Si los inversores globales dejan de amar las acciones estadounidenses, podría significar problemas para el dólar.

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Capitalbolsa | 26 feb, 2026 17:20
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Puntos clave
  • Los flujos hacia renta variable estadounidense son extraordinariamente altos, pero el mercado empieza a quedarse rezagado.
  • Si los inversores globales reducen su peso en EE. UU., podría producirse una combinación de salidas de capital y dólar más débil.
  • La prima de valoración y el impulso de beneficios se están desplazando a favor del resto del mundo, aunque EE. UU. mantiene un ROE superior.

Según el estratega macro de Deutsche Bank Tim Baker, la situación actual presenta una paradoja: los flujos hacia la renta variable estadounidense se encuentran cerca de máximos históricos, pero el mercado de EE. UU. está empezando a quedarse por detrás de otros índices globales. Si los inversores internacionales deciden reequilibrar sus carteras reduciendo exposición a EE. UU., el resultado podría ser un episodio de salidas netas de capital y presión bajista sobre el dólar, un patrón que ya se observó tras el estallido de la burbuja tecnológica de finales de los 90.

Flujos récord hacia EE. UU. y riesgo de giro

El análisis de Baker destaca que en el último año las entradas netas en renta variable estadounidense han alcanzado aproximadamente el 2% del PIB de EE. UU., una cifra calificada como “extraordinaria” en términos históricos. Ningún otro país del G-10 ha conseguido atraer volúmenes de capital similares. Pese a ello, la bolsa estadounidense ha comenzado a mostrar signos de infraponderación relativa frente al resto del mundo, algo que ya se aprecia en las comparaciones interanuales.

El estratega advierte de que, si esta infraponderación persiste, los grandes inversores globales podrían empezar a recortar su exposición a EE. UU. para reasignar capital hacia otros mercados desarrollados o emergentes. Ese movimiento implicaría un doble ajuste: caída de flujos hacia acciones estadounidenses y potencial debilidad del dólar, reproduciendo parcialmente la dinámica de la etapa posterior a la gran burbuja tecnológica.

En el episodio posterior al boom tecnológico de los 90, la combinación de menor apetito por acciones estadounidenses y reorientación hacia otros mercados coincidió con un periodo prolongado de dólar más débil. El informe de Deutsche Bank sugiere que, aunque el contexto actual no es idéntico, el riesgo de un patrón similar existe.

Valuaciones y beneficios favorecen al resto del mundo

Otro eje del argumento se centra en las valuaciones relativas y el impulso de beneficios. El informe recuerda que la prima de valoración de EE. UU. frente al resto del mundo alcanzó alrededor de un 70% en 2024, mientras que actualmente se sitúa cerca del 40%. Baker plantea la posibilidad de que esa prima pueda comprimirse hacia niveles más sostenibles, en torno al 20%.

Este ajuste vendría acompañado de una mejora del “resto del mundo”: los beneficios agregados ex EE. UU. habrían crecido en torno a un 14% en los últimos seis meses, reforzando el atractivo relativo de Europa, otros mercados desarrollados y algunas bolsas emergentes. Al mismo tiempo, se señala que una prima del 20% para EE. UU. seguiría siendo razonable, dado que las empresas estadounidenses mantienen un ROE medio en “high teens”, frente a un ROE de “low teens” para sus homólogas internacionales.

El equilibrio que plantea el estratega pasa por una normalización gradual de la prima de valoración estadounidense, acompañada de un mayor peso en carteras para aquellos mercados donde el binomio beneficios/valoración resulte más atractivo.

Capex en IA y posible presión sobre el dólar

Como factor adicional, el informe llama la atención sobre el capex récord que están acometiendo las grandes compañías estadounidenses ligadas a la inteligencia artificial. A juicio de Baker, todavía no está claro que estos gastos de capital se traduzcan en retornos elevados, y existe el riesgo de que terminen presionando las métricas de rentabilidad del mercado estadounidense.

En conjunto, el análisis sugiere que, si los inversores globales reducen progresivamente su “enamoramiento” por la renta variable de EE. UU. y reorientan parte de sus carteras hacia otros mercados, el resultado podría ser un entorno menos favorable para el dólar, con una divisa más débil y un liderazgo bursátil más repartido a nivel internacional.

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