El petróleo golpea a Europa: las bolsas cierran con fuertes pérdidas por el miedo a Ormuz
- Las bolsas europeas cierran con fuertes pérdidas por el repunte del petróleo y la tensión en Ormuz.
- El mercado empieza a cuestionar la euforia de abril y vuelve a mirar el riesgo de estanflación.
- La inteligencia artificial sostiene la tesis de fondo, pero no elimina el riesgo de una corrección del 5%-10%.
Las bolsas europeas han cerrado la sesión con fuertes pérdidas, penalizadas por una combinación incómoda de riesgo geopolítico, petróleo disparado, presión sobre los bonos y dudas sobre los bancos centrales. El detonante inmediato ha vuelto a estar en el estrecho de Ormuz, después de nuevas informaciones sobre tensión entre Irán y Estados Unidos que impulsaron con fuerza el precio del crudo y provocaron ventas en la renta variable europea. El Brent llegó a subir con intensidad, en un movimiento que reavivó el temor a un nuevo shock energético global.
El problema para los inversores no es solo que el petróleo se acerque de nuevo a niveles extremos. Es lo que ese movimiento implica: más inflación, menor renta disponible, presión sobre márgenes empresariales y menor margen para que los bancos centrales relajen su política monetaria. Además, el mercado europeo también ha recibido presión adicional por las amenazas arancelarias de Estados Unidos sobre el automóvil europeo, un factor especialmente sensible para Alemania y para el conjunto del sector industrial.
Abril dejó una paradoja difícil de sostener
La caída de hoy obliga a revisar la gran pregunta que plantea Juan Carlos Ureta, presidente ejecutivo de Renta 4 Banco: ¿estamos ante el inicio de un crash o ante un nuevo ciclo global de crecimiento? La cuestión no es menor, porque abril había dejado una imagen casi eufórica de los mercados pese a un entorno macroeconómico y geopolítico muy deteriorado.
Ureta recuerda que el MSCI World subió un 9,4% en abril, con avances muy fuertes en Wall Street: el Nasdaq 100 ganó un 15,6%, el S&P 500 avanzó un 10,4% y el Russell 2000 repuntó un 12,2%. También hubo ganancias en Europa y Asia, aunque más moderadas. Ese comportamiento resulta llamativo en un contexto de guerras abiertas, deuda pública elevada, tensión energética, incertidumbre sobre la inteligencia artificial y confianza del consumidor en niveles muy deprimidos.
La sesión europea de hoy introduce una advertencia clara: el mercado puede celebrar la inteligencia artificial y los buenos resultados, pero sigue siendo extremadamente vulnerable a un nuevo shock energético.
La IA sostiene el mercado, pero no lo inmuniza
La gran explicación de la fortaleza reciente sigue siendo la inteligencia artificial. Ureta destaca que los valores tecnológicos han liderado las subidas, especialmente aquellos vinculados directa o indirectamente a la IA. Intel ha seguido escalando con fuerza tras sus resultados, mientras Alphabet se ha convertido en una de las grandes protagonistas del mercado al superar a Apple y Microsoft por capitalización bursátil y acercarse al liderazgo de Nvidia.
Los resultados empresariales también han ayudado. Más del 80% de las compañías que han publicado cifras del primer trimestre han superado las estimaciones del consenso, lo que ha dado munición al mercado para defender la tesis de que la economía no se está deteriorando tan rápido como temían los más pesimistas.
Pero el cierre europeo demuestra que esa tesis tiene límites. La IA puede mejorar productividad, márgenes y expectativas de crecimiento a largo plazo, pero no evita que una subida brusca del petróleo golpee a las bolsas en el corto plazo. Tampoco elimina el riesgo de que los bancos centrales se vean forzados a mantener o incluso endurecer su política monetaria si la inflación energética se enquista.
El error que el BCE no puede repetir
Uno de los puntos más importantes del análisis de Ureta está en los bancos centrales. En Europa, el riesgo es que el BCE interprete el repunte energético como un problema que debe combatirse con subidas de tipos, cuando en realidad se trata de un shock de oferta y no de un exceso de demanda.
La comparación con Trichet es pertinente. El BCE subió tipos en 2008 poco antes de la quiebra de Lehman y volvió a hacerlo en 2011 antes del recrudecimiento de la crisis del euro. En ambos casos, el endurecimiento monetario llegó cuando la economía ya se estaba debilitando. Repetir ahora ese error sería peligroso, especialmente si la inflación viene provocada por petróleo, gas o materias primas críticas.
La clave no está solo en si el petróleo sube, sino en cómo reaccionan los bancos centrales. Si responden a un shock de oferta con más endurecimiento monetario, el riesgo de estanflación aumenta.
Crash o corrección saludable
La caída de hoy no implica necesariamente que estemos ante un crash inminente. Pero sí confirma que el mercado había entrado en mayo con un grado elevado de complacencia. Tras cinco semanas consecutivas de subidas en Wall Street y un abril excepcional, una corrección era razonable. El problema es que el detonante no ha sido técnico, sino macro y geopolítico.
La tesis más equilibrada es la que plantea Ureta: no hay motivos suficientes para abrazar el catastrofismo, pero tampoco para mantener la euforia. La inteligencia artificial puede estar abriendo un nuevo ciclo de crecimiento global, pero ese ciclo convivirá con episodios de volatilidad intensa, especialmente si el petróleo, Ormuz y los bancos centrales siguen marcando la agenda.
Desde un punto de vista de mercado, una corrección del 5%-10% no solo sería posible, sino incluso saludable tras las subidas acumuladas. El riesgo real aparecería si el petróleo se mantiene en niveles extremos durante varias semanas, si los bancos centrales endurecen el tono de forma agresiva o si los resultados empresariales empiezan a deteriorarse.
En definitiva, el cierre europeo deja un mensaje sobrio: abril pudo ser el reflejo de un nuevo ciclo de crecimiento, pero mayo empieza recordando que ese ciclo no será lineal. La IA sigue siendo el gran soporte estructural de las bolsas, pero el petróleo y la geopolítica han vuelto a demostrar que aún tienen capacidad para imponer correcciones violentas.