales críticos que alimentan sectores como defensa, electrificación, aeroespacial, espacio y, por supuesto, inteligencia artificial.

La lógica es potente: la infraestructura de centros de datos, el aumento del gasto militar y la transición energética están presionando cadenas de suministro ya concentradas. Y hay materiales cuya sustitución es prácticamente imposible.

Uranio, titanio y tungsteno: lo que no se puede “programar”

Un ejemplo es el uranio. Citrini destaca el papel de Solstice Advanced Materials, operador de la única instalación estadounidense capaz de convertir hexafluoruro de uranio, un eslabón esencial en el ciclo del combustible nuclear. La acción acumula fuertes subidas este año, pero la firma cree que aún hay recorrido, apoyándose en carteras de pedidos crecientes.

El titanio es otro material clave. Participa tanto en aplicaciones de defensa, industriales y médicas como en la producción de dióxido de titanio para construcción y automoción. Sin embargo, para convertirse en metal utilizable debe transformarse en “esponja”, un proceso complejo cuya producción está altamente concentrada en Japón. Estados Unidos importa más del 95% de esta forma procesada.

Más discreto pero igual de estratégico es el tungsteno. Su densidad extrema y resistencia al calor lo hacen indispensable en robótica, vehículos eléctricos, semiconductores y defensa. En un contexto de tensiones geopolíticas crecientes, su suministro concentrado lo convierte en un activo estratégico.

La conclusión es evidente: no todo puede resolverse con software. Hay cuellos de botella físicos que sostienen ventajas estructurales.

Electrificación y materiales “poco glamourosos”

Citrini también señala el acero eléctrico, imprescindible para transformadores y motores de vehículos eléctricos, así como aluminio y fibra de carbono. Son materiales poco llamativos, pero sin ellos la electrificación simplemente no funciona.

A ello se suma la tesis de “picos y palas”: si las compañías mineras y de materiales deben invertir para ampliar capacidad y renovar equipos, los fabricantes de maquinaria pesada y los proveedores de químicos especializados también se benefician.

La idea no es apostar por una narrativa tecnológica de moda, sino por restricciones reales de oferta, ciclos de cualificación largos y ausencia de sustitutos.

Una prima para lo insustituible

El mensaje final de Citrini es contundente: debería asignarse una prima a aquello de lo que no se puede salir con una línea de código. Especialmente cuando confluyen cuatro factores: oferta concentrada, procesos largos de certificación, ausencia de sustitución viable y una demanda impulsada simultáneamente por defensa, electrificación, aeroespacial y la infraestructura de IA.

En un momento en que el mercado debate qué software resistirá la próxima ola de automatización, la tesis propone mirar más abajo en la cadena: a los materiales y procesos que sostienen físicamente esa revolución.

Porque, al final, la inteligencia artificial puede transformar industrias. Pero no puede fabricar titanio ni tungsteno con un prompt.

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