Estas 8 acciones podrían formar la columna vertebral de la IA a medida que los chips se vuelven más potentes
- La nueva generación de chips de IA será más potente, pero también más exigente en energía.
- El cuello de botella ya no está solo en los semiconductores, sino en la electricidad, la refrigeración y la infraestructura.
- Más allá de Nvidia, surgen oportunidades en empresas “backbone” del ecosistema de IA, muchas aún con valoraciones atractivas.
La carrera de la inteligencia artificial está entrando en una nueva fase. Según explican Britney Nguyen y Emily Bary en un análisis reciente, el foco del mercado empieza a desplazarse desde los chips hacia todo aquello que permite que esos chips funcionen a gran escala. Y es que, aunque los nuevos procesadores de Nvidia prometen ser más eficientes, su mayor potencia implica una demanda energética creciente, lo que intensifica la presión sobre redes eléctricas, centros de datos y sistemas de refrigeración.
El verdadero cuello de botella: la electricidad
Como resume Matthew Sallee, responsable de inversiones en Tortoise Capital, hace unos años el problema era fabricar suficientes chips. Hoy, el reto es conseguir electricidad suficiente. Los grandes proyectos de IA no solo necesitan semiconductores avanzados, sino un suministro energético estable, redundante y continuo.
Esta realidad abre la puerta a invertir en empresas de infraestructura crítica: refrigeración líquida, generación eléctrica, gas natural, utilities independientes o incluso antiguos mineros de bitcoin que están reconvirtiendo su capacidad hacia centros de datos.
Más allá de Nvidia: invertir en la “columna vertebral” de la IA
Uno de los nombres destacados es Modine Manufacturing, una compañía centenaria que ha sabido adaptar su experiencia industrial al desarrollo de soluciones de refrigeración líquida para centros de datos. Aunque el valor ha sufrido tras comentarios de Nvidia que minimizaban la necesidad de ciertos sistemas de enfriamiento, Sallee considera que el mercado ha sobrerreaccionado. Su tesis es clara: los chips serán más eficientes, sí, pero también mucho más potentes, lo que hará crecer la necesidad total de refrigeración.
A pesar de las caídas recientes, Modine cotiza a múltiplos moderados y podría registrar un crecimiento de flujo de caja de doble dígito, lo que refuerza el atractivo del valor como “infraestructura silenciosa” de la IA.
La IA no solo se construye con chips: se apoya en electricidad, frío y redundancia.
De mineros de bitcoin a centros de datos
Otro grupo interesante es el de antiguas compañías de minería de criptomonedas como IREN o TeraWulf. Estas empresas han descubierto que su acceso temprano a tierra, energía y capacidad instalada puede reutilizarse para alojar centros de datos de IA.
Aunque el modelo es distinto —la IA exige operar 24/7 y fuertes inversiones en adaptación—, estas compañías parten con ventaja frente a nuevos entrantes. Además, siguen cotizando a múltiplos bajos sobre EBITDA estimado, lo que abre la puerta a una revalorización significativa si firman contratos con grandes tecnológicas.
Energía: gas, nuclear y utilities independientes
En el frente energético, destacan nombres como Williams, cuya red de gasoductos en la Costa Este permite no solo transportar gas, sino también generar electricidad mediante sistemas de compresión. Según los analistas, los grandes clientes de IA están dispuestos a pagar por capacidad dedicada y estabilidad, asegurando retornos atractivos.
También ganan protagonismo las utilities independientes ligadas a la energía nuclear, como Constellation Energy o Vistra. En el caso de Constellation, los incentivos fiscales a la nuclear introducen un suelo de precios que reduce el riesgo del negocio y mejora la visibilidad de ingresos.
A medida que las reservas de capacidad eléctrica se reduzcan en los próximos años, los operadores regionales podrían verse obligados a pagar más por potencia adicional, un factor que podría empujar al alza los precios de la electricidad.
La pieza olvidada: el residuo nuclear
El auge de la nuclear como apoyo a la IA también trae retos menos visibles, como la gestión de residuos. En este ámbito aparece Amentum, una compañía especializada en contratos de largo plazo con el Departamento de Energía de EE. UU. para el tratamiento, transporte y almacenamiento de residuos nucleares.
Es un negocio poco atractivo a nivel narrativo, pero esencial para que la nuclear pueda escalar como solución energética en la era de la inteligencia artificial.
Conclusión: la IA se gana por detrás del escenario
La conclusión del análisis es clara: más allá de los grandes nombres de los chips, la verdadera oportunidad puede estar en las empresas que sostienen la infraestructura invisible de la IA. Electricidad, refrigeración, energía nuclear, gas y centros de datos forman la columna vertebral de esta revolución tecnológica.
Para el inversor, esto abre una vía distinta —y potencialmente menos saturada— de participar en el auge de la inteligencia artificial: invertir no solo en quienes diseñan los chips, sino en quienes hacen posible que funcionen a escala global.
Fuente: Britney Nguyen y Emily Bary, MarketWatch.