Tesla se encuentra en una situación sin salida al enfrentarse a la ira de sus primeros clientes.
- Tesla afronta el malestar de antiguos clientes que pagaron por conducción autónoma completa.
- El hardware HW3 no tendría capacidad suficiente para alcanzar las prestaciones prometidas.
- La solución planteada por Elon Musk podría ser cara, lenta y difícil de ejecutar.
Tesla se encuentra ante un problema incómodo: durante años vendió la idea de que sus vehículos estaban preparados para alcanzar la conducción autónoma completa, pero ahora reconoce que algunos de sus coches más antiguos no cuentan con el hardware necesario. Según William Gavin, de MarketWatch, la compañía intenta buscar una salida para esos primeros clientes, aunque la respuesta inicial de inversores y usuarios ha sido fría.
El foco está en los vehículos equipados con Hardware 3, conocido como HW3. Elon Musk admitió en una llamada con analistas que este sistema no tiene capacidad suficiente para ofrecer conducción plenamente autónoma. El problema es relevante porque decenas o incluso cientos de miles de clientes pudieron pagar por el paquete Full Self-Driving confiando en que sus coches acabarían teniendo esas funciones.
Una promesa que viene de lejos
Desde 2016, Tesla ha defendido que sus vehículos estaban equipados con el hardware necesario para alcanzar una conducción autónoma mucho más segura que la humana. Esa promesa fue uno de los grandes argumentos comerciales de la marca y formó parte del atractivo de comprar un Tesla en sus primeros años de expansión.
Sin embargo, la realidad técnica parece haber chocado con el discurso comercial. Los coches con HW3 se vendieron desde comienzos de 2019 hasta la llegada del Hardware 4, la versión más avanzada. En ese periodo, Tesla ofreció el paquete FSD por importes que llegaron a moverse entre 5.000 y 15.000 dólares.
El conflicto no es solo tecnológico. Es también reputacional: muchos clientes sienten que pagaron por una capacidad futura que ahora Tesla reconoce que su coche no puede alcanzar tal y como estaba previsto.
La solución de Musk: descuento o sustitución del hardware
El plan anunciado por Musk contempla dos posibles vías para los propietarios afectados: ofrecer un descuento para cambiar su vehículo por un modelo con Hardware 4 o permitir la sustitución del ordenador y las cámaras en los coches antiguos.
Pero esa segunda opción no parece sencilla. Musk reconoció que hacerlo en los centros de servicio habituales sería extremadamente lento y planteó la necesidad de crear microfactorías en grandes ciudades para realizar esas actualizaciones de forma más eficiente. No ofreció, sin embargo, un calendario claro para desplegar esa solución.
Los analistas ven una salida costosa
La propuesta no ha convencido a parte del mercado. Analistas de Truist calificaron la situación como una “capitulación” respecto al HW3 y señalaron que el plan de microfactorías parece caro y quizá poco razonable desde el punto de vista operativo.
Morgan Stanley también apuntó que los comentarios de Musk abren nuevas dudas sobre el valor del parque de vehículos de Tesla. Algunas estimaciones elevan a unos 3,5 millones los coches con HW3 en circulación, aunque solo una parte de ellos tendría contratado el paquete Full Self-Driving.
El malestar también crece en Europa
El problema no se limita a Estados Unidos. En Europa, varios clientes también compraron sus vehículos influidos por las promesas de conducción autónoma. La situación se ha vuelto más sensible después de que Países Bajos aprobara recientemente una versión del sistema, aparentemente limitada a los vehículos con hardware más moderno.
Un propietario neerlandés de un Model 3 Performance de 2019, que afirma haber pagado 6.400 euros por el paquete FSD, ha impulsado una iniciativa para reunir afectados de distintos países. Según los datos declarados en su web, miles de propietarios se habrían inscrito para explorar posibles acciones legales, aunque esas cifras no han sido verificadas de forma independiente.
Para Tesla, el riesgo es doble: asumir un coste técnico elevado o enfrentarse a una creciente presión legal y comercial de clientes que sienten que la compañía no ha cumplido lo prometido.
Un nuevo frente para la acción
La reacción bursátil tampoco fue positiva. Las acciones de Tesla cayeron alrededor de un 3,6% tras conocerse los detalles del plan. La compañía ya afronta otras demandas en distintos países relacionadas con sus afirmaciones sobre conducción autónoma, por lo que este asunto puede convertirse en un nuevo foco de presión.
El caso llega en un momento delicado para Tesla, que necesita convencer al mercado de que su apuesta por la autonomía, la inteligencia artificial y los robotaxis puede justificar su valoración. Pero para una parte de sus clientes más antiguos, la cuestión es más directa: pagaron por una promesa concreta y ahora esperan una compensación real, no solo una invitación a comprar otro coche.