“Todas las miradas del mercado en el déficit presupuestario de EE. UU. y el rumbo de su deuda”

Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 21 may, 2025 08:52
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La rebaja en la calificación crediticia de la deuda estadounidense ha supuesto un punto de inflexión en un entorno ya de por sí complejo para los mercados financieros.

Aunque esperada por buena parte de los analistas, la decisión de las agencias de rating ha provocado una reacción inmediata en el mercado de bonos y abre una serie de interrogantes que van mucho más allá de la volatilidad de corto plazo. No es simplemente una cuestión técnica; es una llamada de atención sobre el rumbo fiscal y económico de la primera potencia mundial.

El mercado comienza a cambiar el foco desde cuestiones meramente comerciales o arancelarias, hacia el escenario fiscal estadounidense. Este se torna especialmente relevante al valorar la sostenibilidad de la deuda. En efecto, el problema del déficit presupuestario se ha convertido en una preocupación estructural. Las alternativas que se manejan en caso de que no se aprueben reformas fiscales son poco alentadoras: bien subidas masivas de impuestos o bien una mayor emisión de deuda, en un momento en el que la capacidad de financiación comienza a mostrar síntomas de tensión.

Es verdad que el mercado había descontado en buena parte esta rebaja de rating, pero también lo es que el problema del endeudamiento público "no es relevante hasta que lo es". Es decir, hasta que se convierte en una barrera efectiva para seguir financiando el crecimiento o simplemente para seguir refinanciando la deuda existente.

Lo que está en juego no es solo la evolución de los títulos de deuda o la reacción inmediata de los inversores institucionales. Lo que se empieza a cuestionar es algo mucho más profundo: el llamado excepcionalismo estadounidense. Durante décadas, el bono del Tesoro de EE.UU. ha sido considerado el activo refugio por excelencia, un punto de anclaje en los momentos de mayor volatilidad global. Si esta percepción empieza a cambiar, el impacto estructural podría ser considerable.

Equilibrio técnico y macroeconómico en tiempos de incertidumbre

En paralelo, los índices bursátiles norteamericanos habían encadenado una racha de seis jornadas consecutivas al alza, impulsando al S&P 500 a las puertas de un mercado claramente alcista. Sin embargo, este impulso parece haber llegado a su techo temporal. Los niveles de sobrecompra son evidentes en prácticamente todos los índices, tanto en EE.UU. como en Europa. La corrección puede no ser inminente, pero la consolidación parece inevitable.

Esto no quiere decir que estemos a las puertas de una caída abrupta. Simplemente, el mercado necesita digerir los últimos avances, y este proceso se combina con un nivel técnico elevado y un trasfondo macroeconómico de gran incertidumbre. Será esencial observar si las compañías optan por mantener guías prudentes o si, por el contrario, se ven obligadas a revisar expectativas a la baja ante un escenario más restrictivo.

En términos macroeconómicos, el panorama es igualmente ambiguo. Si bien algunos datos recientes, como el PIB, han arrojado señales de ralentización, no hay evidencias concluyentes de una recesión inminente. Lo que sí resulta evidente es que el margen de acción de la Reserva Federal se reduce. La posibilidad de nuevas subidas de tipos de interés parece más limitada, pero tampoco puede descartarse un nuevo giro si la inflación no da tregua.

Este equilibrio delicado entre crecimiento, inflación y tipos de interés define el margen de maniobra de los bancos centrales. En este contexto, los inversores institucionales deben preguntarse qué tipo de Estados Unidos enfrentará la economía global en los próximos trimestres: uno que consigue reconducir su situación fiscal y retomar la senda del crecimiento sólido o uno atrapado en una dinámica de deuda creciente e incertidumbre estructural.

Los últimos resultados empresariales, aunque positivos en términos agregados, no permiten un optimismo desbordado. Empresas como Home Depot han reiterado previsiones gracias a un primer trimestre particularmente fuerte, pero esta situación podría no ser extrapolable al conjunto del mercado. De hecho, la tendencia dominante podría ser la de mantener una comunicación prudente, en un entorno marcado por la elevada incertidumbre.

Las compañías podrían optar por "pecar de prudentes" y ofrecer previsiones conservadoras, para luego sorprender al alza si el contexto mejora. Esta estrategia resulta comprensible en un escenario en el que la guerra comercial sigue latente y la volatilidad política en Washington añade capas adicionales de complejidad.

La rebaja de la calificación de la deuda de EE.UU. no es una sentencia, pero sí una advertencia. Una advertencia sobre los límites de la sostenibilidad fiscal incluso para economías del tamaño de la estadounidense. También sobre la necesidad de un ajuste estructural que no puede aplazarse indefinidamente sin consecuencias.

El mercado ha reaccionado con contención, pero la lectura de fondo es mucho más relevante que el movimiento táctico. Los inversores institucionales, en particular, deben reevaluar el papel del bono estadounidense como refugio, así como la capacidad del sistema político para responder a los desafíos fiscales y económicos con eficacia.

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