Europa debe crear su propia narrativa ante los ataques de Trump
Philippe Waechter, economista jefe en Ostrum AM, affiliate de Natixis IM
Las relaciones entre Estados Unidos y Europa han cambiado radicalmente desde la llegada de Donald Trump al poder. Su deseo de aplicar aranceles del 50% es una prueba de ello.
Históricamente, los lazos entre las dos regiones pueden haberse parecido a lo que Mark Mazower escribió en el Financial Times este fin de semana: "...cada socio le debe mucho al otro y cada uno está acostumbrado a utilizar al otro como florete para reflexionar sobre su propia identidad y sus valores". Desde Tocqueville hasta estos últimos años, la historia de las relaciones se ha construido sobre la asociación.
Europa sigue adhiriéndose a un modelo que permitió la revolución industrial, la aceptación de identidades diversas y la confrontación de ideas en un marco que, desde los años de la posguerra, nunca ha desembocado en un conflicto armado. Esta dinámica de cooperación es única pero fructífera. Estados Unidos la aceptó durante mucho tiempo porque era la mejor manera de sustituir a un gobierno federal como el estadounidense.
Sin embargo, la historia ha cambiado. La visión de Washington ya no es la de una Europa aliada que aplique un marco institucional original.
Con Donald Trump, la percepción del mundo ha cambiado; se ha convertido en una especie de juego de suma cero. "Para que yo gane más, tú tienes que perder algo". Por eso Europa, demasiado diversa, coordinada y cooperativa, parece incompatible con la hostilidad a la cooperación de la administración Trump.
Aquí es donde entra en juego un reciente texto publicado por la administración estadounidense. Su propósito es indicar que la Europa tal como se presenta niega sus valores fundamentales y debilita la propia democracia. Europa debe, según el autor, valorar sus orígenes cristianos y llama a la construcción de una alianza civilizacional para transformar los sistemas políticos europeos en una serie de naciones cristianas como Hungría.
Para influir en la historia, Washington ha apoyado a partidos de extrema derecha como el AfD en Alemania y el PiS en Polonia. Esta ofensiva también está siendo impulsada por el lobby tecnológico, hostil a la regulación y la fiscalidad que pretende Bruselas. Washington ve en esta regulación de datos una ilustración de la pérdida de libertad de expresión en Europa, justificando así su ofensiva.
Dos observaciones sobre este ataque:
Europa siempre se ha definido por su diversidad, al igual que Estados Unidos. Esta es la dinámica de la Ilustración. Es esta diversidad histórica que he mencionado antes, y que no debe negarse bajo ninguna circunstancia, no sea que perdamos nuestra alma.
La segunda constatación es la ardiente obligación de los europeos de suscribir una narrativa propia. Este es el verdadero reto: conseguir inventar una narrativa que defina a Europa de forma autónoma. Europa tiene valores que defender. Debe pasar a la ofensiva para evitar el riesgo de ser desestabilizada.