Morgan Stanley advierte: el conflicto con Irán está cambiando las reglas de la diversificación

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Capitalbolsa | 06 mar, 2026 15:05
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Puntos clave
  • El repunte del petróleo por el conflicto con Irán está alterando las correlaciones entre activos financieros.
  • En algunos momentos recientes han caído simultáneamente acciones y bonos, rompiendo la lógica clásica de la cartera 60/40.
  • Los bonos a corto plazo, como los Treasuries a 2 años, siguen manteniendo una correlación negativa con la bolsa y pueden ofrecer diversificación.

En determinados momentos del mercado hay un activo que domina claramente la narrativa financiera. En la actualidad ese activo es el petróleo. El conflicto con Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz están provocando fuertes movimientos en el precio del crudo y obligando a los inversores a reajustar valoraciones en múltiples clases de activos.

Según un análisis reciente de Morgan Stanley, liderado por la estratega Serena Tang, esta situación está generando un problema importante para muchos inversores: el cambio en las correlaciones dentro de la clásica cartera 60% acciones y 40% bonos, una de las estrategias de diversificación más utilizadas en el mundo.

Cuando petróleo, inflación y crecimiento se cruzan


La lógica tradicional de la cartera 60/40 es sencilla: las acciones aportan crecimiento y los bonos estabilidad e ingresos. En un entorno de desaceleración económica, las bolsas suelen caer, pero el precio de los bonos tiende a subir, amortiguando las pérdidas.

Sin embargo, en los últimos días se ha observado un comportamiento diferente. El fuerte repunte del petróleo ha provocado episodios en los que tanto las acciones como los bonos han caído simultáneamente. Como es habitual, cuando los precios de los bonos bajan, sus rendimientos suben.

El motivo es que el encarecimiento del petróleo no está reflejando expectativas de mayor crecimiento económico, sino riesgos geopolíticos que reducen la oferta. En ese contexto, el aumento del precio de la energía puede elevar la inflación sin mejorar el crecimiento, lo que perjudica tanto a la renta variable como a la renta fija.

La correlación negativa tradicional entre acciones y bonos se basa en que crecimiento e inflación suelen moverse en la misma dirección. Cuando el petróleo empuja la inflación al alza mientras frena el crecimiento, esa relación puede romperse.

Un recuerdo incómodo para los inversores


Para Morgan Stanley, esta dinámica recuerda a lo ocurrido tras la pandemia. Entre 2021 y 2023, el temor a la inflación provocó fuertes pérdidas en los bonos al mismo tiempo que las bolsas sufrían por el deterioro del crecimiento económico.

En ese periodo, las carteras 60/40 registraron uno de sus peores comportamientos anuales en casi un siglo. Desde entonces, muchos inversores se preguntan si los bonos siguen funcionando realmente como activo diversificador.

El actual repunte del petróleo vuelve a plantear la misma pregunta: ¿se han roto las correlaciones?

Los bonos a corto plazo siguen diversificando


Según Morgan Stanley, no todas las partes del mercado de renta fija se comportan igual. Los bonos del Tesoro estadounidense de corta duración siguen mostrando una correlación negativa clara con las acciones.

De hecho, la correlación a doce meses entre los Treasuries a dos años y la bolsa es actualmente muy negativa en comparación con la media de los últimos tres años.

Por el contrario, los bonos de muy largo plazo, como los Treasuries a 30 años, muestran una relación mucho más débil con la renta variable. Parte de este cambio se explica porque los inversores empiezan a ver la deuda pública de largo plazo menos como refugio y más como un activo sensible al riesgo, especialmente en un entorno de elevada incertidumbre política y fiscal.

Reflexión Capital Bolsa

El episodio actual vuelve a recordar una lección importante para los inversores: las correlaciones entre activos no son permanentes. Estrategias que han funcionado durante décadas pueden sufrir tensiones cuando cambian las fuerzas macroeconómicas dominantes.

Si el petróleo continúa marcando el pulso de los mercados, podríamos ver más episodios de presión simultánea sobre acciones y bonos. En ese entorno, la duración de la renta fija y la exposición a energía se convierten en variables clave para la construcción de carteras.

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