2026 abre la brecha: EE.UU. crece con la IA mientras Europa se queda atrás

Patrick Artus, Senior Economic Advisor en Ossiam, affiliate de Natixis IM.

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 13 ene, 2026 09:52
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Puntos clave
  • En 2026 se consolida una divergencia: EE. UU. crece por inversión (IA), Europa se atasca por fricciones estructurales.
  • La IA impulsa actividad y capex, pero con poca creación de empleo relativa por su perfil intensivo en capital.
  • En bolsa, aumenta la cautela: riesgo de rotación desde tecnológicas hacia “picks & shovels” de infraestructura IA.

2026 se perfila como el año en el que se hace más visible una divergencia incómoda: Estados Unidos mantiene un crecimiento relativamente sólido mientras gran parte de Europa y otras economías avanzadas avanzan con el freno echado. El punto de apoyo de la economía estadounidense no sería tanto el consumo como una inversión empresarial potente, estimulada por el despliegue de la inteligencia artificial y todo lo que exige a su alrededor: centros de datos, infraestructuras de computación avanzada, redes eléctricas y capacidad energética.

La paradoja de la IA

La inversión en IA puede sostener el PIB… pero no necesariamente el empleo. Es un crecimiento que “mueve mucho capital” y genera actividad, aunque la creación de puestos de trabajo sea más limitada que en otras expansiones.

Estados Unidos: crecimiento por inversión y capex

La tesis es clara: el gasto de capital asociado a la IA se está convirtiendo en un motor de ciclo. El despliegue de nuevos modelos y servicios exige capacidad de cómputo, chips, almacenamiento, refrigeración, redes y energía. Todo ello impulsa la actividad económica y el flujo de inversión, pero con un matiz importante: al ser un proceso intensivo en capital, la creación de empleo tiende a ser más modesta en comparación con otros periodos expansivos.

Aquí aparece el dilema de la Reserva Federal: por un lado, la economía resiste; por otro, el empleo no despega al mismo ritmo. Si la Fed priorizara el empleo, podría tener margen para recortar tipos, incluso con una trayectoria que lleve el tipo oficial hacia el 3% a finales de 2026. Pero si la inflación y la fortaleza del crecimiento siguen dominando el diagnóstico, lo lógico sería un enfoque más prudente.

Europa, Reino Unido y Japón: crecimiento débil y restricciones estructurales

En Europa, el escenario se complica por una combinación de factores. La zona euro continúa lidiando con presión competitiva por parte de productos chinos, mientras arrastra restricciones estructurales como la reducción de la población en edad de trabajar y un crecimiento de productividad persistentemente bajo. En el Reino Unido, a obstáculos similares se suma la limitación fiscal, que reduce la capacidad de respuesta del sector público. Y en Japón, el freno vendría del deterioro del poder adquisitivo de los hogares: la inflación sigue corriendo por delante del crecimiento salarial.

El resultado es un equilibrio difícil para los bancos centrales europeos y Japón: inflación todavía elevada en varios frentes y un crecimiento flojo. Eso suele traducirse en una política monetaria con menos margen de maniobra y ajustes más limitados.

Inflación y bancos centrales: trayectorias que no van al mismo ritmo

Mientras la inflación se mantendría por encima de los objetivos en EE. UU., Reino Unido y Japón, en la zona euro se espera que esté más cerca del objetivo del BCE. Por eso las trayectorias pueden divergir: recortes en EE. UU. y Reino Unido, estabilidad relativa en la eurozona y subidas graduales en Japón, en un contexto donde las decisiones no dependen solo de inflación, sino también de crecimiento y estabilidad financiera.

En paralelo, los tipos largos van a estar condicionados por cuatro grandes motores: déficits públicos elevados (y en aumento en algunos casos), divergencia de políticas monetarias, el final del endurecimiento cuantitativo en EE. UU. (y posiblemente en Europa y Reino Unido en 2026) y, en general, el apetito del mercado por absorber más papel soberano.

Bolsa: la duda ya no es la IA, es la rentabilidad del capital

En renta variable, el debate se concentra en valoraciones. El sector tecnológico estadounidense llega con múltiplos exigentes y, al mismo tiempo, se espera un ciclo de capex masivo por parte de las compañías que desarrollan modelos de IA. La pregunta clave para el mercado no es si habrá inversión, sino si esas empresas podrán mantener una rentabilidad del capital atractiva en un entorno donde la intensidad de capital aumenta con fuerza.

Lo que empieza a descontar el mercado

El comportamiento reciente sugiere más cautela y aumenta la probabilidad de una rotación: desde la tecnología “pura” hacia los sectores que ponen la infraestructura para la IA (energía, redes, equipamiento, semis, industriales especializados).

En resumen, 2026 puede ser un año de contrastes: EE. UU. avanza apoyado en la inversión ligada a la IA, mientras Europa sigue condicionada por restricciones estructurales y una competencia externa intensa. Y en bolsa, el mercado empieza a exigir una cosa muy concreta: no basta con invertir en IA; hay que demostrar que ese capex se convierte en beneficios sostenibles.

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