El impacto de los aranceles estadounidenses se refleja en las cifras comerciales de Alemania y Francia, pero ¿hay una preocupación mayor?
Alemania y Francia publicaron hoy sus datos comerciales correspondientes a diciembre y al conjunto de 2025, y las cifras dejan varias conclusiones relevantes sobre cómo están cambiando los flujos comerciales en Europa.
En el caso alemán, China ha vuelto a situarse como su principal socio comercial, superando de nuevo a Estados Unidos. Las exportaciones alemanas a EE. UU. cayeron alrededor de un 9% en el conjunto del año, mientras que las importaciones procedentes de China crecieron a un ritmo superior al 9%. Este cambio refleja de forma bastante clara el impacto de los aranceles estadounidenses, que han afectado especialmente a sectores clave como el automóvil.
Ante esta caída de ventas a Estados Unidos, Alemania se ve obligada a reforzar sus relaciones comerciales con otros países para sostener su posición económica. China emerge como el gran beneficiario de este reajuste, no solo por el aumento del comercio bilateral, sino también porque puede redireccionar hacia Europa productos que inicialmente estaban destinados al mercado estadounidense. Con los aranceles de Trump erosionando los márgenes en EE. UU., muchas empresas chinas están desviando sus ventas hacia otros destinos, y Europa se ha convertido en uno de los más atractivos.
Este fenómeno se ve reforzado por la transición energética europea, que facilita la entrada de productos chinos como paneles solares, componentes para turbinas eólicas y vehículos eléctricos. El aumento de la demanda de estos bienes encaja tanto con los objetivos climáticos europeos como con la necesidad china de dar salida a su exceso de capacidad industrial.
Francia presenta un caso algo distinto y especialmente interesante. China y Estados Unidos compiten por ser su principal socio comercial. La demanda francesa de productos chinos fue sólida durante 2025, pero, a diferencia de Alemania, las exportaciones francesas a Estados Unidos se mantuvieron relativamente resistentes en el conjunto del año, lo que podría llevar a pensar que el impacto de los aranceles fue limitado. Sin embargo, esta lectura es incompleta.
Conviene recordar que los aranceles más elevados sobre vinos y licores franceses entraron en vigor en agosto de 2025, aunque las amenazas existían desde meses antes. Esto permitió a muchos productores adelantar exportaciones antes de la aplicación efectiva de los gravámenes. Cuando se observan las cifras posteriores, el impacto es claro: en el segundo semestre de 2025, las exportaciones de vino francés a EE. UU. cayeron más de un 39%, y las de bebidas espirituosas descendieron cerca de un 47% en el cuarto trimestre. En conjunto, las exportaciones de bebidas a Estados Unidos se redujeron más de un 20% en el año, lo que supone una pérdida aproximada de 831 millones de euros.
En resumen, los datos confirman que la política arancelaria estadounidense está teniendo un impacto negativo real en las relaciones comerciales entre EE. UU. y las principales economías europeas. Al mismo tiempo, esta situación está abriendo la puerta a una mayor integración comercial dentro de Europa y con China, que está aprovechando el contexto para reforzar su presencia en el mercado europeo.
China no solo está cubriendo la demanda de países como Alemania y Francia, sino que también está colocando productos originalmente fabricados para el mercado estadounidense. Para lograrlo, las empresas chinas compiten agresivamente en precios, lo que se traduce en productos más baratos, especialmente en sectores como la electrónica de consumo y la confección.
Aquí surge un riesgo más profundo. A medida que China desvía estos productos hacia otros mercados a precios bajos, se produce un impacto estructural en las cadenas de suministro locales. Con el tiempo, las empresas europeas pueden verse forzadas a depender cada vez más de insumos y componentes chinos, ya que resultan significativamente más baratos gracias al exceso de capacidad en China. Las compañías que no se adapten corren el riesgo de quedar fuera del mercado.
En esencia, lo que está ocurriendo es que China está exportando deflación de forma indirecta a las economías que absorben estos flujos comerciales. Este efecto puede no ser evidente de inmediato, especialmente en un entorno en el que los mercados vuelven a hablar de inflación, pero constituye un riesgo externo relevante para el medio plazo.
Si las relaciones comerciales globales con Estados Unidos no mejoran, este factor podría convertirse en un problema macroeconómico tangible en los próximos años, posiblemente a partir de 2027 o 2028, cuando la dependencia de las cadenas de suministro chinas esté aún más consolidada.