Los empleadores que despidieron a trabajadores alegando la IA ya están empezando a arrepentirse.

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Capitalbolsa | 01 jul, 2026 15:45
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Puntos clave
  • Algunas empresas están recontratando personal tras sustituir puestos por IA.
  • Ford, Commonwealth Bank of Australia e IBM han reajustado sus estrategias.
  • El mercado empieza a cuestionar que la IA pueda reemplazar procesos humanos complejos.

El entusiasmo empresarial por sustituir empleados mediante inteligencia artificial empieza a mostrar sus límites. Varias compañías que habían reducido plantilla apoyándose en sistemas automatizados están revisando ahora sus decisiones y, en algunos casos, recontratando trabajadores para corregir problemas que la IA no ha logrado resolver.

El debate llega en un momento en el que los inversores observan con más atención la sostenibilidad del boom de la inteligencia artificial en los mercados financieros. La cuestión ya no es solo cuánto pueden invertir las compañías en IA, sino si esas inversiones generan mejoras reales de productividad sin deteriorar la calidad operativa.

Ford vuelve a mirar al talento humano

Uno de los casos más recientes es Ford. Según la información publicada, el fabricante estadounidense estaría recontratando a cientos de ingenieros experimentados para abordar problemas de calidad que los sistemas automatizados no habían conseguido solucionar.

Charles Poon, vicepresidente de ingeniería de hardware de vehículos de Ford, resumió bien el problema: la inteligencia artificial puede ser una herramienta muy potente, pero su eficacia depende de la información con la que haya sido entrenada. En procesos industriales complejos, la experiencia humana sigue siendo difícil de sustituir.

La IA está demostrando ser útil como herramienta de apoyo, pero mucho menos fiable cuando se utiliza como sustituto directo del conocimiento humano.

Commonwealth Bank e IBM también rectifican

Commonwealth Bank of Australia también ha tenido que dar marcha atrás. El banco despidió el año pasado a más de 40 empleados de atención al cliente y los sustituyó por un bot de voz con inteligencia artificial. Sin embargo, el sistema no fue capaz de absorber correctamente la demanda, aumentaron las llamadas y la entidad tuvo que revertir los despidos.

El propio banco reconoció posteriormente que no había tenido suficientemente en cuenta todas las consideraciones comerciales relevantes antes de anunciar los recortes. El caso evidencia uno de los principales riesgos de automatizar demasiado rápido: eliminar personal clave antes de comprobar si la tecnología puede asumir realmente sus funciones.

IBM ofrece otro ejemplo. La compañía automatizó buena parte de sus funciones de recursos humanos, con sistemas capaces de gestionar alrededor del 94% de las solicitudes rutinarias. El problema estaba en el 6% restante: situaciones más complejas, incluidas cuestiones éticas, que requerían criterio humano.

Después de esa experiencia, IBM anunció planes para triplicar la contratación de personal de nivel inicial en Estados Unidos durante 2026. La idea de fondo es clara: si las empresas dejan de incorporar talento joven, pueden quedarse sin cantera profesional en pocos años.

El error de sustituir antes de formar

Los analistas advierten de que despedir empleados al mismo tiempo que se incrementa el uso de inteligencia artificial no siempre es la mejor vía para mejorar el crecimiento. En muchos casos, las empresas están descubriendo que necesitaban precisamente a esos trabajadores para supervisar, entrenar y aplicar correctamente las herramientas de IA.

Un informe de Intuition Labs señala que destinar presupuesto a tecnología para reemplazar humanos, sin invertir al mismo tiempo en formación y mejora de capacidades, dejó a muchos equipos sin la preparación necesaria para aprovechar la inteligencia artificial.

El problema es especialmente relevante cuando los resultados de los sistemas de IA son inconsistentes, inexactos o difíciles de aplicar. En esos casos, las compañías se ven obligadas a reintroducir supervisión humana, lo que puede duplicar esfuerzos, ralentizar decisiones y reducir las ganancias de productividad esperadas.

Datos que apuntan a un cambio de enfoque

Según datos citados por Orgvue, el 39% de los líderes empresariales despidieron empleados como consecuencia de la implementación de inteligencia artificial. Sin embargo, dentro de ese grupo, el 55% reconoce que se tomaron decisiones equivocadas respecto a esos despidos.

Robert Half también apunta en la misma dirección: el 32% de los gerentes de contratación en Estados Unidos afirma haber eliminado un puesto principalmente por la IA y posteriormente haber vuelto a contratar para ese mismo puesto o uno similar.

Estos datos sugieren que la primera fase de adopción de IA, marcada por la idea de sustitución directa de trabajadores, está dando paso a una visión más pragmática: la inteligencia artificial puede elevar la productividad, pero funciona mejor cuando se integra con equipos humanos capaces de supervisarla, corregirla y aplicarla a problemas reales.

Una lectura importante para inversores

Para los mercados, esta tendencia introduce una lectura relevante. Las compañías pueden seguir invirtiendo de forma masiva en inteligencia artificial, pero los retornos no serán automáticos. La mejora de márgenes dependerá de si la IA permite escalar procesos sin dañar calidad, servicio al cliente o capacidad de innovación.

El riesgo es que algunas empresas hayan sobrestimado el ahorro inmediato y subestimado el coste de perder conocimiento interno. En sectores complejos, la automatización completa puede generar errores, retrasos o pérdida de control operativo.

La conclusión es que la IA no está dejando de ser una oportunidad. Pero el mercado empieza a distinguir entre compañías que la usan como una herramienta para reforzar a sus equipos y aquellas que la emplean como excusa para recortar costes sin una estrategia operativa suficientemente sólida.

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